Filipenses 3:20
Día 1
Filipenses 3:20 Mas nuestra
ciudadanía está en los cielos...
El haber nacido en Argentina, hace figurar en cada uno de mis documentos que mi nacionalidad es esa.
Cada quien
en el país que haya nacido marcará en su documento o pasaporte que esa es su ciudadanía.
Sea
cual sea el país en el que vivamos, nuestra ciudadanía lleva consigo derechos y responsabilidades; y la mayoría consideramos que es algo valioso
que no debe tomarse ligeramente
En
el libro de los Hechos, encontramos al Apóstol Pablo en problemas.
Cuando
los soldados romanos lo arrestaron por haber causado un disturbio en Jerusalén,
se prepararon para interrogarlo y azotarlo, pero con una sola pregunta Pablo
logró evitarlo:
Hechos 22:
25 Pero cuando le ataron con correas, Pablo dijo al
centurión que estaba presente: ¿Os es lícito azotar a un ciudadano romano sin
haber sido condenado?
Es como que el Apóstol le dijo al capitán, : ¿Tienen ustedes autoridad para azotar a un ciudadano romano y además sin haberlo juzgado?
Éste detuvo el flagelo, pues sabía que si seguía adelante él
mismo podría terminar en la cárcel.
Era así
porque Pablo, por el hecho de ser ciudadano del Imperio Romano, significaba que tenìa ciertos derechos que no podían ser violentados.
·
Pablo
estaba consciente de su identidad de ciudadano romano y de los beneficios de
tal ciudadanía.
·
Pero
también sabía que él tenía otra identidad que lo hacía merecedor de un conjunto
de beneficios mucho mejores:
Filipenses 3:20 Mas nuestra
ciudadanía está en los cielos...
El Apóstol
Pablo nos enseña que los Hijos de Dios, también
tenemos otra ciudadanía: Una celestial.
Esto
significa un estilo de vida marcado por la vida misma de Cristo Jesús.
La
palabra ciudadano viene del griego politeuo y significa actuar como un verdadero ciudadano.
Hoy
los creyentes somos ciudadanos del Reino de los Cielos, llamados a vivir una vida
digna del Evangelio.
Usando
una forma de pensar, de hablar y de actuar digna del Cielo.
Es
difícil imaginarse cómo es el Cielo, y ninguno de nosotros puede saberlo a
ciencia cierta, porque nadie lo ha visto en realidad; pero Jesús sí lo sabía, y
trató de explicarlo, cuando comenzó su ministerio público anunciando:
El
Reino de los cielos se ha acercado
Mateo 4, 17
Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a
decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.
Luego,
lo demostró curando a los enfermos, expulsando demonios, resucitando a los
muertos, haciendo milagros asombrosos y proclamando la Misericordia de Dios.
Era
el momento en que el Cielo irrumpía en este mundo de una manera totalmente sorprendente.
El Reino de los
cielos ha llegado, se ha establecido y
está hoy aquí.
Podemos
ver el Cielo en la tierra cada vez que nos reunimos a ofrecerle adoración.
Cuando
atentamente recibimos Su Palabra, escuchando Su Voz que nos enseña Su Voluntad.
Al
celebrar la Santa Cena del Señor, al participar del pan y el vino, se hacen vivos
el Cuerpo y la Sangre de Cristo, recordándonos que por Su Sacrificio accedimos
al beneficio de la Vida Eterna, y nos llena de esperanza y fe, que el Cielo de
Dios es para nosotros.
En
el lugar donde cualquiera de Sus Hijos se encuentre, y donde se glorifique a
Jesucristo, ahí el Reino de los Cielos está presente
Por
eso el Apóstol nos recuerda que nosotros somos ciudadanos del Cielo,
extranjeros y peregrinos en este mundo; llevando una vida pura e intachable hasta el día que
Cristo vuelva.
Comportándonos
de un modo digno, creciendo en conocimiento y entendimiento, compartiendo las Buenas
Nuevas de Jesús.
Por lo
tanto, ¿Qué hacemos en esta tierra? Pues si tenemos la ciudadanía celestial, vendríamos a ser Embajadores de Cristo en esta tierra.
- O también,
podríamos decir que somos sus dignos representantes.
- Debemos
dar a conocer el Mensaje del Evangelio que se nos ha encomendado.
- Agradando a Dios en todo lo que hacemos, trayendo Honra y Gloria a Su Nombre.
- Pues solo
de esta manera lograremos impactar el mundo que está perdido sin Dios.
Dios desea que su
reino inunde la tierra, y quiere hacerlo a través de nosotros, Su Pueblo.
Veamos
qué significa ver cumplida la oración de
Jesús de que se haga la Voluntad de Dios
en la tierra como en el Cielo.
Mateo 6: 10 Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo,
así también en la tierra.
Buscar que el Reino de Dios venga a la tierra es declarar nuestra gran necesidad de la Presencia, Provisión, Amor y Redención de Dios.
Nuestro
Rey de Reyes nos ha dado un mandamiento de suma importancia:
·
Debemos llevar el
reino de Dios con nosotros a donde sea que vayamos y proclamar este reino a
través de todo lo que hacemos.
·
Somos llamados por
Jesús a traer el cielo a la tierra.
Jesús les dice a Su Iglesia:
Mateo 16:19 Y a ti te
daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será
atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los
cielos.
Se imagina por un momento ¿Cómo sería si el Pueblo de Dios proclamara el Reino de los Cielos por donde quiera que vaya?
¿Cómo sería, si la mayoría de nosotros decidiera aceptar el llamado de Dios, y dejaríamos de la lado la comodidad, los entretenimientos o los placeres de este mundo, para salir de nosotros mismos y vivir en la Perspectiva Eterna? Sin duda sería un Impacto.
Fuimos creados para
provocar un Impacto en nuestra sociedad, y es mucho más grande de lo que podamos
imaginar, porque contamos con el respaldo del Dios del Cielo.
Ese Impacto de
Gracia, es un Impacto Eterno.
Dios
ha colocado dentro de nosotros las llaves de las Puertas del Cielo, y anhela
usarnos para liberar Su Amor, Gracia, Paz, Misericordia y Redención a todos aquellos
que lo necesitan desesperadamente.
Él
anhela impulsarnos para salir de la rutina diaria de la vida, llenarnos de Su Espíritu
Santo, para apasionarnos por los intereses del Cielo, e involucrarnos hasta ver la tierra transformada por Su Bondad.
Ver
al Cielo venir a la tierra comienza con declarar primero nuestra propia necesidad de Dios.
Todo
comienza con dibujar un círculo alrededor de nosotros mismos y permitir que
Dios lo transforme de adentro hacia afuera.
No
estamos llamados a ministrar a otros con nuestra propia fuerza.
Tampoco
a descubrir cómo amar mejor a las personas.
Ni siquiera estamos llamados a tener el deseo de traer el reino de Dios a la tierra.
Todo el peso del Impacto Eterno
descansa sobre el Poder y la Autoridad de nuestro Padre Celestial.
Todo
lo que Él requiere de nosotros es que:
·
Tomemos
el tiempo para dejar que Dios nos ame, que pueda manifestar Su Amor en cada área de
nuestras vidas.
·
Para
que nos inunde, nos llene con los deseos de Su Corazón
·
Para
que sigamos Su Guía, Su Dirección, para que se cumpla Su Voluntad.
Como
lo hizo el pequeño, que no dudó en compartir lo que tenía, Dios quiere tomar nuestros
cinco panes y dos peces y multiplicarlos para alimentar las almas de miles.
Debemos decidirnos y decir que sí a asociarnos con el Espíritu Santo y permitir que Dios nos use para cambiar el mundo, al traer Su Reino a la tierra a través de simples actos de Amor y Obediencia.
Dios tiene Planes y son Perfectos, necesita un Pueblo activo, no pasivo ante tanta necesidad.
Seguramente El Espíritu Santo te está haciendo sentir el llamado de Dios, sólo disponte, será el mismo Espíritu de Dios, Quien te enseñe, capacite te oriente al llamado de traer el Cielo a la tierra.
Abre tu corazón y tu mente a la Voluntad de Dios para tu vida, y permite que te llene de Poder y Autoridad hoy mismo, para hacer un Impacto de Gracia en tu barrio, con tu Familia, entre tus Amigos, donde seas movido lleves el Reino de los Cielos.
Nuestro Pastor dice
que las Iglesias, los Templos pueden llenarse, pero todavía hay lugar en el Cielo.
Nosotros somos ciudadanos de esa Patria Celestial, pero todavía hay muchos que no han accedido
Hay un desafío para
cada uno de nosotros, ser imitadores de Jesús, para guiar una generación de
hombres y mujeres que alaben y exalten al Único Dios Verdadero, recordando que
no somos ciudadanos de este mundo; sino Embajadores de Cristo para llevar Su
Amor y Buenas Noticias a quienes más lo necesitan.