1 Samuel 3:9
Día 16 Devocional escrito por Cirilo Maciel 1 Samuel 3:9…Habla, Jehová, porque tu siervo oye… Este Libro nos introduce a la historia de Samuel, un joven que vivía en el Templo, aprendiendo cómo servir a Dios. En una ocasión, Dios lo llamó a la medianoche por su nombre, pero él no sabía que era La Voz del Señor. Pensando que era el Sacerdote Elí, se despertó y se levantó, preguntándole a él si lo había llamado. El sacerdote Elí le dijo que no lo había llamado y que se fuese a acostar. 1 Samuel 3: 6-9 Y Jehová volvió a llamar otra vez a Samuel. Y levantándose Samuel, vino a Elí y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Y él dijo: Hijo mío, yo no he llamado; vuelve y acuéstate. 7 Y Samuel no había conocido aún a Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada. 8 Jehová, pues, llamó la tercera vez a Samuel. Y él se levantó y vino a Elí, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Entonces entendió Elí que Jehová llamaba al joven. 9 Y dijo Elí a Samuel: Ve y acuéstate; y si te llamare, dirás: Habla, Jehová, porque tu siervo oye. Así se fue Samuel, y se acostó en su lugar. En nuestra vida diaria, muchas veces estamos concentrados en cómo emprender nuestro día, en las muchas responsabilidades que tenemos y, a veces, las preocupaciones nos afligen tanto que no podemos distinguir La Voz de Dios. Así como Samuel, debemos tener disposición y oídos receptivos para escuchar Su voz, con un corazón obediente a Su Palabra. Juan 10:27 Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen. 1 Samuel 3:10 Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye. Este versículo nos instruye sobre cómo escuchar La Voz de Dios en nuestra vida o cómo podemos buscarlo. También nos enseña cuán importante es estar atentos a Su voz. Cuando Samuel dormía en el Templo, él podía escuchar La Voz de Dios con claridad. Si nosotros dedicamos tiempo a la oración y a la lectura de Su Palabra, estaremos en constante comunión con nuestro Creador. Romanos 10:17 Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios. Salmos 33:6 Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, Y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca. Esto es un llamado a escuchar La Voz de Dios. Así como Samuel, nosotros, como creyentes, tenemos que pedirle que Él nos hable. Escuchar a Dios es lo más lindo que nosotros podemos tener. Es como un abrazo en ese momento justo. Y cuando Dios nos habla, nosotros sabemos que ¡ÉL JAMÁS MIENTE! El no nos dice una cosa por otra, porque es SANTO. ¡En Jesús no hay mentiras! ¡Qué lindo poder tener a alguien así habitando en nuestro ser…! ¿Cómo podemos escuchar La Voz de Dios? Dios nos puede hablar de diversas maneras: A través de la oración. A través de sueños. A través de La Biblia. A través de acontecimientos y procesos. A través de las personas que nos rodean. A través de sentimientos apacibles del Espíritu como calidez, paz y gozo. Mateo 13:9: El que tenga oídos, que oiga. Mateo 13:16: Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. Éxodo 3:14: Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros. Proverbios 5:7: Ahora pues, hijos, oídme, Y no os apartéis de las razones de mi boca. Apocalipsis 3:20: He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Que este versículo nos inspire a estar atentos a Su Voz, a silenciar el ruido del mundo y a abrir nuestro corazón con humildad y disposición. No importa nuestra edad, nuestra experiencia o nuestras dudas: Dios nos llama con Amor y Propósito. No es difícil ni imposible, solo es cuestión de ponerlo en práctica, así como el profeta Samuel dijo: “Heme aquí”. Que cada día podamos decir con fe y entrega: “Habla, Señor, que tu siervo escucha” Y que Su Palabra transforme nuestras vidas.