Jueves, 21 de Diciembre del 2023

2 Timoteo 2:19

                                                                                                                                                                         Día 21

2 Timoteo 2:19…Conoce el Señor a los que son suyos...


Los hombres pueden ser engañados por las apariencias, pero a Dios nunca le ocurre esto.

Él tiene un conocimiento infalible que penetra hasta el fondo del corazón.

Este conocimiento íntimo que el Señor tiene de los suyos garantiza su seguridad eterna:

 

  • Dios conoce a los que son suyos

En ocasiones he escuchado a muchas personas decir e incluso en alguna oportunidad cuando no conocía de Cristo, yo también llegué a decirlo: “Es mi vida y yo hago con ella lo que quiera”, seguramente Usted también lo ha dicho…

Qué equivocados estamos al decir eso… Las personas confundimos mucho las cosas y pensamos que porque Dios nos ha dado libre albedrío podemos hacer lo que se nos venga en gana y no es así.

Los Hijos de Dios fuimos comprados a través del Sacrificio de Cristo, a Precio de Su Preciosa Sangre.

1 Pedro 1:18-19 sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, 19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación,

En temporadas de duras pruebas recuerdo orar al Señor y tener la convicción de que me recordaba que mi vida estaba en Sus Manos porque era suya…el enemigo no podría hacer nada sobre mi vida que Dios, El Dueño, no le permitiera… es como que en nuestro pecho tenemos un cartel que dice Soy de Cristo, quizás en el plano físico algunos no lo perciban, pero en el plano espiritual, es bien notable y marca un límite de respeto.

Debemos tener la seguridad de que somos propiedad de Dios, nuestra vida le pertenece.

Como Jesús nos ha comprado con Su Sangre, debemos reconocer que ya no tenemos el control de nuestras vidas.

Apocalipsis 1:5 y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,

Hemos sido comprados y ahora estamos bajo el Señorío de nuestro nuevo Dueño.

1 Corintios 7:23Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres 

1 Corintios 6:19-20 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? 20 Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.

 

  • Dios conoce sus ovejas

Juan 10:27-28  Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, 28y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

Él es nuestro Buen Pastor, y nosotros somos Sus Ovejas.

El ser Oveja de Su Redil, garantiza reconocer la Voz del Pastor.

Una Voz que nos llama por nuestro nombre

Juan 10:3… y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre…

El Señor nos llama por nuestro nombre porque nos ama. 

La Biblia nos advierte que también hay otras voces que no debemos seguir: las de los extraños, ladrones y salteadores que quieren el mal de las ovejas.  

¿Cómo podemos reconocerlas, cómo podemos distinguir la inspiración de Dios de la sugerencia del maligno? Así como sabemos distinguir un idioma de otro, también podemos distinguir la Voz de Dios y la voz del tentador: hablan dos idiomas diferentes, es decir, tienen formas opuestas de llegar a nuestro corazón. 

La voz de Dios nunca obliga: Dios propone, no se impone. 

En cambio, la voz maligna seduce, asalta, hace fuerza: despierta ilusiones deslumbrantes, emociones tentadoras, pero pasajeras. Al principio halaga, nos hace creer que somos todopoderosos, pero luego nos deja vacíos por dentro y nos acusa: “No vales nada”.

La Voz de Dios, en cambio, nos corrige con paciencia, y siempre nos anima y nos consuela, nos alimenta la esperanza constantemente.

La Voz de Dios tiene un horizonte; en cambio, la del maligno nos pone contra la pared, nos arrincona.

 

El niño conoce  la voz de su padre y de su madre, que podrá identificar aún en la oscuridad. Si escucha otra voz en la noche, es probable que se asuste y huya; mas si es la de sus padres les abrazará.

Así también los cristianos: estamos acostumbrados a la cariñosa Voz del Padre Celestial.

Conocemos la manera de pensar, sentir, actuar y sobre todo la manera de amar de nuestro Buen Dios.

Así es que cuando escuchamos palabras o pensamientos disonantes con su modo, debemos escapar, salir huyendo.

Indudablemente Usted conoce la Voz de nuestro Dios y no puedes ser engañado.

Ya lo dijo el Buen Pastor: va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.

La clave para no seguir esas voces extrañas es conocer al Pastor, así como Él nos conoce a nosotros, en profundidad.

Dice su Palabra que a sus ovejas llama por nombre, y las saca.

 

  •  Dios conoce a los que le aman

1 Corintios 8:3 Pero si alguno ama a Dios, es conocido por él.

Somos Ovejas, amamos a nuestro Pastor.

Somos Hijos, amamos al Padre,

Somos creyentes, amamos a nuestro Dios.


El Apóstol dice que el cristiano, Hijo de Dios, que persiste habitualmente en el acto de guardar los mandamientos de Dios, prueba así que tiene Amor a Dios.

El que no está guardando de continuo sus mandamientos, no le ama, a pesar de que lo proclama de labios.

1 Juan 5:3 Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos.

Aquí la frase guardar sus mandamientos apunta a una característica de vida. Vivimos conforme sus leyes y mandamientos. No uno o dos días a la semana, o cuando estamos en la Iglesia,  es nuestra forma de vida.

Y sus mandamientos no son gravosos.  Sus leyes no son una carga, como mucha gente cree, sino un deleitoso camino de vida que finalmente produce todo lo bueno que realmente queremos en esta vida, buenas relaciones, paz y gozo verdadero.


Es un gran privilegio guardarlos y gozar de la Vida Eterna.

Es una carga ligera obedecer a Dios,  Quien nos salvó eternamente, y que no merecíamos tanto amor.

Nuestra fe en Jesucristo hace que no sean gravosos los Mandamientos de Dios, porque por esta fe vencemos al mundo, a todo lo que el diablo ofrece para que nos alejemos del Señor..

Si no tuviéramos esta fe, seríamos oprimidos por la mundanalidad y nos serían muy gravosos Sus Mandamientos.

 

  • Hay creyentes a los que el Señor dirá que nunca los conoció:

Mateo 7:21-23 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 22Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? 23Y entonces les declararé: nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.

Los que realmente aman a Dios son reconocidos por Él, y ese amor lo demuestran al hacer, no su propia voluntad, sino la Voluntad de Dios, lo que incluye apartarse del pecado y la maldad.

En contraste están los que se les llena la boca de alabanzas, pero no Le obedecen.

A estos el Señor les dirá: nunca os conocí...

 

Dios conoce nuestro despertar y acostar, transita con nosotros en todo momento y sabe de qué manera nos conducimos.

Fuimos llamados en amor, para  amarle.

Fuimos arrebatados de la condenación eterna, para vivir esperanzados en la salvación.

Sería tristísimo, y sin oportunidad de cambio, llegar delante de Su Rostro, y recibir como respuesta que no nos conoce.

 

Nosotros sabemos valorar afectos y sin duda hemos cultivado relaciones a lo largo de nuestra vida.

Las hemos mantenido porque las cuidamos.

Así debemos cuidar nuestra relación con Dios.

Mantenernos en intima comunión para conocerle cada día más, y así, cerca de su corazón, estaremos al alcance de aprender Su Voluntad y también de ser corregidos si erramos.

Lo que importa es desarrollar una relación de amor obediente con Dios, si así lo hacemos, estaremos entre Sus conocidos.

Dios conoce a los que son suyos, es nuestro deber cada día conocer más, de nuestro Dios.