Deuteronomio 7:15
Día
4
Devocional
escrito por Celia Vega
Deuteronomio
7:15 …Quitará Jehová de ti toda enfermedad…
Este Libro enfatiza que la obediencia a los Mandamientos es el camino hacia la bendición y fidelidad de Dios.
Fue escrito por Moisés y recopila todos los Estatutos y Leyes (La Torá) para direccionar al Pueblo de Israel.
En este
versículo se menciona como una Promesa de sanidad (mental, física, emocional y
espiritual), como resultado de una vida de obediencia a los Estatutos
establecidos en los Mandatos.
Y se
confirma en:
Éxodo
15:26 … Porque yo soy Jehová tu Sanador.
A partir de esto hay dos afirmaciones fundamentales:
- La Promesa de Sanidad y Protección.
Nos recuerda que, en situaciones difíciles de enfermedad, dolor y dificultades, Él tiene el poder de restaurar nuestras vidas.
Éxodo 15:26 Y dijo: Si oyereis atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hiciere lo
recto
delante de los ojos, y diereis oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos,
ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti;
porque
yo soy Jehová tu sanador.
Este texto
es conocido como un Pacto de sanidad del Antiguo Testamento.
La palabra
“SANADOR” en el hebreo es “RAPHA” significa curar, sanar, restaurar o reparar.
Cuando se
combina “Jehová Rapha” significa “El Señor que sana”.
Y cómo no creer en Su Nombre Poderoso, Dios es Bueno, solo demanda que le obedezcamos, escuchemos Su Voz, guardemos Su Pacto y Promesas para ser benefactores de Sus Bendiciones.
En el Antiguo
Testamento hubo muchos milagros a través de personas, como por ejemplo en:
- 1 Reyes
17.17-24 el profeta Elías resucita a la hija de una viuda.
- 2 Reyes 5.1-15 Naamán es sanado de lepra al obedecer al profeta que le dijo que se sumergiera siete veces en el rio Jordán
Te invito a leer estas dos historias bíblicas, son fascinantes.
En el Nuevo Testamento
vemos infinidades de milagros, sanidades, echas no solo por Jesucristo sino por
Discípulos, Apóstoles, Siervos de Dios, que fueron usados enormemente por el
Espíritu Santo, acentuando este:
Deuteronomio
7:15 Y quitara Jehová de ti toda enfermedad...
Esta Promesa también se confirma en el Antiguo Testamento, donde nombra al Mesías:
Isaías 53:4-5 Ciertamente llevo Él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. 5 Mas el herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por sus llagas fuimos nosotros curados.
Jesucristo
en Su Ministerio ministró a multitudes y las sanidades eran la señal más evidente
de que Él era el Hijo de la Promesa, profetizada en el Libro de Isaías (citado anteriormente).
Él
predicaba, enseñaba, liberaba, resucitaba, hacia todo tipo de milagros y
sanidades.
Mateo 4: 23-24 Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanado toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 24 Y difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los enfermos que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sano.
Hay muchas historias en Los Evangelios del Poder Sanador de Jesucristo, una de ellas es la de "La mujer del flujo de sangre", Lucas 8:43-49
Una mujer se acercó a la multitud, ella padecía de flujo de sangre desde
hacía doce años, recurrió a la medicina, pero nadie pudo curarla, al acercarse
a Jesús desesperadamente tocó el borde de Su Manto y al instante el flujo de
sangre se detuvo, Jesús se dio cuenta que Poder había salido de Él, y pregunto
quién lo había tocado, y ella temerosa le contó su necesidad y que a través de
Él había sido curada.
- Este y
muchas historias más evidenciaron el Poder Glorioso de Jesús.
En el tiempo de los discípulos la sanidad se manifestaba atreves de la Autoridad que el Hijo Dios les otorgó, actuaban en el Nombre de Jesús, imponían manos, ordenaban directamente, ungían a los enfermos o sus prendas de vestir.
Un ejemplo
de ello es lo vivido por dos discípulos, Pedro y Juan, esta historia se relata en
el Libro de los Hechos 3:1- 9.
Los dos
discípulos sanan a un hombre que había nacido lisiado, este se encontró con
ellos en la puerta del Templo llamada la Hermosa rogando que le dieran una
limosna.
Pedro y Juan
le dijeron que no tenían nada, pero lo que poseían le darían.
Pedro, en el
Nombre de Jesucristo le ordenó que se levantara y caminara, y el hombre
automáticamente fue sanado.
El Apóstol
Pablo también es otro ejemplo donde se cumple la Promesa de sanidad.
Transcurre
en el Libro de los Hechos 14:8-23.
Un hombre
que estaba postrado desde su nacimiento escuchó predicar al Apóstol, éste fijo
su mirada en él porque reconoció que tenía fe y a gran voz le ordenó que se
levantara.
El hombre se
reincorporó, y empezó a caminar y todos los presentes creyeron en el Poder de Dios.
- Desde el
juramento “YO SOY TU SANADOR” hasta la confirmación en Jesucristo, y hasta el
día de hoy, todos podemos ser benefactores de Su Sanidad.
Y los
ejemplos bíblicos nos recuerdan que cuando estemos en dificultades imposibles
para la ciencia, Dios tiene el Poder para sanarnos, liberarnos, restaurarnos,
para hacer milagros, sólo necesita que nos acerquemos, creamos y esperemos con
todo el corazón recibir Su Respuesta.
No es fácil
pasar por esos momentos, la fe se debilita, se apodera la angustia, el miedo y
la imposibilidad de esperar un milagro, pero Gloria a Dios, a Sus Promesas que
son sí y amén.
Él no falla
y está dispuesto los trescientos sesenta y cinco días del año para mostrarnos
que Jehová Rapha está allí para sanarnos a través de Jesucristo, Quien se llevó
en la Cruz todas nuestras dolencias.
En el Nombre de Jesús se sano hoy, ponle nombre a tu milagro, y que toda enfermedad quede crucificada en la Cruz.
Hoy
necesitamos creer en este Poder y vivirlo, no solo para testimonio sino para
que el Nombre del Señor sea Glorificado.
Dios te
bendiga mucho.