Eclesiastés 5:5
Día 9
Devocional escrito por Guadalupe Infràn de Medina Celis
Eclesiastés
5:5 Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas.
El
autor del Eclesiastés hace una exhortación a acercarse a Dios con reverencia.
Qué significa esta palabra: “Es la pureza personal y el respeto por uno mismo, que lleva a comportarnos de manera correcta con las otras personas”.
El
predicador en este capítulo habla del aspecto espiritual de la vida.
Habla
de la conducta adecuada que debemos
demostrar ante la Presencia de Dios.
Los que asisten a la
casa de Dios no deben apresurarse a hablar, sino a escuchar.
Vivimos
en una sociedad donde no hay respeto ni siquiera para escucharnos.
El trajín, la rutina, los demás, las preocupaciones, nos han hecho olvidarnos de empatizar con el del al lado.
Y se perdió el respeto.
En
lo mínimo, subís al colectivo, no se cede un asiento, ya no existe el dar gracias,
el por favor, el pedir permiso…
Dios es Santo y debe ser reverenciado.
Cuando
entramos en Su Presencia debemos hacerlo con respeto.
Nunca
debemos dar por menos la Presencia de Dios.
Salomón,
tenía una manera tan dulce de expresar su amor a Dios, y lo hacía usando
comparaciones metafóricas hermosas.
Cuando
llegamos al versículo de nuestro devocional nos habla que muchas veces una
persona hace compromisos con ligereza,
me pasó, comprometerme para algo y no llevarlo a cabo.
Hasta
que entendí que no fallaba a hombre alguno, sino a Dios.
Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla: es de valientes y sabios honrar a Dios al cumplir la palabra que uno ha dado.
Sería
mejor que no prometas, y no que
prometas y no cumplas.
·
Dios no toma nuestras
vidas a la ligera
·
No nos apresuremos a
hacer votos a Dios.
El
cumplimiento de las promesas es un valor primordial que ha sido y sigue siendo
fundamental en la vida humana.
En
la sociedad actual, las promesas juegan un papel muy relevante en nuestras relaciones
interpersonales y laborales, y cumplirlas es esencial para mantener la
confianza y el respeto mutuo.
Este versículo nos muestra que nuestras palabras tienen un gran poder y que debemos ser cuidadosos al hacer promesas, ya que no cumplirlas puede tener consecuencias malas.
Prometer
algo es fácil, pero cumplir con esas promesas requiere de compromiso y
responsabilidad.
Cumplir con nuestras promesas es fundamental para mantener la confianza y el respeto mutuo.
Si
le prometemos algo a alguien y no cumplimos, esa persona puede llegar a perder
la confianza en nosotros y puede haber un deterioro en la relación.
Y
hasta en muchos casos, tratándose de lo financiero, las consecuencias pueden ir
más lejos: legales o judiciales.
Por
otro lado, cumplir con nuestras promesas nos ayuda a fortalecer nuestro carácter
y a construir nuestra reputación.
Si somos personas que cumplen con su palabra, tendremos un buen testimonio ante Dios y seremos valorados por los demás.
Esta hermosa Palabra invita a reflexionar sobre la
importancia de ser
responsables y comprometidos con nuestras promesas.
Cuando hacemos una promesa, debemos pensar en si realmente
podemos cumplirla y qué consecuencias puede haber si no lo hacemos.
Es mejor no prometer algo que sabemos que no podremos
cumplir.
Además, este versículo nos recuerda que nuestras palabras tienen un gran poder y debemos tener cuidado con lo que decimos.
No
debemos prometer algo sólo para complacer a alguien o para salir del paso, sino
que debemos ser sinceros y realistas.
Es importante que seamos conscientes de lo que sale de nuestra boca, porque primero es lo que hay en nuestro corazón, y que antes estuvo en nuestro pensar .
¡OJO CON LO QUE PROMETEMOS, NO SEAMOS LIGEROS, NI FLOJOS!
Debemos pensar antes de prometer algo y ser honestos y realistas para no generar falsas expectativas.
Además,
si hemos hecho una promesa, debemos ser fieles a nuestra palabra y cumplirla a
toda costa.
Pero
antes que nada, debemos creer nosotros en lo que prometemos, sino es como la
nada misma.
- A veces no pensamos
que podemos lastimar a otro.
- Y hasta nos pueden
tildar de palabreros, en vez de personas que se mantengan veraces.
Jesús nos aconseja
sabiamente
Mateo 5:
33-37 Además
habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al
Señor tus juramentos. 34 Pero yo os digo: No juréis en
ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; 35 ni
por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque
es la ciudad del gran Rey. 36 Ni por tu cabeza jurarás,
porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. 37 Pero
sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal
procede.
Que el Espíritu Santo
sea esa luz roja, advirtiéndonos sobre peligro en nosotros, para que seamos personas
dignas de comportarnos como El Señor lo requiere.
Dios le bendiga.