1 Juan 1:8
Día 3
Devocional escrito por Cristina Remus de Medina Celis
1 Juan 1:8
Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad
no está en nosotros.
Creer
que no tenemos pecados y vivir la vida como si fuésemos dechados de virtud, es
ser peor que un mentiroso.
Cuando
alguien dice que no tiene pecado en su vida revela que no hay nada de verdad en
él.
ES DECIR, NO ESTÁ ENGAÑANDO A NADIE MÁS, SINO QUE SE ESTÁ ENGAÑANDO A SÍ MISMO.
Quien crea haber alcanzado ese estado de perfección, como decía un buen siervo de Dios, “Está más perdido Judas”.
Ø El Único Perfecto es Dios. No podemos ponernos a Su Altura.
Ø Es imposible alcanzar la perfección en esta vida.
El
Apóstol Juan, no solo nos habla de cuán importante es reconocer nuestros
pecados, sino también confesarlos.
1 Juan 1:9
Si confesamos nuestros pecados, Él es Justo y Fiel para perdonar nuestros
pecados y limpiarnos de toda maldad.
Hay
que reconocer los pecados y buscar el perdón y la purificación de Dios, con el
fin de:
1.
El ser perdonados nos reconcilia con Dios
2.
Al ser purificados, erradica la culpa y la
destrucción del poder del pecado a fin de vivir una vida en santidad.
Quien
no confiese su pecado al Señor Jesucristo, jamás alcanzará el perdón de sus
pecados.
De
hecho en La Biblia tenemos la Parábola del Fariseo y el Publicano, donde claramente
vemos este principio espiritual donde solo el que reconoce su maldad y la
confiesa será justificado.
Lucas
18:9-14- A unos que confiaban en sí mismos como justos y despreciaban a los
otros dijo también esta parábola; 10 Dos hombres subieron al templo
a orar; uno era fariseo y el otro publicano. 11 El fariseo, puesto
en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios te doy gracias porque no soy
como los otros
hombres,
ladrones, injustos, adúlteros, ni aún como este publicano; 12ayuno
dos veces a la semana, doy diezmo de todo lo que gano. 13Más el
publicano, estando lejos, no quería aún levantar los ojos al cielo, sino que se
golpeaba el pecho, diciendo: Dios sé propicio a mí, pecador. 14Os
digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera
que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.
El
Fariseo no fue al templo a orar a Dios, sino para decir a todos los que le
podían oír cuán bueno era él.
El
Fariseo representa a todos aquellos que creen en sus propias justicias y no
tienen necesidad de confesar sus pecados, porque creen que no los tienen.
En
cambio el publicano, reconoció y confesó su pecado con un corazón contrito y
humillado, y pidió misericordia.
Jesús dijo que éste volvió a su casa justificado (perdonado), halló Gracia ante los Ojos de Dios.
Ø Creerse justo por mérito propio es peligroso porque conduce al orgullo, lleva a menospreciar a otros e impide aprender más de Dios.
El
pecado nos separa de Dios, ningún pecado por pequeño que sea, se puede
justificar delante de Dios.
Él
es tres veces Santo y es Luz y no hay ningunas tinieblas en Él.
1 Juan 1:10
Si decimos que no tenemos pecado, le hacemos a Él mentiroso, y su palabra no
está en nosotros.
Todos somos pecadores
por naturaleza y por obra.
Al convertirnos a
Cristo, todos nuestros pecados pasados, presentes y futuros son perdonados.
Más aún después de llegar
a ser cristianos, todavía pecamos y debemos confesar.
Esa clase de
confesión no es ganar la aceptación de Dios sino quitar la barrera de comunión
que nuestro pecado ha puesto entre nosotros y Él.
No debemos temer
revelar nuestros pecados a Dios, Él ya los conoce.
Seamos humildes y
sinceros y reconozcamos nuestras debilidades.
Él no nos apartará,
por el contrario, apartará nuestro pecado y nos atraerá hacia sí.
1 Juan 2: 1-3 Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogados tenemos para con el padre, a Jesucristo el justo. 2 y Él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo. 3Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos.
AMÉN SEÑOR JESÚS.