Daniel 4:2
Día
23
Devocional
escrito por Mónica Marchi de Massera
Daniel 4:2 Conviene que yo declare las señales y milagros que el Dios Altísimo
ha hecho conmigo.
Daniel
era un judío que estaba cautivó en Babilonia. Él era de descendencia real.
Debido a su alto rango y agradable presencia, los babilonios lo educaron para el servicio en el palacio del rey.
La
vida en la corte y en todo el reino estaba contaminada y plagada de impiedad,
por lo que Daniel vivió una vida piadosa y apartada de toda contaminación
externa.
La
vida de Daniel se extendió desde los días de Nabucodonosor hasta los de Ciro,
rey de Persia, y fue contemporáneo de Jeremías, Ezequiel, Josué, Esdras y
Zorobabel.
El Libro de Daniel es una introducción fundamental a las Profecías del Nuevo Testamento, La gran tribulación, El regreso del Señor, Las resurrecciones y Los juicios.
Tradicionalmente, se considera que el mismo Daniel escribió el Libro que lleva su nombre.
El capítulo 4 nos narra la proclamación del rey Nabucodonosor.
Específicamente, del versículo 4 al 18, habla de lo que experimentó el rey después de tener un sueño perturbador y recibir la interpretación de Daniel, decide proclamar las maravillas que el Dios Altísimo ha hecho con él diciendo:
“Conviene que
yo declare las señales y milagros
que el Dios
Altísimo ha hecho conmigo.”
Este
pasaje inicia el relato de la humillación y restauración del rey, reconociendo
el Poder, la Soberanía y la Grandeza de Dios.
Veamos
el contexto:
Ø El rey Nabucodonosor:
El capítulo comienza con el rey de Babilonia teniendo un sueño que lo
aterroriza.
Ø La convocatoria de
Sabios: Llama a sus magos y Sabios, pero sólo Daniel puede interpretar el
sueño, revelando que se trata de la locura del rey por su soberbia.
Ø La proclamación de
Nabucodonosor: Antes de narrar el sueño y su interpretación, el rey hace esta
declaración (vv 2), haciendo un reconocimiento
público de la Grandeza de Dios.
En
resumen, este versículo es una declaración de adoración y reconocimiento de la
Obra de Dios por parte de un rey pagano, iniciando un relato de Juicio y
Restauración Divina.
Definitivamente,
Dios humilló al orgulloso rey Nabucodonosor de Babilonia, quien se jactaba de
su poder, a través de un sueño sobre un gran árbol que fue derribado, lo que
Daniel interpretó como una Sentencia Divina.
Tras
siete años de locura, Nabucodonosor finalmente alabó a Dios, y su mente y reino
fueron restaurados, aprendiendo la lección de que Dios humilla a los soberbios
y exalta a los humildes.
¡Pero
cuidado! Porque lo que le pasó al rey Nabucodonosor no es tan extraño en los seres
humanos, sean o no Hijos de Dios.
La frase: “Dios exalta a los humildes y resiste a los soberbios” es una enseñanza bíblica central que encontramos en varios pasajes de la Palabra de Dios, por ejemplo:
Santiago 4:6 Pero él da mayor gracia. Por
esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.
1 Pedro 5:5 Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los
ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios
resiste a los soberbios, Y da gracia a los humildes.
Salmos 138:6 Porque Jehová es excelso, y atiende al
humilde, Mas al altivo mira de lejos.
Salmos 147:6 Jehová exalta a los humildes, Y humilla a los
impíos hasta la tierra.
En todos estos textos, Dios nos recuerda que se opine al orgullo humano, pero bendice y reconoce a aquellos que aceptan sus errores y limitaciones, se someten a Él y actúan con mansedumbre, dándoles Su Gracia y Favor, mientras que al altivo lo mantiene a distancia o lo humilla.
- También
podemos apreciar que Dios se opone a la arrogancia.
La
soberbia es una rebeldía contra Dios y Su Autoridad, y Él se mantiene distante
de quienes actúan así.
… Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.
Exalta,
bendice y recompensa a las personas humildes.
Ser
humilde significa reconocer las propias limitaciones, someternos a Dios y
actuar con mansedumbre.
Definitivamente,
la humildad lleva a buscar a Dios, mientras que la soberbia nos aleja de Él.
- Dios
honra a los que no buscan su propia gloria, sino que ponen su confianza en Él.
En
resumen, esta Palabra que El Señor nos regala hoy, es un llamado a la humildad
y al sometimiento a Dios, prometiendo Favor Divino para los humildes y
advertencia contra el orgullo, que es rechazado por Dios.
Por
eso, Hermanos, tengamos mucho cuidado de no caer en el pecado en el que cayó el
rey Nabucodonosor.
No seamos orgullosos: muchas veces parece que nos olvidamos de que los logros, los avances, la prosperidad, o todo lo bueno que nos pase, no es por obra y gracia de nosotros mismos, sin admitir que siempre es Dios en nuestra vida, que por su Infinita Misericordia, es que obtenemos lo que queremos o deseamos.
- Seamos humildes y admitamos que, sin Su Buena Mano o su Intervención Divina, nada podríamos conseguir.
- Reconozcamos la Grandeza y Supremacía de Dios en cada uno de los actos que realizamos.
Glorifiquemos
Su Nombre y alabemos Su Persona antes de realizar cualquier cosa.
Así
nos evitaremos un montón de dolores de cabeza, ¿No les parece?