Domingo, 22 de Diciembre del 2024

Hebreos 13:16

Día 22

Devocional escrito por Mónica  Marchi de Massera

Hebreos 13:16… De hacer el bien y de la ayuda mutua no la olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios.

 

No está determinado fehacientemente quién escribió la epístola a los Hebreos, pero muchos estudiosos y conocedores de La Biblia, se la atribuyen al Apóstol Pablo.

No sería, por lo tanto, muy errado pensar que fue el Apóstol Pablo, quien una vez más, se dirige a sus “hijitos” espirituales para exhortarlos, animarlos, edificarlos, advertirles de las maquinaciones del enemigo y, obviamente, encaminarlos en la buena senda: la senda de Cristo.

 

En los versos 15 y 16 del capítulo 3 leemos:

Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, fruto de labios que confiesan su nombre. 16Y de hacer el bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios.

 

A los cristianos a menudo se les ordena hacer el bien a los demás:


Mateo 5:16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

 

1Corintios 10:24 Ninguno busque su propio bien, sino el del otro.

 

1Pedro 4:10 Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.

 

Esto nunca se presenta como un medio para obtener la Salvación o para ganar el Favor de Dios.

Muy por el contrario, en La Biblia se aclara que las buenas obras nunca pueden rescatarnos del pecado:

Gálatas 3:10-14  Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. 11 Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá; 12 y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas. 13 Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero), 14 para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.

 

Romanos 11:6 Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra.

 

Sabemos positivamente que lo único que nos justifica delante de Dios es el Sacrificio de Cristo en la Cruz.

Cuando aceptamos esta Verdad Irrefutable, a través de la fe, podemos reconciliarnos con Dios.

Las buenas obras, entonces, no son lo que nos justifica ante Dios, sino que son el resultado natural y esperado de esta relación y de nuestra Nueva Vida en Cristo:

 

Santiago 2:17-18 Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. 18 Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.

 

Cabe destacar, sin embargo, que el escritor se refiere a que el alabar y adorar a Dios y hacer el bien, ayudando a los demás, son “sacrificios” que agradan al Señor.

Esto es una exhortación a cada uno de nosotros, los creyentes.

El Señor nos insta a alabarle y a hacer buenas obras: hacer el bien, ser solidarios, amables, solícitos, buenos, en definitiva... Porque esto es lo que le agrada a Él.

 

Ahora bien, ¿Por qué el escritor relacionará el hecho de ofrecer fruto de labios y hacer el bien con un sacrificio?

Veamos: Según el Diccionario, sacrificio es una ofrenda a Dios en señal de homenaje o expiación.

Bíblicamente, sacrificar es renunciar a algo valioso o precioso, a menudo con la intención de lograr un propósito u objetivo de mayor valor.

 

Antiguamente (Antiguo Testamento) se sacrificaban animales como ofrenda a Dios o para redención de los pecados.

Luego (Nuevo Testamento), el sacrificio por excelencia fue el que realizó Cristo al entregarse a la muerte por toda la Humanidad.

Ese sacrificio se hizo una vez y fue suficiente, no fue ni es necesario realizar ningún otro sacrificio para acercar al ser humano a Dios.

 

Sin embargo, el escritor de Hebreos, se refiere a que todo lo bueno que podamos hacer, como “buenas obras” hacia los demás y el acto de alabarle y adorarle, son sacrificios aceptables hacia Dios.

¿Será que el ser humano es un poquito (bastante) egoísta?

¿Será que somos muy inclinados a ver y preocuparnos sólo por lo nuestro?

¿Será que cada vez menos nos fijamos y nos preocupamos por lo que les sucede a los demás?

¿Será que cada vez nos cuesta más alabar al Señor, adorarle, reconocerlo como nuestro Rey y Señor?

 

Son muchos cuestionamientos, creo, que debemos hacernos.

Son muchas actitudes que debemos cambiar y replantearnos.

 

Muchas veces pensamos que al aceptar a Cristo en nuestro corazón y el recibir la Salvación Eterna de nuestra alma, ya está todo.

Ahí se termina mi deber u obligación como cristiano, ¿Verdad?

¡Cuán equivocados estamos al pensar esto!

¡Cuán errados estamos si nos conformamos sólo con ser llamados Hijos de Dios !

 

Aunque esto ya en sí mismo es excepcional y maravilloso, El Señor siempre nos lleva a más, siempre un paso más, un gesto agradable más, una palabra amable más, una acción bondadosa más...

 

 

Por eso, este versículo de Hebreos es absolutamente actual.

No sólo eso, es absolutamente necesario para cualquiera que se diga ser Hijo de Dios.

El Señor nos llama a hacer este “sacrificio” de alabarle y adorarle y hacer buenas obras sólo y simplemente porque a Él le agrada; ni más, ni menos.

 

Por eso, hermanos, si ya estamos haciendo lo que le agrada a Dios: ¡Bien! Sigamos así...

Y si no lo estamos haciendo, es momento de replantearnos nuestras actitudes y nuestras acciones, y empecemos a ser más obedientes a los requerimientos del Señor.


Dios siempre nos habla; lo hace con un propósito: instruirnos, alentarnos, corregirnos, exhortarnos, fortalecernos...

Cada uno sabrá cómo está su vida espiritual, y en qué área encaja el devocional de hoy.

Por algo Dios hoy nos habló de esta manera...

¡Dios les bendiga !