Filemón 1:4
Día 23
Filemón 1:4
Doy gracias a mi Dios, haciendo siempre memoria de ti en mis oraciones.
Esta pequeña carta es una carta personal. Va dirigida a Filemón. El Apóstol Pablo menciona a la esposa de Filemón llamada Apia, a su hijo, Arquipo y a la Iglesia que se reunía en su casa
La Iglesia se reunía en casa de Filemón.
Así fue durante los primeros 300 años de la
Iglesia.
Debido a la persecución la Iglesia se reunía en las
casas
Hoy nos reunimos en los Templo pero en distintas
partes del mundo todavía muchos cristianos son perseguidos.
Nosotros tenemos libertad para congregarnos y dar adoración
a Dios, debemos asistir con alegría y gratitud por tener libertad de culto.
Y también debemos orar por aquellos que arriesgan sus vidas por declarar su fe en Cristo, por los misioneros que llevan el mensaje a tierras tan hostiles, para que Dios sostenga sus vidas y que convierta las almas.
Esta pequeña carta trata sobre el perdón.
Filemón, hijo espiritual del Apóstol Pablo, tenía
un esclavo llamado Onésimo, éste un día escapó de su cada luego de robarle unas pertenencias y huyó hacia Roma con la
esperanza de no ser encontrado, pero no, es hallado y llevado a la cárcel.
Por la “causalidad” de Dios, en Roma Pablo estaba
preso, y es allí donde Onésimo escucha la
predicación del evangelio y viene a
Cristo.
El Apóstol Pablo se entera que Onésimo era un esclavo de Filemón y que había huido robándole algunas cosas, pero ahora ese esclavo se había convertido en Hermano y debía volver a la casa de su amo y Hermano.
Dios inspira a Pablo a escribir
esta maravillosa carta a Filemón, para que perdone y restaure a Onésimo.
Es imposible obviar cómo los Planes Perfectos de
Dios alcanzan al pecador para salvarle.
Dios siempre dará oportunidades, pondrá en su camino a
alguno de Sus Siervos para que pueda hallar la Gracia y alcanzar el perdón de pecados.
Onésimo vivía en un lugar de fe, allí no pudo
reconocer a Cristo, huyó con su pecado,
y lejos de su hogar, allí lo encontró El
Señor.
Es alentador creer que tantos que nos rodean y
hasta conviven con nosotros, resistiéndose a creer, El Señor tiene un lugar
donde saldrá a su encuentro y les abrazará con Su Perdón.
No importa qué hayan hecho, no importa cuál haya
sido el pecado, sin importar el dolor o la angustia que hayan causado a nuestro
corazón, deberá pesar más el hecho maravilloso de que Cristo les haya salvado,
que lo que hubiéramos tenido que vivir anteriormente.
Y de eso tenía que hablar Pablo con Filemón, mejor
dicho eso trataría el Espíritu Santo con Filemón, porque él también tenía que
perdonar a Onésimo.
Entonces Pablo le escribe:
Filemón 1: 4 Doy gracias a mi Dios, haciendo siempre memoria de ti en mis oraciones.
Le está diciendo es que siempre se acuerda de él y
lo tiene presente dando gracias a Dios
en sus oraciones.
Filemón 1: 5-7 porque oigo del amor y de la fe que tienes hacia el Señor
Jesús, y para con todos los santos; 6 para
que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que
está en vosotros por Cristo Jesús. 7 Pues
tenemos gran gozo y consolación en tu amor, porque por ti, oh hermano, han sido
confortados los corazones de los santos.
Filemón
era un hombre de fe, un hombre que socialmente estaba bien posicionado, tenía dinero,
y lo que él poseía lo brindaba para crecimiento del Evangelio y para ayudar a
la comunidad de fe. Tanto que la Iglesia de Colosas se reunía en su casa.
Pablo le dice oigo acerca de ti, Filemón
·
Del amor que tienes hacia el Señor Jesús
·
También de la
fe que tienes hacia el Señor Jesús
·
Del amor para todos los santos, los creyentes
·
El amor que demuestras para todos los demás
cristianos.
·
Por tu amor has confortado el corazón de la Iglesia
reunida en tu casa.
Pablo conoce en
verdad, que Filemón no es un cristiano cualquiera, lo que oye en sus prisiones
sobre su Hermano es confortante.
Por
esa razón no duda en llamarle a hacer lo correcto por razones del Evangelio
Filemón 1:8 Por lo cual, aunque tengo mucha libertad en Cristo
para mandarte lo que conviene, 9 más bien te ruego por amor, siendo como soy, Pablo ya
anciano, y ahora, además, prisionero de Jesucristo; 10 te ruego por mi hijo
Onésimo, a quien engendré en mis prisiones,
A
este esclavo, el Apóstol Pablo aun en cadenas había guiado a la fe en Jesús, y por eso
cariñosamente llama “Mi hijo Onésimo”.
Se puede encadenar al
mensajero, pero nunca el Mensaje del Evangelio.
Pablo conocía el gran corazón de
su hijo espiritual, pero ahora va a pedir a Filemón que perdone a Onésimo.
A esta altura, podemos ver que el Evangelio invita a perdonar cualquier ofensa.
En ese tiempo, si un esclavo escapaba se estaba jugando la vida, y este caso era más grave, pues Onésimo había escapado luego de robar a su amo. El esclavo había firmado su sentencia de muerte.
Así
que, el llamado de Pablo a Filemón no era fácil, pero el Apóstol con gran
confianza le pide:
Filemón 1:
17 Así que, si me tienes por compañero, recíbele como a mí mismo.
La
solicitud no era fácil, no sólo por lo hecho por el esclavo, sino también por
las leyes romanas y además por la presión de la cultura, que esperaba que el
amo aplicara las sanciones necesarias para dar el ejemplo.
Lo que Pablo solicitaba a Filemón era difícil, sin la Gracia de Dios, pero él era un verdadero creyente.
El Apóstol confiaba en que su Hermano haría lo correcto.
Qué llamado tan
grande para nosotros, lo correcto siempre será lo que Dios solicite
de parte de los creyentes.
Pablo esperaba la mejor reacción de Filemón, tanto que él mismo se pone como garantía, para pagar por el daño que Onésimo le había causado.
Filemón 1:18 Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta.
El
pedido apuntó a darle en todo la Gloria a Dios, si realmente Filemón entendía
el Evangelio, haría lo que honra al Señor, por eso Pablo lo anima con sabias palabras:
Filemón 1:20
Sí, hermano, tenga yo algún provecho de ti en el Señor; conforta mi corazón en
el Señor.
Y la demanda iría un
poco más allá del perdón…
Porque
muchos estaríamos contentos con perdonar, pero pocos pensaríamos en restaurar,
no solo la relación, sino también el servicio de un esclavo prófugo y ladrón.
Ese sería el desafío de
Filemón: perdonarle y restaurarle.
Fuimos
perdonados por medio de Cristo, cuando éramos esclavos prófugos de Dios, por eso se nos pide hacer lo
mismo.
Pablo entiende por el
Espíritu, que Filemón no solamente debe de perdonar a Onésimo, sino también que
debería restaurarlo.
ü Ahora el esclavo es
libre de la esclavitud del pecado,
ü Ahora es útil a
Pablo, pero también a su amo,
ü Ahora es hermano en
la fe.
Que
enseñanza tan valiosa de Pablo a Filemón, pero no solo para él, también para
nuestras vidas.
No bastaba con perdonar,
también había que restaurar.
Filemón 1:21
Te he escrito confiando en tu obediencia, sabiendo que harás aun más de lo que
te digo.
Que historia tan
impactante, un amo llamado a perdonar y restaurar y un esclavo prófugo
convertido, que ahora se le solicita retornar.
El evangelio de
Jesucristo es eficaz:
ü Transforma las vidas,
ü Cambia los corazones.
ü Perfecciona a los creyentes, conforme el Diseño Divino.
Onésimo
tuvo que armarse de valor para no solo enfrentar su falta, sino presentarse
ante Filemón, su amo.
¿Se
animaría Usted a hacerlo? Si no estaría seguro que el Evangelio es eficaz,
seguramente no.
Onésimo debería de reconocer su falta, pero con la certeza de que su amo haría lo correcto, según la enseñanza del Mensaje del Evangelio, que habían creído.
ü El evangelio fue
eficaz en el corazón de Onésimo,
ü Pero también había sido eficaz en la vida de aquel amo que conoció en el pasado, Filemón.
Él le había fallado, pero al recibir su libertad espiritual, pudo ver todas las virtudes de Filemón.
Por eso, no debía
temer de emprender el viaje de regreso, debía presentarse ante su amo, y
enfrentar la situación.
Ambos conocían y habían sido impactados por las Buenas Nuevas de Salvación.
De
Onésimo luego el Apóstol Pablo se refiere así: Onésimo, amado
y fiel hermano, que es uno de vosotros… ya no era el ladrón y fugitivo, era un colaborador en la Obra del Señor.
Colosenses 4:7-9 Todo lo que a mí se refiere, os lo hará saber Tíquico, amado hermano y fiel ministro y consiervo en el Señor, 8 el cual he enviado a vosotros para esto mismo, para que conozca lo que a vosotros se refiere, y conforte vuestros corazones, 9 con Onésimo, amado y fiel hermano, que es uno de vosotros. Todo lo que acá pasa, os lo harán saber.
Es maravillosa la obra
de transformación del Evangelio en las vidas.
Todos en algún momento
de nuestro Camino podemos pasar por una situación semejante a esta: defraudados
en la confianza, asaltados en nuestra buena fe, nos han robado no solo
pertenencias: tiempo, esperanza, paz, el sueño…
Nos han roto el corazón,
dejado con heridas, dolor, decepción …
Personas que han
obrado mal, hermanos que nos han fallado…
Sean creyentes o no,
la demanda para los que estamos en la fe es la misma, para uno u otro caso.
Dios nos dé el valor, pero sobre todo la convicción, de reconocer que el creyente en Cristo, ha sido capacitado, no solo para perdonar las ofensas más crueles, sino también a restaurar la relación con aquellos que nos han lastimado.