Jueves, 20 de Marzo del 2025

1 Samuel 1:17

Día 20

Devocional escrito por Cristian Remus de Medina Celis 

1 Samuel 1:17 … El Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho.


En este primer libro de Samuel nos encontramos con la historia de Ana, una mujer que había sido estéril por muchos años y no se dio por vencida.


Ana estaba casada con Elcana, quien también tenía una segunda esposa llamada Penina.

Penina ya le había dado varios hijos a Elcana y Ana ninguno, ella había estado esperando un hijo por años y no quedaba embarazada.


Aunque Elcana, su esposo la amaba profundamente y se lo demostraba con acciones, (Vss 4-5) 

Ana se sentía vacía y amargada por dentro.

Y para peor, su rival, Penina, se lo recordaba a diario con burlas y palabras hirientes.

No podía dejar de escuchar las burlas de Penina y permitía que sus palabras desgastaran aún más su auto estima


Así transcurrieron los años para Ana, hasta que un día, como todos los años, Elcana subió a Silo para adorar a Dios y ofrecer sacrificios en el Templo.


Ese año Ana tampoco pudo disfrutar de las ceremonias a causa de su tristeza y las burlas de Penina, que se potenciaban ya que parte de las ofrendas que su esposo ofrecía era por la bendición de los frutos del vientre de una de sus mujeres. 


En el tiempo del Antiguo Testamento una mujer estéril era considerada una fracasada, su esterilidad era una vergüenza social para su esposo, entre otras cosas…


Tanto era su tristeza, que se levantó y fue al altar y se postró de rodillas y oró a Dios.

Sus lágrimas corrían por sus mejillas y en medio del dolor de su alma solo sus labios se movían sin emitir palabras, prometió a Dios que si Él le concedía un hijo ella se lo dedicaría toda su vida.


El Sacerdote Elí la encontró allí, y malinterpretando su oración pensó que estaba borracha y le dijo;

“¿Hasta cuándo estarás ebria? Digiere tu vino.” Vs 14


Pero Ana le respondió 

“... No, señor mío; yo soy una mujer atribulada de espíritu; no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová.

No tengas a tu sierva por una mujer impía, porque por la magnitud de mis congojas y de mi aflicción he hablado hasta ahora.” Vss 14-15


Aclarado el mal entendido, fue entonces que Elí le dijo a Ana:

“Ve en paz el Dios de Israel te conceda la petición que le has hecho.” Vs 17


¿QUÉ ENSEÑANZA NOS DEJA LA HISTORIA DE ANA?


  1. La importancia de confiar en Dios.


A pesar de la sensación de fracaso e inutilidad que Ana sentía, no se dio por vencida, tomó la mejor decisión:

Buscó a Dios, habló con Él, y dejó lo imposible para ella en las manos de Dios. 

Ana decidió y confió en que Él podía hacer lo imposible.


Esto también aplica a nuestras vidas, especialmente cuando todo a nuestro alrededor parece estar en contra, o patas para arriba.

Nos enseña que en vez de dar manotazos de ahogados y querer resolver las cosas con nuestro intelecto, o sumergirnos en la amargura, debemos acudir a Dios en oración y pedir que nos muestre el camino a seguir.

¡Cuando no sabemos qué hacer, Dios sí sabe qué hacer!


  1. Nos enseña a poner todos nuestros sentidos en oración.


Oración con el entendimiento.

Dios toma muy en serio nuestras promesas y espera que las cumplamos.

Ana puso su corazón en su oración. Anhelaba más que nada un hijo de su vientre y estuvo dispuesta a hacer un trato con Dios.


"E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza." Vs 11


Dios, quien todo lo ve, vio su sinceridad y compromiso y aceptó su promesa. Y le concedió ese hijo tan anhelado.

"Aconteció que al cumplirse el tiempo, después de haber concebido Ana, dio a luz un hijo, y le puso por nombre Samuel, diciendo: Por cuanto lo pedí a Jehová." Vs 20.


Ana cumplió con su parte y a pesar de haber sido muy doloroso, nos dice mucho de ella.

"Después que lo hubo destetado, lo llevó consigo, con tres becerros, un efa de harina, y una vasija de vino, y lo trajo a la casa de Jehová en Silo; y el niño era pequeño. 25 Y matando el becerro, trajeron el niño a Elí. 25 Y ella dijo: ¡Oh señor mío! Vive tu alma, señor mío, yo soy aquella mujer que estuvo aquí junto a ti orando a Jehová. 27 Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí. 28 Yo, pues, lo dedico también a Jehová; todos los días que viva, será de Jehová. Y adoró allì a Jehová." Vvs 24-28


Dios premió la fe y la fidelidad de Ana y no la dejó con los brazos vacíos. 

Le dio una familia numerosa: tres hijos varones y dos mujeres. (1 Samuel 2:21)

La oración de Ana nos anima a

  • correr a Dios con sinceridad,
  • a que abramos nuestro corazón
  • y a creer que Él nos oye.

La oración es una parte vital de nuestra vida, y puede ayudarnos a superar cualquier dificultad, ya sean grandes o pequeñas.

Así debemos orar no sólo para resolver nuestros problemas sino para contactarnos con Dios entregándole nuestros miedos y preocupaciones.


Como creyentes, debemos tener fe en que Dios nos escucha y trabaja en nuestras vidas para nuestro bien.

Si confiamos en Él y lo buscamos a través de la oración con todo nuestro corazón, Él nos responderá a Su Tiempo.


  1. A no perder la esperanza..

Ana fue genuina, cada palabra que clamaba su corazón era sincera, cada frase era una entrega, una esperanza y un anhelo a Dios.

  • …”Si te dignares”…
  • …”Si te acordares”…
  • …”Y no te olvidares”…

La historia de Ana nos enseña que nada está perdido, que incluso ante las noticias más desalentadoras, un corazón con fe y esperanza puede abrir las Puertas del Cielo.

SOLO DEBEMOS HABLAR CON DIOS DESDE LO MÁS PROFUNDO DE NUESTRO SER, CONFIANDO EN SU BONDAD Y AMOR INCONDICIONAL.

¡Dios les siga Bendiciendo!