Viernes, 23 de Enero del 2026

Daniel 4:2

Día 23

Devocional escrito por Mónica Marchi de Massera

Daniel 4:2 Conviene que yo declare las señales y milagros que el Dios Altísimo ha hecho conmigo.

 

Daniel era un judío que estaba cautivó en Babilonia. Él era de descendencia real.

Debido a su alto rango y agradable presencia, los babilonios lo educaron para el servicio en el palacio del rey.

La vida en la corte y en todo el reino estaba contaminada y plagada de impiedad, por lo que Daniel vivió una vida piadosa y apartada de toda contaminación externa.

 

La vida de Daniel se extendió desde los días de Nabucodonosor hasta los de Ciro, rey de Persia, y fue contemporáneo de Jeremías, Ezequiel, Josué, Esdras y Zorobabel.

 

El Libro de Daniel es una introducción fundamental a las Profecías del Nuevo Testamento, La gran tribulación, El regreso del Señor, Las resurrecciones y Los juicios.

Tradicionalmente, se considera que el mismo Daniel escribió el Libro que lleva su nombre.

 

El capítulo 4 nos narra la proclamación del rey Nabucodonosor.

Específicamente, del versículo 4 al 18, habla de lo que experimentó el rey después de tener un sueño perturbador y recibir la interpretación de Daniel, decide proclamar las maravillas que el Dios Altísimo ha hecho con él diciendo:

“Conviene que yo declare las señales y milagros

que el Dios Altísimo ha hecho conmigo.”

 

Este pasaje inicia el relato de la humillación y restauración del rey, reconociendo el Poder, la Soberanía y la Grandeza de Dios.

 

Veamos el contexto:

Ø El rey Nabucodonosor: El capítulo comienza con el rey de Babilonia teniendo un sueño que lo aterroriza.

Ø La convocatoria de Sabios: Llama a sus magos y Sabios, pero sólo Daniel puede interpretar el sueño, revelando que se trata de la locura del rey por su soberbia.

Ø La proclamación de Nabucodonosor: Antes de narrar el sueño y su interpretación, el rey hace esta declaración (vv 2), haciendo un reconocimiento público de la Grandeza de Dios.

 

En resumen, este versículo es una declaración de adoración y reconocimiento de la Obra de Dios por parte de un rey pagano, iniciando un relato de Juicio y Restauración Divina.

 

Definitivamente, Dios humilló al orgulloso rey Nabucodonosor de Babilonia, quien se jactaba de su poder, a través de un sueño sobre un gran árbol que fue derribado, lo que Daniel interpretó como una Sentencia Divina.

 

Tras siete años de locura, Nabucodonosor finalmente alabó a Dios, y su mente y reino fueron restaurados, aprendiendo la lección de que Dios humilla a los soberbios y exalta a los humildes.

 

¡Pero cuidado! Porque lo que le pasó al rey Nabucodonosor no es tan extraño en los seres humanos, sean o no Hijos de Dios.

La frase: “Dios exalta a los humildes y resiste a los soberbios” es una enseñanza bíblica central que encontramos en varios pasajes de la Palabra de Dios, por ejemplo:


Santiago 4:6 Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.

 

1 Pedro 5:5 Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, Y da gracia a los humildes.

 

Salmos 138:6 Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, Mas al altivo mira de lejos.

 

Salmos 147:6 Jehová exalta a los humildes, Y humilla a los impíos hasta la tierra.

  

En todos estos textos, Dios nos recuerda que se opine al orgullo humano, pero bendice y reconoce a aquellos que aceptan sus errores y limitaciones, se someten a Él y actúan con mansedumbre, dándoles Su Gracia y Favor, mientras que al altivo lo mantiene a distancia o lo humilla.

 

  • También podemos apreciar que Dios se opone a la arrogancia.

La soberbia es una rebeldía contra Dios y Su Autoridad, y Él se mantiene distante de quienes actúan así.

                             … Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.

Exalta, bendice y recompensa a las personas humildes.

Ser humilde significa reconocer las propias limitaciones, someternos a Dios y actuar con mansedumbre.

 

Definitivamente, la humildad lleva a buscar a Dios, mientras que la soberbia nos aleja de Él.

  • Dios honra a los que no buscan su propia gloria, sino que ponen su confianza en Él.

 

En resumen, esta Palabra que El Señor nos regala hoy, es un llamado a la humildad y al sometimiento a Dios, prometiendo Favor Divino para los humildes y advertencia contra el orgullo, que es rechazado por Dios.

 

Por eso, Hermanos, tengamos mucho cuidado de no caer en el pecado en el que cayó el rey Nabucodonosor.

No seamos orgullosos: muchas veces parece que nos olvidamos de que los logros, los avances, la prosperidad, o todo lo bueno que nos pase, no es por obra y gracia de nosotros mismos, sin admitir que siempre es Dios en nuestra vida, que por su Infinita Misericordia, es que obtenemos lo que queremos o deseamos.

  • Seamos humildes y admitamos que, sin Su Buena Mano o su Intervención Divina, nada podríamos conseguir.
  • Reconozcamos la Grandeza y Supremacía de Dios en cada uno de los actos que realizamos.

 

Glorifiquemos Su Nombre y alabemos Su Persona antes de realizar cualquier cosa.

Así nos evitaremos un montón de dolores de cabeza, ¿No les parece?

¡¡¡Dios los bendiga!!!