Habacuc 3:2
Día
25
Devocional
escrito por Andrea Villalba
Habacuc
3:2 …Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos en medio de los tiempos
hazla conocer…
La oración
del Profeta de Habacuc debe ser nuestro clamor, para que Dios avive Su Presencia
en nuestras vidas en medio de la crisis espiritual que vivimos.
Este Libro habla de la comunión que tuvo Dios con el Profeta, una charla que abrió su entendimiento y quitó sus quejas.
El cuestionó al Señor por la injustica en Judá, al permitir tanto pecado,
sacerdotes corrompiendo La Ley, idolatrías, violencia y el olvido de la Torá.
La respuesta de Jehová a su protesta fue contundente: Él castigaría a Judá por su pecado a través del asedio de los Babilónicos.
Pero Habacuc vuelve a quejarse: ¿Por qué usaría a un reino sanguinario
para hacer justicia, acaso se había olvidado de Su Misericordia?
Y Dios le vuelve a responder: que también declaró el fin de sus opresores.
y allí recibe la tercera respuesta del Señor, le manda a escribir la visión. Y le
alienta.
Habacuc 2:3-4 Aunque la visión
tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque
tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará. 4 He
aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe
vivirá.
Al oír Sus Palabras se sintió confortado y por eso escribió en el
siguiente capítulo: Habacuc 3:2 Oh Jehová, he oído
tu palabra, y temí. Oh, Jehová, aviva tu obra en
medio de los tiempos hazla conocer...
Hoy esta Palabra es tan real para nosotros, al Profeta le dolía ver el pecado de sus hermanos, pero al recibir la Respuesta Divina, pudo elevar una alabanza y clamor,
“SER DESPERTADOS POR DIOS Y QUE SU PODER SE MANIFIESTE NUEVAMENTE”.
La necesidad de ser AVIVADOS POR EL ESPIRITU SANTO, hará que la
Obra Gloriosa de la Cruz sea conocida.
Y los hechos que describía este Varón de Dios son el reflejo de la Iglesia
hoy: la frialdad y la apatía, el pecado y la tibieza, la maldad y la
injusticia.
Esta necesidad de clamar por un despertar también debe surgir de lo más
profundo del corazón, anhelar que Su Presencia sea restaurada y que Su Espíritu
Santo vuelva encender la llama.
Para esto
necesitamos reconocer que necesitamos un ¡AVIVAMINETO URGENTE!
La Iglesia de Laodicea fue amonestada que debía arrepentirse:
Apocalipsis
3:14-16 Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén,
el
testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: 15 Yo
conozco tus obras, que ni eres frio ni caliente. ¡Ojalá fueses frio o caliente!
16 Pero por cuanto eres tibio, y no frio ni caliente, te vomitaré de mi boca.
Esta Iglesia era autosuficiente, no dependía del Señor, necesitaba ser
avivada.
Espiritualmente les faltaba fervor, su enfriamiento los hacia indiferentes a la necesidad, estaban cómodos y perezosos (evitaban el esfuerzo y el sacrificio) eran apáticos e indiferentes (habían perdido el entusiasmo a lo espiritual, la oración, la comunión, el servicio y la ayuda mutua).
Como
consecuencia esta Iglesia apagó el Fuego del Espíritu Santo, que es el MOTOR DE
TODO CREYENTE.
Un ejemplo de clamor por un avivar, fue el que hizo Moisés:
Éxodo
33:18 El entonces dijo: Te ruego que me muestres Tu gloria.
Es una oración que rompe mi corazón; Moisés hizo un ruego muy profundo, anhelaba ver la Presencia Dios obrando Poderosamente.
Necesitaba que el Pueblo de Israel conociera Su Gloria, en un contexto de
pecado e idolatría, cuando habían levantado el becerro de oro, Moisés suplicó
para que Su Pueblo recuperara el favor y la renovación de Su Presencia.
El Siervo sabía que no era fácil liderar un Pueblo tan duro y que
necesitaba que la Gloria lo guiara, porque allí El Todopoderoso se manifestaría.
El Avivamiento comienza en lo profundo de un corazón que se reconoce falto de La Presencia de Dios, con hambre y sed del Fuego del Espíritu Santo.
A veces oramos por milagros, pero no oramos para que El Poder que hace los milagros, viva en nosotros.
Muchos hemos sido testigos de un despertar en una época, lo recordamos
con alegría y decimos: “¡Ojalá volvieran esos tiempos!”
Y El Señor
nos dice: HOY ES EL TIEMPO DE RESTAURAR EL ALTAR Y QUE EL FUEGO ARDA.
El consejo que le dio el Apóstol Pablo a Timoteo es el mismo para
nosotros:
2
Timoteo 1:6-7 Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que
está en ti por la imposición de mis manos. 7 Porque no nos ha dado espíritu de
cobardía, sino de poder, de amor y dominio propio.
Es un consejo para los Hijos de Dios, SER AVIVADOS, PONER EN PRACTICA LOS DONES DEL ESPIRITU SANTO.
Hoy los que
nos rodean necesitan ver El Poder Divino.
Además, lo instó a que predicara la Palabra sin avergonzarse: reprende,
exhorta y anima con amor.
Podemos hacer grandes predicas de este tema, y realmente hay enseñanzas preciosas, pero hoy El Señor nos AMONESTA, APURA y ANIMA A ACCIONAR que anhelemos fervientemente la llenura del Espíritu Santo.
Que al mirar
al pecado como lo vieron el profeta Habacuc y Moisés, elevemos un CLAMOR, para
que la OBRA PODEROSA DE JESUCRISTO, impacte en Sus Hijos, en la Iglesia y en los inconversos.
Solo debemos reconocer que necesitamos ser renovados para hacer que la Obra
Gloriosa de Dios sea conocida.
Al decir Habacuc: “Hazla conocer”, estaba suplicando “Señor hazlo otra vez”.
Cuando surgieron los primeros cristianos, historia narrada en el Libro de los Hechos.2 42-47 (te invito a leerlo).
Cuenta que ellos tenían todas las cosas en común, que había hambre y sed
por oír La Palabra de Dios, que esto hacia que se añadieran los que iban a ser salvos.
La Iglesia Primitiva surgió de un Avivamiento, después del Pentecostés, cuando
un grupo de discípulos estaban orando por el derramamiento del Espíritu Santo y
la respuesta llegó y ese fuego se derramó sobre toda carne (Hechos.1)
Es lo que
nuestras vidas NECESITAN, UN PENTECOSTÈS.
La Segunda Venida
del Señor está cerca y muchos se pierden, el pecado abunda, pero la Gracia de
Dios SOBREABUNDA, sigue actuando.
Ante este
tiempo apocalíptico no nos podemos dar el lujo de ser “tibios” y de quejarnos,
precisamos encender los motores del corazón y comenzar a clamar por El Fuego y
la Gloria de Dios nos visitará.
Así Su Obra se extenderá, primero en nuestras vidas, luego en los más cercanos, y después, hasta lo último de la Tierra.
Arrepentirnos
y rendirnos no es una obligación, es un acto de reconocer nuestras faltas y
necesidad de que El Espíritu Santo vuelva a encender el Altar de nuestro corazón.
Clámenos,
supliquemos, busquemos fervientemente esta LLAMA GLORIOSA, que tocará corazones
entenebrecidos, y Dios añadirá los que van a ser salvos.
Dios te
bendiga.