Miércoles, 2 de Octubre del 2024

1 Tesalonicenses 4:13

Día 2

Devocional escrito  por Mónica  Marchi de Massera

1 Tesalonicenses 4:13… No os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.

 

El Apóstol Pablo es reconocido por sus innumerables viajes misioneros y por la gran cantidad de cartas (epístolas) que escribió a los cristianos de todos los lugares que fue visitando y recorriendo.

En cada viaje que realizaba, fundaba una o varias Iglesias.

Y cuando retornaba de esos viajes, siempre estaba atento y al tanto de lo que acontecía con esas vidas que había conocido.

 

Esta es la primera de sus Cartas, y fue escrita desde Corinto a los Hermanos de Tesalónica.

En ella expresa, entre otras cuestiones, el consuelo a los Hermanos por los que habían dormido en El Señor y sobre la Segunda Venida de Cristo.

Ø Recordemos que Pablo utiliza la palabra “dormido” para referirse a aquellas personas que han fallecido en El Señor.


Esta expresión también la vemos en varias oportunidades a lo largo de toda La Escritura.

Aquí Pablo nos llama a no entristecernos por los que han partido con El Señor antes que nosotros.

¿Y por qué es esto? ¡Será que no nos tiene que doler la partida de nuestros Amados? ¡De ninguna manera!

Veamos y analicemos el texto completo y el contexto:

 

1Tesalonicenses 4:13-18 Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. 14 Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. 15 Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. 16 Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. 17 Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. 18 Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.

 

Podemos ver claramente que Pablo no sólo nos pide que no nos entristezcamos, sino que con este pedido nos regala una hermosa Promesa:

Cuando venga el Señor por Su Iglesia, los que estemos vivos nos reuniremos con nuestros seres queridos que han partido previamente y estaremos con ellos por la eternidad.

Esto sí que es un consuelo para nuestro corazón ¿Verdad ?

 

Notemos aquí un punto muy importante: la diferencia que destaca el Apóstol Pablo entre “los que duermen en Cristo” y “los otros que no tienen esperanza.”

Ø Nosotros tenemos la plena y absoluta Esperanza de la Resurrección de los muertos en Cristo; esa es la esperanza que nos guía...


Y Pablo resalta muy bien esto: “no queremos que ignoréis esto...”

O sea, no podemos ignorarlo; es nuestra responsabilidad saber esta Verdad Irrefutable.

 

Y yo creo que aquí es dónde radica y se fundamenta nuestra esperanza:

Ø Estar EN CRISTO; y es lo que nos diferencia del resto de las personas.

 

Seguramente todos hemos sufrido pérdidas importantes: padres, hermanos, hijos, esposos, amigos...

Siempre estas pérdidas nos producen dolor, tristeza, angustia...

¡Pero qué diferente es cuando sabemos que la persona que partió “duerme en Cristo” !

 

Por supuesto que estaremos tristes y con dolor en el corazón (cada uno lo procesará a su manera, y en el tiempo que Dios disponga); pero, al saber que un día nos reencontraremos con ellos, ese dolor y esa tristeza se transforman en esperanza y alegría.

Por esto es que Pablo nos llama a alentarnos los Unos a los Otros con estas Palabras. (v18)

 

1Corintios 15:12-19  Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿ cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? 13 Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. 14 Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. 15 Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. 16 Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; 17 y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. 18 Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. 19 Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres.

 

Se ha discutido mucho sobre la resurrección de los muertos.

Ø Pablo insiste en este tema nuevamente en esta carta a los Corintios, y nos vuelve a demostrar que la Resurrección de Cristo y la de los que durmieron en Èl están íntimamente relacionadas.

Ø sea, una es consecuencia de la otra; y la una es el resultado de la otra.

¡Esto es indiscutible, como dice el Apóstol !

 

1 Corintios 15:51-54  He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, 52 en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. 53 Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. 54 Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.

 

Aquí Pablo nos recuerda y aclara cómo serán los últimos tiempos, son hechos que necesariamente deben ocurrir: sí o sí van a ocurrir.

 

Ahora bien, cuando Pablo nos dice que “sorbida es la muerte en victoria”, se refiere a que, efectivamente, la muerte será vencida, será devorada por la victoria de Cristo, aquí veremos cumplida fielmente la Palabra de Dios.

 

Y para poder llegar a ese momento, Pablo nos insta a que continuemos creciendo en la fe, caminando con Cristo y esperando Su Venida con gozo y alegría.

 

Notemos que el Apóstol dice que seremos transformados, porque la carne no puede heredar inmortalidad.

Este cuerpo corruptible que tenemos, que se duele, se enferma, se lastima, envejece y se va deteriorando con el tiempo, debe ser irremediablemente transformado para poder lograr la eternidad en Cristo.

El Señor nos proveerá de un cuerpo totalmente distinto: incorruptible, inmutable, eterno...


Así que, Hermanos, sigamos los consejos del Apóstol Pablo: que la tristeza por la pérdida de un ser querido no nos detenga en nuestro caminar con Cristo, sino que se transforme en esperanza, gozo y la plena seguridad de un reencuentro en el Cielo, en la Presencia de Dios.

¡Dios los Bendiga!