Martes, 26 de Noviembre del 2024

Filipenses 3:16

Día 26

Devocional escrito por Mónica Marchi de Massera

 

Filipenses 3:16... Sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa.

 

Una vez más, el Apóstol Pablo en una de sus cartas (esta vez a los Hermanos de Filipos), nos recuerda y nos exhorta cómo debe ser la vida y la conducta cristiana.

Veamos lo que nos dice en los versos

Filipenses 3:15 - 16 Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios. 16Pero en aquello a que hemos llegado, sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa.

 

Notemos que Pablo nos llama “perfectos”; y esto no es jactancia ni vano orgullo, muy por el contrario.

Hemos sido llamados así, por el mismo Señor Jesús:

Mateo 5:48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre es perfecto.

 

Por lo tanto, si hemos sido justificados y santificados por la Sangre de Cristo, entonces debemos sentir lo mismo.

Y si no lo sentimos, acudimos a Dios, y Él nos revelará el camino a seguir.

 

En cuanto al versículo que nos regala hoy la Palabra de Dios, claramente es:

Ø Un llamado y una advertencia a mantener la Unidad en el Cuerpo de Cristo.

Ø Esto significa que cada miembro de la Iglesia debe tener los mismos objetivos, principios y valores espirituales.

 

No olvidemos que mantener la Unidad es fundamental para la vida cristiana, y es una de las principales razones por las que Pablo escribió a los Filipenses.

 

En la Iglesia, es esencial que los creyentes estén unidos en Su Amor por Dios y por los demás.

Sin dudas, el seguir una misma dirección y sentir lo mismo es absolutamente necesario a nivel espiritual, pero lo es también en nuestra vida secular, como individuos y como miembros de una sociedad.

 

Por ejemplo, en un hogar: no se podría avanzar si los responsables, los que dirigen la casa (los padres) no están en concordancia o en acuerdo en cómo manejar la familia.

Esa familia, ese hogar, seguramente no durará mucho en pie.

Fácilmente será destruido por la falta de comunión y de criterio que allí reina.

 

Es muy importante tener “un mismo sentir” en el Cuerpo de Cristo.

Filipenses 2:1-4  Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, 2 completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. 3 Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; 4 no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.

 

Notemos que este tema es recurrente en esta Carta de Pablo a los Filipenses, evidentemente él quería que lo entiendan y lo lleven a la práctica.

De la misma manera nos llega a nosotros: para que reflexionemos, analicemos y pongamos por obra esta característica fundamental del Cuerpo de Cristo.

 

Ahora, ¿Qué nos puede unir en un mismo sentir?

Pablo tiene la respuesta a esta pregunta: imitar el sentir o la actitud de Cristo, que fue completamente diferente a la actitud de Lucifer, el cual ambicionó un lugar mayor y quiso ser igual a Dios.

 

Entonces, esto nos habla de humildad, servicio y amor al prójimo, sentirnos parte de ésta gran Familia, que es la Iglesia del Señor.

¿No podemos tener un mismo sentir y caminar juntos si no nos sentimos parte, no les parece?

 

Veamos otro ejemplo:

Filipenses 4:2-3 Ruego a Evodia y a Síntique, que sean de un mismo sentir en el Señor. 3 Asimismo te ruego también a ti, compañero fiel, que ayudes a estas que combatieron juntamente conmigo en el evangelio, con Clemente también y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida.

 

En este caso, Pablo “ruega” a los hermanos que sean de un mismo sentir.

Es la condición indispensable para que el Cuerpo avance de manera armónica: que cada miembro cumpla su función, y así todos juntos en armonía, hagan avanzar y caminar correctamente al Cuerpo de Cristo.

 

Conociendo el amor de Pablo por su obra, y por los hermanos que se iban sumando en cada una de las Iglesias que habría, podemos entender ese ruego, esa súplica por lograr la Unidad y el mismo sentir entre ellos.

 

Nosotros, hoy por hoy, no podemos mantenernos afuera de esta realidad.

Ø Busquemos y reconozcamos a Cristo en cada uno de los Hermanos de la Iglesia.

Ø Su Sangre se derramó por ellos y por mí.

Ø Eso me hace Familia, me hace Uno con cada uno de Ellos.


Y no importa ni el tiempo, ni la distancia.

Tengo que entender que soy parte, me encuentre donde me encuentre y haga el tiempo que haga que estoy en El Camino...


Porque, siempre, siempre, voy a esforzarme por sentir lo mismo que mi Hermano y voy a pelear por lograr esa Unidad que anhelaba el Apóstol Pablo para con los primeros cristianos.

 

Defendamos la casa donde nos congregamos, defendamos nuestra Familia de la Fe, desde el Hermanito más pequeño hasta el más grande.

¡Todos merecieron el mismo Sacrificio de nuestro Señor! 

¡Dios les bendiga!