Filipenses 2:3
Día 18
Devocional escrito por Mercedes Martínez de Stein
Filipenses 2:3 Nada hagáis por contienda o por vanagloria...
En
su carta, el Apóstol motivó a estos creyentes a mantener como principio moral
la humildad y la unidad.
Estas son dos virtudes muy importantes y de gran estima a los Ojos del Señor, ya que, como Hijos de Dios, es necesario mostrar una buena actitud para dar testimonio de que Cristo reina en nuestras vidas.
El Apóstol Pablo nos advierte que no debemos hacer nada por rivalidad o por vanidad.
Ø La rivalidad es la competición desleal con otros, en la que buscamos demostrar que somos mejores, más inteligentes o más exitosos que ellos.
Ø La vanidad es la idolatría del yo, en la que nos creemos superiores a los demás y buscamos la aprobación y el reconocimiento por encima de todo.
Ø Ambas actitudes son dañinas para nosotros y para los
demás, ya que nos llevan a actuar con orgullo, celos, envidia e insatisfacción.
Dios
conoce los corazones, los prueba y da a cada uno conforme a sus obras.
Por
lo tanto, si estamos haciendo las cosas para nuestra jactancia, tarde o temprano,
hemos de recibir el pago por nuestras malas acciones, porque …Todo lo que el
hombre sembrare, eso también segará. Gálatas :7
·
La humildad y la
estimación de los demás.
La
humildad implica … Estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo. Filipenses 2:3
Ser humilde es estimar a los demás como superiores a nosotros mismos.
Esto
no significa que debamos menospreciarnos ni que los demás sean perfectos o infalibles.
Más
bien, significa reconocer que los demás tienen valor y dignidad como seres
humanos, que merecen nuestro respeto y nuestro amor, incluso si no estamos de
acuerdo con ellos o si nos han lastimado.
La
humildad nos ayuda a mantener una actitud abierta, bondadosa y compasiva hacia
los demás, y a ser más empáticos y comprensivos.
·
La importancia de la
humildad en la vida cristiana
La
humildad es una virtud fundamental en la vida cristiana, porque nos acerca a
Dios y a nuestros hermanos.
ü En primer lugar, la
humildad nos hace conscientes de nuestra dependencia y nuestra necesidad de
Dios, que es el Único Dueño y Señor de nuestras vidas.
Nos
ayuda a reconocer nuestra condición de pecadores, a pedir perdón y misericordia
por nuestras faltas.
ü En segundo lugar, la
humildad nos permite relacionarnos con los demás de manera justa y equilibrada,
sin imponer nuestra voluntad ni humillar a los demás.
Nos permite ser pacientes, compasivos, generosos y amables con los demás, como lo fue Jesús con nosotros.
1 Corintios
10:24 Ninguno busque su propio bien, sino el del otro.
Efesios 4:2 con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor,
Debemos
morir al orgullo, y pedirle al Señor que se nos revele cada día Su Amor y Su
Humildad para poder expresarla a los demás.
La
Palabra nos enseña el poder de la unidad y del acuerdo, siendo sinceros y
reconociendo nuestras fallas para evitar que nuestro compañerismo sea corrompido
por cualquier situación o disgusto; no dando lugar al diablo, sino buscando
siempre el camino de la reconciliación y si nos han fallado estemos dispuestos
a perdonar porque de esta manera hacemos la Voluntad del Padre.
Salmos
133 ¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es ¡Habitar los hermanos juntos en
armonía!
Si te sientes
identificado con esta Palabra, o has tenido estas actitudes feas para con los
demás, y al leer esto Dios trajo Luz a tu vida y te hizo entender que no
estabas actuando de la mejor manera y quieres que El Señor cambie tu corazón has
esta oración conmigo.
Padre celestial,
gracias por este día, por Tu Amor, y por cada una de Tus Enseñanzas que me guían
por el camino correcto.
Por eso te pido que
examines mi corazón, cada una de mis intenciones, y me des la fuerza para
vencer las veces que el viejo hombre quiere tomar lugar y hacer sentir mal a
los que están a mi alrededor.
Te pido perdón por
cada actitud orgullosa y despreciativa.
Señor Jesús, límpiame
con Tu Sangre Preciosa, perdóname y enséñame cada día a ser más como Tú para
que otros vean que Tus Palabras reinen en mi ser y para que Tu Nombre sea Glorificado.
En el Nombre de
Jesús. Amén.