Jueves, 4 de Diciembre del 2025

Deuteronomio 7:15

Día 4

Devocional escrito por Celia Vega

Deuteronomio 7:15 …Quitará Jehová de ti toda enfermedad…

 

Este Libro enfatiza que la obediencia a los Mandamientos es el camino hacia la bendición y fidelidad de Dios.

Fue escrito por Moisés y recopila todos los Estatutos y Leyes (La Torá)  para direccionar al Pueblo de Israel. 

 

En este versículo se menciona como una Promesa de sanidad (mental, física, emocional y espiritual), como resultado de una vida de obediencia a los Estatutos establecidos en los Mandatos.

 

Y se confirma en:

Éxodo 15:26 … Porque yo soy Jehová tu Sanador.

 

A partir de esto hay dos afirmaciones fundamentales:

  • La Promesa de Sanidad y Protección.

Nos recuerda que, en situaciones difíciles de enfermedad, dolor y dificultades, Él tiene el poder de restaurar nuestras vidas.

Éxodo 15:26 Y dijo: Si oyereis atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hiciere lo

recto delante de los ojos, y diereis oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti;

porque yo soy Jehová tu sanador.

 

Este texto es conocido como un Pacto de sanidad del Antiguo Testamento.

La palabra “SANADOR” en el hebreo es “RAPHA” significa curar, sanar, restaurar o reparar.

Cuando se combina “Jehová Rapha” significa “El Señor que sana”.

 

Y cómo no creer en Su Nombre Poderoso, Dios es Bueno, solo demanda que le obedezcamos, escuchemos Su Voz, guardemos Su Pacto y Promesas para ser benefactores de Sus Bendiciones.

 

En el Antiguo Testamento hubo muchos milagros a través de personas, como por ejemplo en:

  • 1 Reyes 17.17-24 el profeta Elías resucita a la hija de una viuda.
  • 2 Reyes 5.1-15 Naamán es sanado de lepra al obedecer al profeta que le dijo que se sumergiera siete veces en el rio Jordán

Te invito a leer estas dos historias bíblicas, son fascinantes. 


En el Nuevo Testamento vemos infinidades de milagros, sanidades, echas no solo por Jesucristo sino por Discípulos, Apóstoles, Siervos de Dios, que fueron usados enormemente por el Espíritu Santo, acentuando este:

Deuteronomio 7:15 Y quitara Jehová de ti toda enfermedad...

 

 

Esta Promesa también se confirma en el Antiguo Testamento, donde nombra al Mesías:

Isaías 53:4-5 Ciertamente llevo Él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. 5 Mas el herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por sus llagas fuimos nosotros curados.

 

Jesucristo en Su Ministerio ministró a multitudes y las sanidades eran la señal más evidente de que Él era el Hijo de la Promesa, profetizada en el Libro de Isaías (citado anteriormente).

Él predicaba, enseñaba, liberaba, resucitaba, hacia todo tipo de milagros y sanidades.

Mateo 4: 23-24 Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanado toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 24 Y difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los enfermos que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sano.

 

Hay muchas historias en Los Evangelios del Poder Sanador de Jesucristo, una de ellas es la de "La mujer del flujo de sangre", Lucas 8:43-49


Una mujer se acercó a la multitud, ella padecía de flujo de sangre desde hacía doce años, recurrió a la medicina, pero nadie pudo curarla, al acercarse a Jesús desesperadamente tocó el borde de Su Manto y al instante el flujo de sangre se detuvo, Jesús se dio cuenta que Poder había salido de Él, y pregunto quién lo había tocado, y ella temerosa le contó su necesidad y que a través de Él había sido curada.


  • Este y muchas historias más evidenciaron el Poder Glorioso de Jesús.

 

En el tiempo de los discípulos la sanidad se manifestaba atreves de la Autoridad que el Hijo Dios les otorgó, actuaban en el Nombre de Jesús, imponían manos, ordenaban directamente, ungían a los enfermos o sus prendas de vestir.

Un ejemplo de ello es lo vivido por dos discípulos, Pedro y Juan, esta historia se relata en el Libro de los Hechos 3:1- 9.

Los dos discípulos sanan a un hombre que había nacido lisiado, este se encontró con ellos en la puerta del Templo llamada la Hermosa rogando que le dieran una limosna.

Pedro y Juan le dijeron que no tenían nada, pero lo que poseían le darían.

Pedro, en el Nombre de Jesucristo le ordenó que se levantara y caminara, y el hombre automáticamente fue sanado.

 

El Apóstol Pablo también es otro ejemplo donde se cumple la Promesa de sanidad.

Transcurre en el Libro de los Hechos 14:8-23.

Un hombre que estaba postrado desde su nacimiento escuchó predicar al Apóstol, éste fijo su mirada en él porque reconoció que tenía fe y a gran voz le ordenó que se levantara.

El hombre se reincorporó, y empezó a caminar y todos los presentes creyeron en el Poder de Dios.

 

  • Desde el juramento “YO SOY TU SANADOR” hasta la confirmación en Jesucristo, y hasta el día de hoy, todos podemos ser benefactores de Su Sanidad.

Y los ejemplos bíblicos nos recuerdan que cuando estemos en dificultades imposibles para la ciencia, Dios tiene el Poder para sanarnos, liberarnos, restaurarnos, para hacer milagros, sólo necesita que nos acerquemos, creamos y esperemos con todo el corazón recibir Su Respuesta.

 

No es fácil pasar por esos momentos, la fe se debilita, se apodera la angustia, el miedo y la imposibilidad de esperar un milagro, pero Gloria a Dios, a Sus Promesas que son sí y amén.

Él no falla y está dispuesto los trescientos sesenta y cinco días del año para mostrarnos que Jehová Rapha está allí para sanarnos a través de Jesucristo, Quien se llevó en la Cruz todas nuestras dolencias.

 

En el Nombre de Jesús se sano hoy, ponle nombre a tu milagro, y que toda enfermedad quede crucificada en la Cruz.

Hoy necesitamos creer en este Poder y vivirlo, no solo para testimonio sino para que el Nombre del Señor sea Glorificado.

Dios te bendiga mucho.