Viernes, 14 de Junio del 2024

2 Timoteo 2:6

Día 14

Devocional escrito por  Guadalupe Infràn de Medina Celis

2 Timoteo 2:6 El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero.

 

La Carta 2 Timoteo es una carta escrita por el Apóstol Pablo a su discípulo y colaborador Timoteo.

El objetivo de esta carta era animar a Timoteo a seguir predicando La Palabra de Dios y para que recordara la importancia de perseverar en la fe.

 

A veces como cristianos (seguidores de Cristo) se nos hace ardua esta tarea porque nos desenfocamos de las Promesas que tiene El Señor para con nosotros.

En este sentido, 2 Timoteo 2:6 es una metáfora que ilustra la idea de que para obtener los frutos de la fe, es necesario trabajar arduamente.

 

·        El labrador : trabajador

El versículo nos habla del labrador.

La figura del labrador es una metáfora que simboliza la responsabilidad y el esfuerzo que se necesita para cultivar una cosecha.

Seguro que hemos escuchado historias de nuestros abuelos e incluso de nuestros padres que trabajaron en el campo.

Me viene al corazón la vida de mi padre, un hombre que trabajó desde muy joven en el campo cosechando algodón.

Me relataba que desde sus 8 años, no importaba frio, calor, él tenía que ir con su familia, ya que si no lo hacían se quedaban sin comer, y hoy de adulta me resuenan sus palabras: “Sin esfuerzo y sin sacrificio, no se alcanza nada”.

Para que haya frutos, el labrador debe hacer su parte y trabajar la tierra, sembrar las semillas, cuidarlas y protegerlas de las malezas y los peligros del clima, y hasta ser cuidadosos, porque por errores, se pueden quedar sin cosecha.

 

De igual manera, nosotros como cristianos debemos trabajar para obtener los frutos de la fe en nuestra vida.

Para alcanzar un fruto, la semilla debe pasar un proceso.

Es una hermosa comparación para nosotros.

Queremos ser frutos, pero no queremos que Dios nos arranque lo malo para ser frutos provechosos.

Es como esos árboles de mandarinas que se encuentran en las veredas, me acuerdo una tarde con una amiga, agarramos un par deseosas de comer esas mandarinas grandes, brillantes, pero lamentablemente se les paso el tiempo, no estaba cuidadas y cuando las probamos, por favor, decirles agrias era poco!

Qué lindo recuerdo, agrio pero lindo!

 

Así podríamos evaluarnos, ¿Será que no nos dejamos moldear por nuestro Padre?

¿Será que a veces somos así, agrios? ¿Qué lindo evaluarnos, no?

Este trabajo no es físico, sino que implica una actitud constante de compromiso y dedicación para crecer espiritualmente.

Es como sembrar pequeñas semillas de fe todos los días, y regarlas constantemente con oración, lectura de La Biblia y práctica de los valores cristianos, y renunciar constantemente a NUESTRA VOLUNTAD.

Parece difícil, pero no imposible de alcanzar.

 

El discípulo amado, Juan, podía decir en una hermosa Historia en la Biblia, te animo a que la leas

Juan 30: 31  Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.

Debemos menguar, hacer menos nuestros deseos, dejar nuestro egoísmo,  para que nuestra vida sea plena en Dios.

 

·        La espera y la recompensa

El versículo continúa diciendo: “Participar de los frutos”.

Esta es la recompensa que recibirá el labrador después de haber trabajado arduamente la tierra.

Los frutos representan la satisfacción de haber logrado una meta, la alegría de ver algo crecer y dar vida, y la felicidad de compartir con otros lo que hemos obtenido.

Quién no se goza, cuando recibe lo que espera? Lo comparte o lo hace público…

Cuando te vas a casar, conseguís un nuevo empleo, gestas una vida, recibís salud, un familiar se convierte al Señor. !Queremos ser un diario caminando anunciando logros!

 

De igual manera, en nuestra vida como cristianos, la espera y la perseverancia en el trabajo nos llevarán a una recompensa espiritual que nos llenará el alma.

El menguar produce en nosotros satisfacciones eternas, que no se comparan ni con el oro, pero que nos dan un regalo tan particular como lo son la paciencia, el amor,  madurez; llamados Frutos de Espíritu Santo 

Gálatas 5: 22- 23 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

 

Considero que La Biblia está llena de aprendizajes para cada uno de nosotros.

“Podemos para cada momento de nuestra vida tener un fruto ya cosechado”.

Una vida, prensada por la Presencia de Dios, ejemplos de tantas vidas que salieron VENCEDORES…

 

Esta recompensa puede ser también un mayor entendimiento de la Palabra de Dios, la paz interior, una mayor fortaleza ante las adversidades y el Amor de Dios en nuestras vidas.

Todo este versículo nos habla de la necesidad de trabajar arduamente para obtener buenos resultados.

Como amantes de Cristo, somos llamados a trabajar constantemente en nuestra fe, a sembrar pequeñas semillas de amor y compasión en nuestro diario vivir y a confiar en la recompensa que Dios nos dará si perseveramos.


La perseverancia es una virtud que pocos la desarrollan, y la conservan con el correr del tiempo, y la mantienen estable.

Que los avatares de la vida no quieran torcernos; sino que nos podamos mantener firmes en La Roca de nuestra fe.

Salmos 62: 6-7 Él solamente es mi roca y mi salvación. Es mi refugio, no resbalaré. 7En Dios está mi salvación y mi gloria; En Dios está mi roca fuerte, y mi refugio.

 

Ø Podemos aplicar este versículo a nuestra vida diaria, recordando que nuestras acciones, aunque pequeñas y simples, pueden tener un efecto muy positivo en los demás.

Ø Podemos sembrar amor y compasión en nuestro trabajo, en nuestras relaciones personales.

Ø Podemos regar esas semillas con nuestra oración y nuestras acciones para hacer de este mundo un lugar mejor.

Ø Podemos cambiar nuestros pensamientos y tener la mente de Cristo.

1 Corintios 2: 16 Porque, ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Más nosotros tenemos la mente de Cristo.

 

¡Trabajemos arduamente por nosotros mismos, y por los demás! 

¡El Señor te bendiga Grandemente!