Efesios 4:29
Día 8
Devocional escrito por Santiago
Medina Celis
Efesios
4:29 Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca…
Según un estudio realizado, afirman que si estás hablando con un amigo como de costumbre, probablemente en dicha conversación estás diciendo entre cien y ciento treinta palabras por minuto, aunque algunos apuntan a un rango algo mayor, entre ciento veinte y ciento cincuenta.
¿Alguna
vez te has puesto a pensar en esta pequeña o gran curiosidad?
La verdad que yo no, pero como “el saber no ocupa lugar”, viene bien aprender algo nuevo.
Ø “Hay personas que hablan hasta por los codos”, como suelen decir, y
otras, “Que hablan lo justo y necesario.”
Para todos los que tenemos la posibilidad y la bendición del habla, Dios nos da un Consejo: tengamos cuidado de lo que sale de nuestra boca.
Para
entender este pequeño versículo, que es un corto consejo, debemos saber que en
este capítulo el Apóstol Pablo, estando preso por predicar El Evangelio, escribió
una carta a los Efesios
aconsejando a que permanezcan unidos en El Espíritu.
Esto no es otra cosa que tenga con el prójimo el Amor de Cristo, sabiendo que permaneciendo en Él, cada uno trataría a su Hermano con mansedumbre, con paciencia, con hospitalidad, aconsejando a mirar a Jesús, etc.
El Apóstol hacía hincapié a que la Nueva Vida en Cristo era totalmente diferente a la vida terrenal.
Ø Aconsejaba a que no miraran las cosas vanas de este
mundo, como lo hacen aquellos que no conocen y no siguen El Evangelio.
Ø A que se mantengan santos, a que peleen por permanecer distintos a los incrédulos.
Ø Pero, también era necesario destacar que muchas veces lo
que sale de nuestros labios pueden tirar por la borda lo que profesamos.
1 Corintios
15:33 No erréis; Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres.
Si vemos con atención, al principio del versículo ya nos da una advertencia, como diciendo “piensen o tengan mucho cuidado”, no ensucien con palabras lo que se predica.
Este
Consejo es para hoy, muchas veces hablamos y luego pensamos.
Sin
embargo debería ser lo contrario.
Una
vez escuche a alguien decir, ¿Por qué la cabeza está arriba de la boca? ¡Para
pensar antes de hablar!
Su
respuesta tiene mucha lógica, pero ¡Cuesta tanto!.
En la Carta de Santiago se nos dice:
Santiago
3:1-12 Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que
recibiremos mayor condenación. 2 Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no
ofende en palabra, este es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el
cuerpo. 3 He
aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan,
y dirigimos así todo su cuerpo. 4 Mirad también las naves; aunque tan grandes, y
llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por
donde el que las gobierna quiere. 5 Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se
jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!
6 Y la lengua es
un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y
contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es
inflamada por el infierno. 7 Porque
toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se
doma y ha sido domada por la naturaleza humana; 8 pero ningún hombre puede
domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno
mortal. 9 Con
ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están
hechos a la semejanza de Dios. 10 De una misma boca proceden bendición y maldición.
Hermanos míos, esto no debe ser así. 11 ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura
agua dulce y amarga? 12 Hermanos
míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también
ninguna fuente puede dar agua salada y dulce.
¡Wow!
Qué cuidado tenemos que tener a la hora de hablar.
Al
ver este pasaje, me hago varias preguntas y te invito a que te las hagas vos
mismo/a:
·
¿Cuántas veces nos
creímos ser más sabios o más inteligentes que los demás?
Sin
embargo, fuimos tan necios de pensar eso, porque el orgullo de nuestro corazón nos
hacía creer que éramos superiores por el hecho de tener la razón.
·
¿Hemos ofendido con
nuestras palabras?
Creería
que demasiado, y aun más de las que me puedo acordar.
·
¿En cuántas oportunidades
prometí a Dios algo y he faltado a mi
palabra?
Muchas... ¡Demasiadas!
·
¿Cuántas veces salieron
de mi boca malas expresiones o malas palabras?
Y
no me daba cuenta que era peor que una cloaca.
Y así podemos enumerar las veces que hemos pecado con ese pequeño miembro que es la lengua.
¡Sin embargo, abogado tenemos! Jesucristo hoy nos quiere limpiar y hacernos nuevos, hasta purificar nuestros labios.
Nos recuerda:
1 Juan 2:1
Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado,
abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.
Recordemos de pensar
antes de hablar para no contaminarnos y no contaminar a los demás, y que todo
lo que digamos sea para la Gloria de nuestro Dios. Amén.