Sábado, 12 de Julio del 2025

Deuteronomio 26:11


Día 12

Devocional escrito por Mónica Marchi de Massera

Deuteronomio 26:11 …Te alegrarás en todo el bien que Jehová tu Dios te haya dado…


El Libro de Deuteronomio (el quinto que escribió Moisés) nos narra los últimos consejos dados al pueblo de Israel antes de la entrada a la Tierra Prometida.

En este libro se presenta una reseña del peregrinar de los israelitas por el desierto, vemos las instrucciones necesarias en cuanto a la conducta del pueblo de Dios que debía cumplir en la Tierra Prometida y se establecen las normativas en cuanto a obediencia y respeto a Dios.


Deuteronomio, en definitiva, refleja la Ley de Dios.


El capítulo 26 se enfoca en la celebración de la primera cosecha en la Tierra Prometida y en la importancia de recordar y agradecer a Dios por Sus Bendiciones.

Implica la presentación de los primeros frutos de la cosecha como un acto de adoración y reflexión sobre la historia de Dios con Su Pueblo.

Básicamente, este capítulo enfatiza la necesidad de agradecer a Dios por las Bendiciones recibidas, reconociendo que son un Regalo de Su Providencia.


Deuteronomio 26:1-4  Cuando hayas entrado en la tierra que Jehová tu Dios te da por herencia, y tomes posesión de ella y la habites, 2 entonces tomarás de las primicias de todos los frutos que sacares de la tierra que Jehová tu Dios te da, y las pondrás en una canasta, e irás al lugar que Jehová tu Dios escogiere para hacer habitar allí su nombre. 3 Y te presentarás al sacerdote que hubiere en aquellos días, y le dirás: Declaro hoy a Jehová tu Dios, que he entrado en la tierra que juró Jehová a nuestros padres que nos daría. 4 Y el sacerdote tomará la canasta de tu mano, y la pondrá delante del altar de Jehová tu Dios.


Vs 10-13 Y ahora, he aquí he traído las primicias del fruto de la tierra que me diste, oh Jehová. Y lo dejarás delante de Jehová tu Dios, y adorarás delante de Jehová tu Dios. 11 Y te alegrarás en todo el bien que Jehová tu Dios te haya dado a ti y a tu casa, así tú como el levita y el extranjero que está en medio de ti. 12 Cuando acabes de diezmar todo el diezmo de tus frutos en el año tercero, el año del diezmo, darás también al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda; y comerán en tus aldeas, y se saciarán. 13 Y dirás delante de Jehová tu Dios: He sacado lo consagrado de mi casa, y también lo he dado al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda, conforme a todo lo que me has mandado; no he transgredido tus mandamientos, ni me he olvidado de ellos.


Vs 16-19 Jehová tu Dios te manda hoy que cumplas estos estatutos y decretos; cuida, pues, de ponerlos por obra con todo tu corazón y con toda tu alma. 17 Has declarado solemnemente hoy que Jehová es tu Dios, y que andarás en sus caminos, y guardarás sus estatutos, sus mandamientos y sus decretos, y que escucharás su voz. 18 Y Jehová ha declarado hoy que tú eres pueblo suyo, de su exclusiva posesión, como te lo ha prometido, para que guardes todos sus mandamientos; 19 a fin de exaltarte sobre todas las naciones que hizo, para loor y fama y gloria, y para que seas un pueblo santo a Jehová tu Dios, como él ha dicho.


Todo este capítulo habla del diezmo y la necesidad de compartir con los más necesitados, como una forma de expresar gratitud y bendición.

Además, nos invita a reflexionar sobre nuestra propia vida y la importancia de la gratitud hacia Dios. 

Nos recuerda que las Bendiciones son un Regalo de Su Providencia y que debemos reconocer Su Obra en nuestras vidas. 

Todo lo que recibimos viene de Dios, de Su Mano y por Su Gran Amor hacia nosotros.


La lectura y meditación de Deuteronomio 26 puede ser una oportunidad maravillosa para renovar nuestro compromiso con Dios y profundizar en nuestra relación con Él.

De esta manera podremos concluir que cualquier logro laboral, económico, familiar, o de la índole que sea, nunca será por mérito propio, sino sólo y exclusivamente por Su Gracia.


Puntualmente, el verso que nos compete hoy nos dice:

Y te alegrarás en todo el bien que Jehová tu Dios te haya dado a ti y a tu casa, 

así tú como el levita y el extranjero que está en medio de ti.


Este versículo enfatiza la alegría y la gratitud por las Bendiciones de Dios, invitando a compartir esta alegría con aquellos que nos rodean.


Resaltemos algunos puntos importantes de este versículo:

  • Alegría y gratitud: Enfatiza la importancia de experimentar alegría y gratitud por las Bendiciones recibidas de Dios.

  • Compartir la alegría: Nos anima a compartir la alegría y las Bendiciones con los demás.

  • El buen vivir: Nos sugiere que, al compartir las Bendiciones, se crea un entorno de buen vivir para todos los miembros de la comunidad, incluyendo a aquellos que no son tan afortunados.

  • Importancia de la reciprocidad: Nos muestra lo importante de la reciprocidad en la relación con Dios al expresar gratitud y compartir las Bendiciones recibidas.


En lo personal, siempre me ha llamado la atención el ver a muchos cristianos que toman las Bendiciones recibidas de Dios como si fuese una obligación del Padre el darnos algo, o como si por el solo hecho de ser Hijos de Dios somos merecedores de Sus Bendiciones. ¡¡¡Nada más errado!!!

El hecho de “normalizar” o “naturalizar” que Dios nos tiene que dar, y dar, y dar, y dar, me parece una absoluta falta de respeto a nuestro Padre Celestial.

Al margen de no reconocer nuestra humildad delante de Su Tremenda Grandeza.


Yo creo que los que hemos sido rescatados del hoyo más profundo, los que venimos del lodo más cenagoso, podemos dar fe de la Tremenda Misericordia de Dios, Su Enorme Amor y Su Gran Corazón.



Hemos recibido todas y cada una de las Bendiciones del Señor como el acto de Misericordia más grande por parte de Dios que un ser humano pueda recibir.

Ya el hecho de recibir la Salvación de nuestras almas, no siendo merecedores de Semejante Regalo, nos debe hacer sentir eternamente agradecidos con El Señor. 

Y de ahí en más, todo lo que venga de Su Mano, será pura y exclusivamente por Su Gracia y Misericordia. 

  • Y, por supuesto, nuestro deber como Hijos agradecidos, es compartir estas bendiciones, estos regalos inmerecidos con los demás.


Analizando este texto, me viene a la mente y al corazón esta hermosa alabanza que les quiero compartir:

“¿Qué sería de mí si no me hubieras alcanzado?

¿Dónde estaría hoy si no me hubieras perdonado?

Tendría un vacío en mi corazón,

Vagaría sin rumbo, sin dirección.

Si no fuera por tu gracia y por tu amor...”


Por eso, Hermanos, nunca dejemos de ser Hijos agradecidos. 

Nunca dejemos de reconocer que todo lo que tenemos proviene de la Buena Mano de nuestro Padre Celestial.

El simple hecho de levantarnos cada mañana y poder ponernos en pie, ya es un motivo para agradecer las Bondades y Bendiciones de Dios.

Y nunca nos olvidemos que no éramos (ni somos) merecedores de nada; sólo todo es por Su Gracia y Su Gran Amor para con nosotros.


¡Dios les bendiga!