Éxodo 20:17
Día 12 Devocional escrito por Carlos Chaves Éxodo 20:17 No codiciarás. Este es el último de los Diez Mandamientos dado por Dios a Moisés en el Monte Sinaí. Antes de seguir explayándome en el devocional de este día, es importante saber el significado de la palabra “codiciar”: se refiere al deseo intenso de poseer algo que pertenece a otra persona, ambicionar, ansiar, anhelar, envidiar, pretender. En hebreo esta palabra se traduce Chamad, comúnmente en español que significa: codicia, lujuria, deseo intenso. El término codiciar es neutral, y puede referirse a desear algo bueno. Salmos 19:10 Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; Y dulces más que miel, y que la que destila del panal. 1 Corintios 12:31 Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino aún más excelente. El deseo no es malo en sí mismo. Los deseos de alcanzar un objetivo, lograr conseguir cosas no es “pecado”, se puede volver malo cuando estos son insaciables, inmoderados, y corrompen nuestros valores. La palabra codiciar en La Biblia representa el deseo maligno por poseer lo del otro, hasta el punto de hacer cualquier cosa para obtenerlo y desear que quien lo tenga lo pierda. La “codicia” va en contra de la naturaleza de Dios. Nos vuelve dependientes de lo que deseamos, y nos hace olvidar que dependemos de Nuestro Padre. Proverbios 30:8-9 Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí; No me des pobreza ni riquezas; Manténme del pan necesario; 9 No sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová? O que siendo pobre, hurte, Y blasfeme el nombre de mi Dios. Agur oraba para obtener lo suficiente, él tenía un deseo por alcanzar cosas. No deseaba más de lo que necesitaba, la contracara de Satanás, fue lo que lo llevó a caer de la Gracia. Isaías 14:12-15 ¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. 13 Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; 14 sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. 15 Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo. Ezequiel 28:12-17 Hijo de hombre, levanta endechas sobre el rey de Tiro, y dile: Así ha dicho Jehová el Señor: Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura. 13 En Edén, en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra preciosa era tu vestidura; de cornerina, topacio, jaspe, crisólito, berilo y ónice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y oro; los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación. 14 Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. 15 Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad. 16 A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector. 17 Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor; yo te arrojaré por tierra; delante de los reyes te pondré para que miren en ti. También fue causante de la caída de Adán y Eva en el paraíso. Génesis 3:1-6 Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? 2 Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; 3 pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. 4 Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; 5 sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. 6 Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. Los Diez Mandamientos terminan con este imperativo contundente: NO CODICIARÁS No debemos de olvidar Amigo, Hermano que la codicia es la raíz de todos los pecados, por eso es tan peligroso, nos puede llevar a no estar contentos con lo que Dios nos provee. Es un pecado que nos ciega a lo que realmente es importante, y nos hace negar de las cosas eternas por el bien de las cosas mundanas. 1 Juan 2:15-16 No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. 16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. El desmesurado amor por las cosas de este mundo es una actitud del corazón . A Dios no solo le importa lo que hacemos si no también lo que deseamos. El Apóstol Pablo en su discurso de despedida nos deja una enseñanza muy importante para tener en cuenta como Hijos de Dios. Hechos 20:33-35 Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado. 34 Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido. 35 En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir. Filipenses 4:10-13 En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad. 11 No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. 12 Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. 13 Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Por eso es más que importante, que nos cuidemos de las influencias que este mundo caído nos pueda ofrecer para no ser arrastrado por ellas. La verdadera felicidad se encuentra cuando estamos contentos con lo que El Señor nos da por Su Eterna Misericordia y no cuando codiciamos lo que no tenemos.