Isaías 29:18
Día 7
Isaías
29:18 Los sordos oirán las palabras del libro, y los ojos de los ciegos
verán...
Es verdad que vivimos un tiempo donde la tecnología
avanza día tras día,
Tenemos a nuestra disposición la manera más
moderna de comunicaciones que el mundo jamás ha conocido.
Y muchas veces esa tecnología es mal
aprovechada, también para algunos es como una red que los atrapa y los mantiene
entretenidos, sin notar que la mayoría de los contenidos que nos ofrecen son entretenimientos
destructivos, que nos roban el tiempo, la paz y nos alejan de Dios.
Es necesario pasar tiempo con La Palabra de
Dios, buscar de Su Presencia e incluso interactuar con personas reales
de carne y hueso de nuestra Familia, Congregación y Amigos, con los cuales
podamos edificarnos en la fe y ayudarnos a no caer en las ofertas que el
enemigo de nuestras almas ofrece para alejarnos del Señor.
Dios necesita que Su Iglesia tenga los ojos abiertos, y una mirada real de
lo que está aconteciendo, si dedicamos más tiempo a las redes sociales
que a la lectura de la Palabra de Dios y a cumplir con el Propósito por el cual
estamos en este mundo, como cristianos, no estamos llevando una vida sabia.
Nuestra fuerza para vivir proviene de Dios, de nuestra
comunión con El Señor, no de lo que el mundo nos ofrece.
Nosotros debemos afectar a este mundo, ser la
verdadera influencia que la sociedad necesita.
El profeta Isaías habla de una poderosa transformación, aunque este
mundo está lleno de maldad, creemos sucederán cosas buenas…
Isaías 29:17- 21 ¿No se convertirá de aquí a muy poco tiempo el Líbano en campo fructífero, y el campo fértil será estimado por bosque? 18 En aquel tiempo los sordos oirán las palabras del libro, y los ojos de los ciegos verán en medio de la oscuridad y de las tinieblas.19 Entonces los humildes crecerán en alegría en Jehová, y aun los más pobres de los hombres se gozarán en el Santo de Israel. 20 Porque el violento será acabado, y el escarnecedor será consumido; serán destruidos todos los que se desvelan para hacer iniquidad, , 21 los que hacen pecar al hombre en palabra; los que arman lazo al que reprendía en la puerta, y pervierten la causa del justo con vanidad.
A partir de la lectura se dice que aquí nada volverá a ser como fue. Pero se trata de un cambio hacia lo bueno que ningún otro que no sea Dios podrá llevarlo a cabo.
El Profeta Isaías anuncia este Mensaje de Redención en fases y con cada una de ellas se clarifica mejor. Es como cuando uno ajusta los lentes de un larga vista, la agudeza visual cambia: cada vez que graduamos algo se ven más claramente las cosas.
Hay niveles de agudeza con los cuales Isaías nos muestra la gran transformación que hará Dios y Su Salvación por venir.
En primer lugar, Isaías nos pinta un paisaje un
tanto nebuloso.
Él dice: imagínense las montañas del Líbano. Estas
son agrestes montañas boscosas llenas de rocas, raíces, grandes árboles y
matorrales. Nadie puede llegar a pensar de sembrar allí grano o de tener la
intención de cosechar frutas.
Pero luego de un tiempo todo será diferente: en
lugar de tierra rocosa, habrá tierra fértil para labranza, un precioso jardín, un huerto, un paraíso, más lindo que
todo lo que se haya visto.
Lo que crece en los jardines aparecerá en la espesura del bosque montañoso.
Sí, es que Dios comenzará a actuar. Así como una
vez creó el jardín del Edén para Adán y Eva con sus árboles y frutos espectaculares,
así transformará Dios a la tierra cubierta de pecado y la sanará y la hará otra
vez en tierra fértil de labranza.
Eso nos promete Dios; ya podemos comenzar a alegrarnos de todo corazón por esto.
Pero podremos reconocer mejor el magnífico cambio de Dios con la imagen del jardín en las frases siguientes, Isaías nos describe aún de forma más vívida lo que Dios hará.
No se trata ya más de un vago paisaje,
sino se trata en concreto de gente.
De repente los sordos oirán, los ciegos verán, los pobres volverán a
alegrarse en el Señor, los más necesitados se regocijarán por lo que reciban de
Dios.
En este contexto está la frase sobre los despiadados, los violentos, escarnecedores y los insolentes que serán exterminados.
Hay que observar que: no se trata de que habrá venganza y satisfacción porque se eliminó a los enemigos, sino se trata de que los oprimidos y sufrientes respirarán aliviados.
- Con este anuncio de salvación podemos ver el
corazón de Dios.
- Dios sólo tiene en mente lo bueno para nosotros.
- Dios quiere ayudar a todos los que sufren y promete que las carencias tendrán su fin.
- Las enfermedades y las imposibilidades
terminarán, el sufrimiento y la miseria se transformarán en alegría.
Haremos bien si nos sostenemos de estas Promesas de
Salvación de Dios y no contagiarnos de la desesperación en que el mundo está
inmerso.
18 En aquel tiempo los sordos oirán las palabras del libro…
A qué libro se refiere, sino a La Biblia, significa que los
que oirán, no son los que padecen sordera física, sino sordera espiritual, la que Dios quiere sanar.
Aquí se trata de que las personas que hasta el
momento no hayan atendido a La Biblia, de repente reconozcan las Riquezas
Espirituales de La Palabra de Dios, que se encuentra en La Biblia.
Así también Dios sana la ceguera espiritual; abre
los ojos cuando les amanece El Evangelio:
18…y los ojos de los ciegos verán en medio de la oscuridad y de las
tinieblas.
Y al final para los oprimidos y tristes no se les profetiza sólo un poco de
alegría, sino que Isaías les promete:
19 Entonces los humildes crecerán en alegría en Jehová, y aun los más pobres de los hombres se gozarán en el Santo de Israel.
Tendrán una alegría en crecimiento y se llenarán del gozo del Señor.
20 Porque el violento
será acabado, y el escarnecedor será consumido; serán destruidos todos los que
se desvelan para hacer iniquidad, 21 los que hacen pecar al hombre en
palabra; los que arman lazo al que reprendía en la puerta, y pervierten la
causa del justo con vanidad.
Y no habla de personas físicas, Dios vencerá a Satanás y a
todos sus demonios que han intentado alejarnos del Señor y han llevado a muchos a
la perdición.
Isaías se alegra por el mensaje revelado de Dios:
22 Por tanto, Jehová,
que redimió a Abraham, dice así a la casa de Jacob: No será ahora avergonzado
Jacob, ni su rostro se pondrá pálido;
Cuando hablamos de Redención, es la Liberación que
ha venido al mundo por medio de Jesucristo.
Los de la fe de Abraham, la casa de Jacob, esto es Israel, no serían avergonzados, ni su rostro con palidez.
Vendría Quien traería
gozo perpetuo.
Esta palidez significaba una alarma, llamado de
atención, de que la persona estaba triste, llorosa, cubierta de vergüenza,
figurativamente en confusión y derrota.
Isaías profetizó que los hijos de sus
contemporáneos, verían los hechos de Dios, en su tiempo.
Sí, los descendientes de aquel Pueblo de Israel
experimentaron 700 años después las Poderosas Predicaciones de Jesús, Sus Increíbles
Milagros, cómo redimió en la cruz a la humanidad del poder del diablo y se posicionó
como El Vencedor sobre todo mal, en Su Resurrección.
Allí se estableció el Nuevo Pacto, allí se
produjo el gran giro, esta es la magnífica Buena Nueva del Reino de Dios.
Donde la
humanidad pudo llegar al arrepentimiento, donde el Espíritu Santo les permitió
creer de corazón, allí reconocieron el Amor de Dios y fueron conducidos de sus
caminos errados y pecaminosos hacia las Buenas Sendas de Dios, así como
profetizó Isaías:
23 porque verá a sus
hijos, obra de mis manos en medio de ellos, que santificarán mi nombre; y
santificarán al Santo de Jacob, y temerán al Dios de Israel. 24 Y los extraviados de espíritu
aprenderán inteligencia, y los murmuradores aprenderán doctrina.
El cambio de Dios ya ha tenido lugar, pues
Jesús ha resucitado de entre los muertos y vivimos con Él y por medio de Él en
el Reino de Dios.
Sabemos que el diablo ya no tiene poder sobre
nosotros, y creemos que junto a Dios estamos a salvo y seguros.
El enemigo no desistirá en su intento de
hacernos dudar o negar la fe, pero no debemos preocuparnos si tomamos tiempo
para alimentarnos por La Palabra, si tenemos una comunión intima diaria con
nuestro Dios, Él nos asistirá por medio de Espíritu Santo guiándonos, sosteniéndonos
y advirtiéndonos cuando el enemigo quiera tendernos una trampa.
Dios nos ha redimido, por la fe en Su Hijo
Jesucristo, y nos dio el regalo de la vida eterna.
Nada podrá separarnos del Amor de Dios que es
en Cristo, nuestro redentor.
Dios nos conducirá hacia el cielo, donde al fin
también nuestros ojos naturales podrán ver con total agudeza y claridad, el Amor Eterno con el cual nos ha amado.