Domingo, 1 de Octubre del 2023

Filipenses 3:20

                                                                                                                                                             Día 1

Filipenses 3:20 Mas nuestra ciudadanía está en los cielos...

El haber nacido en Argentina, hace figurar en cada uno de mis documentos que mi nacionalidad es esa.

Cada quien en el país que haya nacido marcará en su documento o pasaporte que esa es su ciudadanía.

Sea cual sea el país en el que vivamos, nuestra ciudadanía lleva consigo derechos y responsabilidades; y la mayoría consideramos que es algo valioso que no debe tomarse ligeramente

 

En el libro de los Hechos, encontramos al Apóstol Pablo en problemas.

Cuando los soldados romanos lo arrestaron por haber causado un disturbio en Jerusalén, se prepararon para interrogarlo y azotarlo, pero con una sola pregunta Pablo logró evitarlo:

Hechos 22: 25  Pero cuando le ataron con correas, Pablo dijo al centurión que estaba presente: ¿Os es lícito azotar a un ciudadano romano sin haber sido condenado?

Es como que el Apóstol le dijo al capitán, : ¿Tienen ustedes autoridad para azotar a un ciudadano romano y además sin haberlo juzgado?

Éste detuvo el flagelo, pues sabía que si seguía adelante él mismo podría terminar en la cárcel.

Era así porque Pablo, por el hecho de ser ciudadano del Imperio Romano, significaba que tenìa ciertos derechos que no podían ser violentados.

·        Pablo estaba consciente de su identidad de ciudadano romano y de los beneficios de tal ciudadanía.

·        Pero también sabía que él tenía otra identidad que lo hacía merecedor de un conjunto de beneficios mucho mejores:

Filipenses 3:20 Mas nuestra ciudadanía está en los cielos...

 

El Apóstol Pablo nos enseña  que los Hijos de Dios, también tenemos otra ciudadanía: Una celestial.

Esto significa un estilo de vida marcado por la vida misma de Cristo Jesús.

La palabra ciudadano viene del griego politeuo y significa actuar como un verdadero ciudadano.

Hoy los creyentes somos ciudadanos del Reino de los Cielos, llamados a vivir una vida digna del Evangelio.

Usando una forma de pensar, de hablar y de actuar digna del Cielo.

 

Es difícil imaginarse cómo es el Cielo, y ninguno de nosotros puede saberlo a ciencia cierta, porque nadie lo ha visto en realidad; pero Jesús sí lo sabía, y trató de explicarlo,  cuando comenzó su ministerio público anunciando:

El Reino de los cielos se ha acercado

Mateo 4, 17 Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.

Luego, lo demostró curando a los enfermos, expulsando demonios, resucitando a los muertos, haciendo milagros asombrosos y proclamando la Misericordia de Dios.

Era el momento en que el Cielo irrumpía en este mundo de una manera totalmente sorprendente.

El Reino de los cielos ha llegado, se ha establecido  y está hoy aquí.

 

Podemos ver el Cielo en la tierra cada vez que nos reunimos a ofrecerle adoración.

Cuando atentamente recibimos Su Palabra, escuchando Su Voz que nos enseña Su Voluntad.

Al celebrar la Santa Cena del Señor, al participar del pan y el vino, se hacen vivos el Cuerpo y la Sangre de Cristo, recordándonos que por Su Sacrificio accedimos al beneficio de la Vida Eterna, y nos llena de esperanza y fe, que el Cielo de Dios es para nosotros.

En el lugar donde cualquiera de Sus Hijos se encuentre, y donde se glorifique a Jesucristo, ahí el Reino de los Cielos está presente

 

 

Por eso el Apóstol nos recuerda que nosotros somos ciudadanos del Cielo, extranjeros y peregrinos en este mundo; llevando una vida pura e intachable hasta el día que Cristo vuelva.

Comportándonos de un modo digno, creciendo en conocimiento y entendimiento, compartiendo las Buenas Nuevas de Jesús.

 

Por lo tanto, ¿Qué hacemos en esta tierra? Pues si tenemos la ciudadanía celestial, vendríamos a ser Embajadores de Cristo en esta tierra.

  • O también, podríamos decir que somos sus dignos representantes.
  • Debemos dar a conocer el Mensaje del Evangelio que se nos ha encomendado.
  • Agradando a Dios en todo lo que hacemos, trayendo Honra y Gloria a Su Nombre.
  • Pues solo de esta manera lograremos impactar el mundo que está perdido sin Dios.

 

Dios desea que su reino inunde la tierra, y quiere hacerlo a través de nosotros, Su Pueblo.

 

Veamos  qué significa ver cumplida la oración de Jesús de que se haga la Voluntad de Dios en la tierra como en el Cielo.

Mateo 6: 10 Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

Buscar que el Reino de Dios venga a la tierra es declarar nuestra gran necesidad de la Presencia, Provisión, Amor y Redención de Dios.

Nuestro Rey de Reyes nos ha dado un mandamiento de suma importancia:

·        Debemos llevar el reino de Dios con nosotros a donde sea que vayamos y proclamar este reino a través de todo lo que hacemos.

·        Somos llamados por Jesús a traer el cielo a la tierra.

 

Jesús les dice a Su Iglesia: 

Mateo 16:19 Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.

Se imagina por un momento ¿Cómo sería si el Pueblo de Dios proclamara el Reino de los Cielos por donde quiera que vaya?

¿Cómo sería, si la mayoría de nosotros decidiera aceptar el llamado de Dios, y dejaríamos de la lado la comodidad, los entretenimientos o los placeres de este mundo, para salir de nosotros mismos y vivir en la Perspectiva Eterna? Sin duda sería un Impacto.

Fuimos creados para provocar un Impacto en nuestra sociedad, y es mucho más grande de lo que podamos imaginar, porque contamos con el respaldo del Dios del Cielo.

Ese Impacto de Gracia, es un Impacto Eterno.

 

Dios ha colocado dentro de nosotros las llaves de las Puertas del Cielo, y anhela usarnos para liberar Su Amor, Gracia, Paz, Misericordia y Redención a todos aquellos que lo necesitan desesperadamente.

Él anhela impulsarnos para salir de la rutina diaria de la vida, llenarnos de Su Espíritu Santo, para apasionarnos por los intereses del Cielo, e involucrarnos  hasta ver la tierra transformada por Su Bondad.

 

Ver al Cielo venir a la tierra comienza con declarar primero nuestra propia necesidad de Dios.

Todo comienza con dibujar un círculo alrededor de nosotros mismos y permitir que Dios lo transforme de adentro hacia afuera.

No estamos llamados a ministrar a otros con nuestra propia fuerza.

Tampoco a descubrir cómo amar mejor a las personas.

Ni siquiera estamos llamados a tener el deseo de traer el reino de Dios a la tierra.

Todo el peso del Impacto Eterno descansa sobre el Poder y la Autoridad de nuestro Padre Celestial.

Todo lo que Él requiere de nosotros es que:

·        Tomemos el tiempo para dejar que Dios nos ame, que pueda manifestar Su Amor en cada área de nuestras vidas.

·        Para que nos inunde, nos llene con los deseos de Su Corazón

·        Para que sigamos Su Guía, Su Dirección, para que se cumpla Su Voluntad.

 

Como lo hizo el pequeño, que no dudó en compartir lo que tenía, Dios quiere tomar nuestros cinco panes y dos peces y multiplicarlos para alimentar las almas de miles.

Debemos decidirnos y decir que sí a asociarnos con el Espíritu Santo y permitir que Dios nos use para cambiar el mundo, al traer Su Reino a la tierra a través de simples actos de Amor y Obediencia.

Dios tiene Planes y son Perfectos, necesita un Pueblo activo, no pasivo ante tanta necesidad.

Seguramente El Espíritu Santo te está haciendo sentir el llamado de Dios, sólo disponte, será el mismo Espíritu de Dios, Quien te enseñe, capacite  te oriente al llamado de traer el Cielo a la tierra.

Abre tu corazón y tu mente a la Voluntad de Dios para tu vida, y permite que te llene de Poder y Autoridad hoy mismo, para hacer un Impacto de Gracia en tu barrio, con tu Familia, entre tus Amigos, donde seas movido lleves el Reino de los Cielos.


Nuestro Pastor dice que las Iglesias, los Templos pueden llenarse, pero todavía hay lugar en el Cielo.

Nosotros somos ciudadanos de esa Patria Celestial, pero todavía hay muchos que no han accedido 

Hay un desafío para cada uno de nosotros, ser imitadores de Jesús, para guiar una generación de hombres y mujeres que alaben y exalten al Único Dios Verdadero, recordando que no somos ciudadanos de este mundo; sino Embajadores de Cristo para llevar Su Amor y Buenas Noticias a quienes más lo necesitan.