2 Corintios 7:1
Día 28
Devocional escrito por Mónica
Marchi de Massera
2 Corintios 7:1
…Limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu…
En esta Segunda Carta que el Apóstol Pablo les escribe a los creyentes de Corinto, podemos apreciar el llamado a vivir una vida pura, santa, perfecta; motivada por el Amor y las Promesas de Dios.
Veamos el versículo completo:
2 Corintios 7:1 Así que,
amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de
carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.
Ahora, analicemos el contexto:
·
“Tales
promesas”:
Se refiere a la promesa de Dios de
morar en medio de su Pueblo y ser Su Padre.
·
“Limpieza”:
Implica apartarse del pecado tanto
en las acciones físicas (la carne) como en los pensamientos o actitudes (el
espíritu)
·
“Perfeccionar
la santidad”:
Es un proceso continuo y activo de
consagración a Dios, guiado por un respeto y reverencia profunda hacia Él (el
temor de Dios)
Podemos observar que Pablo usa un
tono afectuoso (“amados”) para recordar que la
vida en santidad no es una carga pesada, sino una respuesta gozosa a las
Promesas Redentoras de Dios, como
el perdón, la Salvación Eterna y que el Espíritu Santo more en cada creyente.
El hecho de “limpiarnos de toda contaminación” se refiere a una purificación
integral de la persona.
La “carne” abarca
las acciones, los hábitos y los deseos físicos impuros.
Mientras que el “espíritu” involucra el mundo interior: pensamientos, actitudes,
motivaciones y emociones.
El perfeccionar la
santidad en el temor de Dios indica un
proceso que nos lleva toda la vida; es un crecimiento constante y continuo en
la semejanza a Cristo.
“El temor de Dios” no es terror, sino un respeto reverente que motiva la obediencia y evita
el pecado.
Ya en el final del Capítulo 6 de 2 de Corintios, podemos ver cómo Pablo va introduciendo en los corintios el llamamiento a la santidad y la pureza de vida.
2 Corintios 6:14-18 No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? 15 ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? 16 ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo. 17 Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré, 18 Y seré para vosotros por Padre, Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.
Este llamamiento a la santidad no es extraño de ver en la Palabra de Dios, al contrario, podemos verlo en varios pasajes de la Escritura:
1 Pedro 1:14-16 como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia;15 sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; 16 porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.
1 Juan 1:5-7 Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. 6 Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; 7 pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado.
Mateo 5:48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.
Ø Este llamamiento a la Santidad y a la Perfección en Cristo es un
objetivo, una meta a lograr.
Pero esto es algo que humanamente
no podemos conseguir; sino solamente a través de Jesucristo:
Hebreos 10:10-14 En esa
voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha
una vez y para siempre. 11 Y ciertamente todo sacerdote está día tras día
ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden
quitar los pecados; 12 pero Cristo, habiendo ofrecido una vez y para siempre un
solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, 13 de ahí
en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus
pies; 14 porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los
santificados.
Ø Su Poder nos perfecciona:
2 Corintios 12:9 Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.
Ø Su Gracia nos perfecciona:
1 Pedro 5:10 Mas el Dios
de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que
hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca
y establezca.
El mismo Señor Jesús nos
perfecciona, nos refina y purifica constantemente.
Él nos mejora, nos ajusta, nos
pule…
Últimamente hemos estado aprendiendo por Su Palabra que, para ser santos, debemos ser perfectos.
Para ello, debemos ser
perfeccionados en Su Gracia.
Ø No hay santidad si no hay perfección.
Por eso, Hermanos, El Señor nos
está llamando a Santidad.
No pensemos en ello como en algo inaccesible.
Si nos acercamos a Cristo, lo buscamos, le pedimos Su Ayuda, Él
nos guiará en este proceso de purificación personal e integral (espíritu, alma,
cuerpo).
Ø Nunca lo olvidemos: la Santidad es la suma de la pureza, la justicia y
la perfección.
Ser santos es un Mandato de Dios; pero, a la vez, es Él Quien nos santifica; nos ayuda a lograr la santidad a través de Su Palabra:
Levítico 20:7-8
Santificaos, pues, y sed santos, porque yo Jehová soy vuestro Dios. Y guardad
mis estatutos, y ponedlos por obra. Yo Jehová que os santifico.
Como hemos sido creados a Imagen y Semejanza de Dios, al ser santos, estamos reflejando el Carácter de Dios; esto es lo que los demás deben ver en cada uno de nosotros.
El obtener y lograr la santidad debe ser un deseo en la vida de cada creyente, ya que cuando anhelamos ser santos experimentamos:
·
Purificación de pecados
·
Comunión con Dios
·
Claridad de pensar,
decidir y elegir como Dios lo haría.
Esto significa que debemos elegir
una vida que agrade a Dios y se dedique a andar en Su Voluntad:
1 Tesalonicenses 4:3
…pues la voluntad de Dios es vuestra santificación…
Ø Debemos apartarnos de todo lo que sea contrario a Jesucristo.
Ø la santificación y perfección que Dios espera de nosotros, no podremos
lograrla de un día para otro ni con nuestras propias fuerzas.
Ø Es un proceso que nos llevará toda la vida y sólo lo lograremos con la Ayuda
del Espíritu Santo y una voluntad firme y férrea.
Amados Hermanos, cada día es un
paso más adelante en este camino a la perfección y santidad que Dios nos
demanda para lograr la tan ansiada Salvación de nuestra alma.
¡Por eso, a no desmayar!
¡Con Su Ayuda lograremos limpiar y
purificar nuestra vida, día a día!
¡¡¡Dios les Bendiga!!!