Efesios 5:8
Día 11
Devocional escrito por Mónica Marchi de Massera
Efesios
5:8... En otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor...
¡Precioso texto que nos recuerda la nueva identidad que recibimos al aceptar al Señor en nuestro corazón!
Todo
ser humano está sujeto a cambios a lo largo de toda su vida.
- Primero:
nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos.
- Luego:
a medida que crecemos y nos desarrollamos, vamos adquiriendo y adoptando
hábitos y costumbres que nos van definiendo como seres sociables y sociales.
- Vamos conociendo gente; algunos nos acompañarán por varios años como nuestros amigos y a otros los iremos dejando de lado por “esas cosas de la vida” ¿Verdad ?
Todos estos cambios, por lo tanto, nos van definiendo y marcando, ya sea la personalidad o la forma de ser, y de relacionarnos con los demás, con el entorno que nos rodea.
Ø Pero hay un cambio que experimentamos y que será
determinante en nuestra vida: es cuando decidimos (porque es una decisión
personal) recibir a Cristo en nuestro corazón y comenzamos a formar parte de la
Familia de Dios.
¡Qué
hermoso momento! ¡Cómo disfrutamos de estos nuevos pasos en el Camino del Señor!
Todo es nuevo, todo es distinto, renovado, vemos y sentimos en nuestro ser cómo Dios nos va moldeando y trabajando a través del Espíritu Santo...
Y lo más lindo es descubrir que los que nos rodean, también lo perciben y notan nuestro cambio, y descubren con agrado esta Nueva Vida que estamos transitando.
Este
hecho fundamental, que puede ocurrir en cualquier momento de nuestra vida, también
conlleva otro cambio trascendental: pasar de la oscuridad en la que vivíamos a
la Luz de Cristo.
Es muy importante que como Hijos de Dios podamos reconocer que REALMENTE antes vivíamos en oscuridad.
Aunque
muchos digan “yo nunca maté a nadie”, “yo jamás robé nada”, etc. etc.....
El
simple hecho de vivir a espaldas de Dios, ya nos hace estar en oscuridad.
Por eso es importante reconocer nuestro estado y DECIDIR cambiarlo, o sea, salir de esa oscuridad y volvernos a la Luz de Cristo.
2 Corintios 5:17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.
Esto es fundamental para todo Hijo de Dios.
- Desde
el momento en que recibimos a Cristo en nuestro corazón, nuestra vida cambia
radicalmente, lo que hacíamos antes, ya no lo hacemos.
La
vida que llevábamos hasta ese momento, ya no la llevamos más.
Ahora
todo es nuevo, distinto, mejor...
Ahora
bien, analicemos el versículo en su totalidad:
Porque en
otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos
de luz.
Ø Esto quiere decir que no solamente AHORA somos Luz, sino
que DEBEMOS
ANDAR como Hijos de Luz.
Y
La Palabra de Dios continúa:
Efesios 5:
9-13 (porque el fruto del Espíritu es en tda bondad, justicia y verdad), 10 comprobando lo que es agradable
al Señor. 11 Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas,
sino más bien reprendedlas; 12 porque vergonzoso es aún hablar de lo
que ellos hacen en secreto. 13 Mas todas las cosas, cuando son
puestas en evidencia por la luz, son manifiestas; porque la luz es lo que
manifiesta todo.
O
sea que no sólo debemos andar como Hijos de Luz, sino que debemos alejarnos de
toda obra infructuosa, y aún más: reprenderla.
Y
ni siquiera comentar o “festejarles” las malas obras que ellos cometen.
Ya
que todo se pone de manifiesto al ser expuesto a la luz, es nuestro deber exponerlo
y hacerlo notorio.
Pero, ¿Qué significa infructuoso/a?
Por definición, es algo (o alguien) ineficaz, inútil, que no sirve para nada, que no aprovecha a nada, improductivo...
Juan 15:5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.
- El Señor nos llamó a dar fruto, a ser fructíferos, por lo cual debemos mantenernos en la Luz, en Su Luz.
- Y esto lo lograremos si nos mantenemos unidos a Él, fuera de Él no somos nada, no alcanzaremos ningún objetivo, y obviamente, no podremos dar ningún fruto.
- Con
lo cual, no estaríamos haciendo Su Voluntad ni cumpliendo la tarea que nos fue
encomendada.
1Tesalonicenses 5:5-8 Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos hijos de la noche ni de las tinieblas. 6Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios. 7Pues los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan. 8 Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo.
Aquí
el Apóstol Pablo lo explica claramente: debemos mantenernos atentos y vigilantes
(obras del día), y no dormidos o embriagados (obras de la noche).
Utilizando
las armas que nos fueron dadas para tal fin.
- Y
con la mirada puesta en el Objetivo por Excelencia: la Salvación de nuestra
alma.
Para esto contamos con la Mejor Ayuda: El Espíritu Santo.
Mateo 5:14-16 Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. 15 Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. 16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.
Juan 8:12 Otra vez Jesús les habló diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.
Somos
Luz, pero ¿por qué? Porque hemos recibido como Herencia la Luz de Cristo.
- Esa
Luz que no se puede esconder u ocultar.
- Esa
luz que tiene que brillar por siempre en el mundo; y es nuestra tarea
esparcirla y mostrarla a los que no la tienen.
Y
en relación al Apóstol Pablo, su vida es un claro ejemplo de este tremendo y drástico
cambio que puede experimentar un ser humano.
¡Él vivía totalmente de espaldas a Dios, a tal punto que perseguía a los cristianos para matarlos! Pero cuando El Señor se le apareció en Damasco todo cambió...
Hechos
9:1-9 Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor,
vino al sumo sacerdote, 2 y le pidió cartas para las
sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este
Camino, los trajese presos a Jerusalén. 3 Mas yendo por el
camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un
resplandor de luz del cielo; 4 y cayendo en tierra, oyó
una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? 5 Él
dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura
cosa te es dar coces contra el aguijón. 6 Él, temblando y
temeroso, dijo: Señor, ¿ qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate
y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. 7 Y
los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz,
mas sin ver a nadie. 8 Entonces Saulo se levantó de
tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano,
le metieron en Damasco, 9 donde estuvo tres días sin ver,
y no comió ni bebió.
Fíjense,
Hermanos, qué tremendo cambio vivió Saulo (Pablo), que lo transformó de ser el
perseguidor de cristianos, a ser uno de los más grandes Apóstoles.
¡Así
actúa El Señor!
Por
lo tanto, no podemos negar que El Señor nos habla claramente y en innumerables
oportunidades sobre este tema.
Sólo debemos prestar atención a Su Palabra.
Ø Al recibir al Señor en nuestro corazón, recibimos Su Luz; y esa Luz es la que debemos hacer brillar en medio de un mundo que anda en oscuridad y en tinieblas.
Es nuestra responsabilidad como Hijos de Luz llevar la Luz de Cristo a todo aquel que esté en oscuridad.
¿Qué honor tan grande que El Señor nos haya escogido para semejante tarea, verdad?
Y
no nos olvidemos que para permanecer en la Luz debemos aumentar nuestro tiempo
de comunión e intimidad con El Padre, porque no podemos dar a otros lo que no
poseemos primero nosotros.
Así que, Hermanos, ¡Manos a la obra y a brillar como bellas luciérnagas en un cielo de verano! ¡Brillemos con la Luz de Cristo!
¡Dios
les bendiga!