2 Reyes 2:21
Día 11
Devocional escrito por Mónica
Marchi de Massera
2 Reyes 2:21 … Yo sané
estas aguas, y no habrá más en ellas muerte ni enfermedad.
Los Libros de 1° y 2° de Reyes son de autoría anónima, compilados por un editor desconocido durante el exilio de Babilonia, posiblemente basándose en registros históricos antiguos.
Aunque la tradición judía atribuye la escritura al Profeta Jeremías, no existe evidencia bíblica definitiva que lo confirme, siendo más probable una recopilación realizada por algún profeta o escriba.
El Segundo Libro de Reyes continúa la historia de los reinos de Judá e Israel hasta las cautividades, entre otros temas.
Este Libro enseña una importante lección de vida: las acciones tienen consecuencias.
“¡Arrepiéntanse! El pecado trae
juicio”, advirtió Dios con firmeza a través de los profetas.
Israel y Judá aprendieron a las
malas que Dios siempre habla en serio.
El capítulo 2 trata sobre Elías y Eliseo.
Vv 1-11: Elías
es trasladado
Vv 12-13: Eliseo recibe el Espíritu que estaba sobre Elías.
Vv 14-18: La fe de Eliseo para usar el poder que ha recibido.
Vv 19-22: El milagro de Eliseo.
Vv 23-25: Condenación de la irreverencia.
Analicemos el contexto:
2 Reyes 2:19-22 Y los hombres
de la ciudad dijeron a Eliseo: He aquí, el lugar en donde está colocada esta
ciudad es bueno, como mi señor ve; mas las aguas son malas, y la tierra es
estéril. 20 Entonces él dijo: Traedme una vasija nueva, y poned en
ella sal. Y se la trajeron. 21 Y saliendo él a los manantiales de las
aguas, echó dentro la sal, y dijo: Así ha dicho Jehová: Yo sané estas aguas, y
no habrá más en ellas muerte ni enfermedad. 22 Y fueron sanas las
aguas hasta hoy, conforme a la palabra que habló Eliseo.
La
ciudad dependía en gran manera de su fuente de agua para sobrevivir.
Eliseo
usa sal para sanar las aguas con el Poder de Dios, declarando: Así ha dicho Jehová: Yo sané estas aguas, y no habrá más en
ellas muerte ni enfermedad
Pero
¿Qué significa “purificar las aguas?”
¿Cuántas veces hemos tenido que enfrentar algún problema o dificultad que parecía no tener solución?
Quizás fue algo que modificó o cambió la perspectiva de cómo veíamos las cosas o la realidad que nos rodea, como el agua amarga con la que se encontró Eliseo en la ciudad de Jericó.
Aquí podemos apreciar una historia transformadora que brinda esperanza y nos revela cómo un simple acto de fe puede purificar y renovar cualquier situación.
Veamos: Eliseo, el Profeta de Dios, se encuentra en Jericó, una ciudad plagada de agua no potable.
La gente necesita una solución, pues
esta agua afecta su tierra, su salud y su futuro.
·
El problema: Las aguas
de Jericó no eran saludables.
· El contexto: La ciudad dependía en gran manera de su fuente de agua para sobrevivir.
·
El milagro: Eliseo usa
sal para sanar las aguas con el Poder de Dios, declarando que nunca más habría
allí muerte o enfermedad.
Este pasaje nos demuestra, no sólo una transformación milagrosa, sino que también pone de manifiesto la Poderosa Intervención Divina.
Ø Las acciones de Eliseo nos recuerdan que incluso las herramientas más
sencillas, combinadas con una fe profunda, pueden conducir a un cambio
extraordinario.
¿Pero, por qué la sal?
En tiempos bíblicos, la sal era
símbolo de pureza y preservación, y aquí lo podemos apreciar.
·
Purificación: Así como
la sal purifica, también la Palabra de Dios purifica y limpia nuestros
corazones.
·
Preservación: La sal
conserva, resaltando las Firmes Promesas de Dios para una vida rejuvenecida.
Este milagro va más allá de la sanación física: es un testimonio de la capacidad restauradora de la fe y la obediencia a Dios.
Considera cómo el Poder de la
Palabra de Dios puede sanar y restaurar áreas de nuestra vida que parecen
amargadas o estériles.
Pensemos, entonces, en alguna ocasión en la que tuvimos que enfrentar situaciones que parecían desesperadas o que no le veíamos salida o solución favorable.
¿Pudimos ver la resolución usando la fe y confianza en nuestro Señor? ¿Qué recursos nos dio Dios para afrontar y enfrentar la amargura que estamos viviendo?
Si nos ponemos a “hilar fino”, no podemos negar que siempre Dios ha llegado a tiempo, y que esa situación que parecía tan terrible o extrema se resolvió satisfactoriamente.
En lo personal, lo he experimentado innumerables veces, a lo largo de mi vida; y estoy segura de que muchos de Ustedes, también.
Ahora bien, ¿Cómo puede este ejemplo de Eliseo influir en nuestra manera de afrontar los desafíos que tenemos delante?
Pensemos y reflexionemos en algún área de nuestra vida que necesite transformación.
¿Hemos considerado entregarle nuestras cargas, problemas, situaciones adversas al Señor con fe verdadera y genuina?
Amados Hermanos, no dudemos nunca en buscar la solución a la amargura que estemos pasando, en Las Manos de Dios.
Él siempre tiene la salida perfecta
a lo que nos esté aconteciendo: esa sal que quita lo amargo del agua está al
alcance de nuestra mano.
¡¡¡Sólo busquemos la Presencia de
Dios y acerquémonos a Él con fe y confianza!!!
¡¡¡Dios les Bendiga!!!