3 Juan 2
Día 2
Devocional escrito por Guadalupe Infràn de Medina Celis
3 Juan 2
Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas
salud...
Dios
nos sorprende con una nueva Palabra en este día.
Qué
lindo es poder tomarla para nuestra vida. Sin duda es una enseñanza que edifica
nuestros corazones.
Para
poder comprender una poquito esta 3 Carta de Juan, hagamos un breve resumen:
Es la opinión de muchos estudiosos de La Biblia, lo último que Juan escribió fueron éstas Epístolas, y no el libro de Apocalipsis, que es el último libro que encontramos en nuestra Biblia.
Por
lo tanto, estas 3 Epístolas fueron escritas hacia el final del primer siglo,
entre los años 90 y 100 D.C (Después de Cristo) aunque es difícil señalar la
fecha exacta de estas cartas.
Probablemente
el Apóstol las escribió, en la misma época, con muy poco tiempo entre sí.
Juan
en ella enfatizó el hecho de que la Familia de Dios se mantiene unida por medio
del Amor, y que los Hijos de Dios, los “hijitos”,
como él los llamó cariñosamente, deben amarse los Unos a los Otros.
El
Apóstol afirmó, que si ellos no ejercían ese Amor, entonces no eran Hijos de
Dios, porque los Hijos tienen Amor por aquellos que pertenecen a su Familia.
Esto
no es solamente un principio espiritual, sino también es muy humano, que suele
ser un sentimiento natural en las relaciones afectivas dentro de nuestras
Familias.
Sin embargo, en la Segunda Epístola, Juan presentó una advertencia muy seria acerca de algunos personas que estaban visitando a las Iglesias locales que eran falsos maestros, que introducían falsas y erróneas enseñanzas en la Iglesia, y que por su actitud y comportamiento, eran apóstatas y anticristos.
Eran
engañadores, y a los que un Hijo de Dios, un creyente, no debía amar.
Juan
advirtió acerca de personas que no creían en la Deidad de Cristo, que negaban
que Jesucristo fuera Dios manifestado en un cuerpo humano.
El
Apóstol dijo que Aquel Verbo fue hecho
carne. . . y anteriormente dijo que el Verbo era Dios; Dios manifestado en la
carne.
Llegamos
a la tercera carta de Juan, que es muy parecida a las otras.
Juan
tenía una hermosa convicción de enseñar del Amor, de cómo conducirnos con los
terceros.
De
ser siempre veraces, porque somos
representantes de Cristo.
Esto
para nosotros debe tener un peso.
Es
muy común escuchar ciertos comentarios: “En la Iglesia son todos iguales”, “El
Pastor se llena de plata”, “Opinan de otros y nadie se mira el ombligo”...
Usted y yo debemos
ser referentes en una sociedad que está sumamente confundida y lastimada.
Juan enseñó la importancia de empanizar verdaderamente, No de labios para fuera.
Como siempre, Amado Hermano le animo a que pueda leer esta carta, no es larga, ya que tiene solo un capítulo.
Aquí Juan le escribe a una persona hermosa: GAYO, referente, representante de Cristo.
Gayo era un Hermano amado en
la Iglesia.
El
Apóstol le llamó “amado” cuatro
veces en esta epístola.
Era
un Hermano en Cristo a quien Juan conocía y amaba en El Señor.
El
Apóstol escribió esta carta y la dirigió expresamente a él, y por lo que se
deduce, que Gayo pertenecía a esa Iglesia local.
Era un hombre hospitalario, solicito, aún con los desconocidos. Actuaba y vivía del Amor.
Pero aparentemente Gayo no estaba gozando de buena salud,
pero aún con ese impedimento, él había recibido a los Hermanos en la fe que
eran Maestros de las Enseñanzas de Cristo, y que en sus viajes pasaban por esa
ciudad.
A pesar de su mala salud Gayo era muy activo, él participaba con Amor, sirviendo a la comunidad de una manera muy práctica.
Gayo se mantuvo firme
en la Doctrina y sus actos eran de testimonio.
Juan
apreciaba tremendamente a este varón.
Ahora,
hay muchos creyentes que están enfermos espiritualmente.
Puede que tengan buena salud física, pero están enfermos en cuanto a su salud espiritual.
Y, por cierto, esto es vital, prioritario, para un Hijo de Dios, ser
un creyente, que goce de buena salud espiritual, sin olvidar el aspecto físico,
por supuesto.
¡Es
maravilloso el tener buena salud física!
Hay
muchos que no la aprecian, hasta el momento, en que llegan a perderla.
Ø Pero una buena salud espiritual, es algo que señalamos
cuando estudiamos Su Palabra.
Ø Lo que la salud es para el cuerpo, es la Santidad para la
vida espiritual del creyente.
Ø El estar sano espiritualmente, es vivir en Santidad.
Ø Significa que estamos creciendo en la Gracia y el
Conocimiento de Cristo.
Así
es que, la Gracia que Gayo manifestaba, y su vivir en la Verdad, eran
características obvias para todos aquellos que le visitaban.
Aquellos
hombres y mujeres que viajaban infatigablemente como Misioneros y Maestros del
Evangelio, visitando las Congregaciones de la Primera Iglesia, la llamada “Iglesia Primitiva” informaban a Juan
de la hospitalidad de Gayo.
Era
conocido como uno de los líderes de esa Iglesia, y era una persona muy
generosa.
¿De
qué vale tener una salud privilegiada, si con nuestra vida no honramos a Dios?
Si
no le servimos con un corazón, mente y alma entregados totalmente…
Prospero en el diccionario significa: estar bien económicamente, que todo resulte bien.
Pero en La Biblia: La palabra prosperado (del griego euodoo) significa irle bien, lograr el fin esperado, alcanzarlo, eso es prosperar.
Según este pasaje la Prosperidad Divina no es un momento, alcanzar un trabajo, estar holgados económicamente, ni estar rodeados de bienes sociales, que son algo pasajero, sino que es más bien un estado continuo y progresivo de buen éxito y bienestar, resultado de una vida vivida según los Principios de la Palabra de Dios.
Una persona prospera espiritualmente es lo que debemos alcanzar… y con ello obtendremos fortaleza como Gayo, que no gozaba de buena salud, pero Dios lo fortalecía, y el Apóstol Juan se gozaba, porque las referencias eran dignas de admirar…
¿Te
gustaría que nuestro Abogado Jesucristo, hable/ INTERCEDA a Dios por ti?
Que Cristo le diga, Padre Amado: Cecilia, Alberto, Roxana, Natalia, Carolina, Carlos, Santiago, Roberto… (en esta lista pon tu nombre) estos son Mis Amados, son personas prosperas espiritualmente…
Dios anímanos día a día a dejar nuestra vana manera de
vivir,
Y ser como Tú quieres que seamos. ¡AMEN!