Isaías 45:22
Día 6 Devocional escrito por Samuel Alfieri Isaías 45:22 Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más. En este pasaje, el Profeta Isaías transmite un llamado de parte de Dios: “¡Mírenme!”, no a los ídolos, no a los hombres, no a las obras, sino a mí. Este versículo resume el Mensaje del Evangelio de forma sencilla y profunda: La Salvación está en mirar a Dios con fe. “Todos los términos de la tierra.” Este es un llamado que no se limita a Israel. Dios extiende Su Mano a toda la humanidad, sin importar nacionalidad, color de piel, estatus social, etc. Isaías, en un contexto donde muchos pueblos seguían dioses falsos, anuncia que solo hay un Dios Verdadero, y que solo Él puede salvar. Esta universalidad se repite a lo largo de las Escrituras: Juan 3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito… 1 Timoteo 2:4…El cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. Dios no hace acepción de personas. Él quiere que todos miren hacia Él, y esa mirada es una mirada de fe, arrepentimiento y confianza. “Mirad a mí” En La Biblia, mirar no solo implica ver con los ojos físicos, sino también con los ojos del corazón. Es un acto de fe y entrega. En Números 21:9, cuando los israelitas eran mordidos por serpientes, Dios ordenó a Moisés que levantara una serpiente de bronce, y todo aquel que la mirara viviría. La mirada salvadora prefiguraba a Cristo: Juan 3:14-15 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado; para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Mirar a Dios es dejar de mirar nuestros propios recursos, nuestra justicia, nuestras obras o nuestras soluciones humanas. Es levantar la vista y fijarla en Él como el Único Camino, la Única Verdad y la Única Vida. Juan 14:6. Salmo 121:1-2 Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová… “Y sed salvos” Efesios 2:8-9 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe. La Salvación no se gana, se recibe. El mirar a Dios implica reconocer nuestra incapacidad y confiar en Su Suficiencia. Cuando miramos a Dios, Él no nos deja en la oscuridad, sino que nos llena de Luz, Perdón y Vida Nueva. Salmo 34:5 Los que miraron a él fueron alumbrados, y sus rostros no fueron avergonzados. “Yo soy Dios, y no hay más” Una absoluta verdad. En un mundo donde cada quien parece tener su propia verdad, Isaías 45:22 nos recuerda que solo hay un Dios verdadero, y sólo Él salva. La exclusividad de Dios no es una amenaza, sino una seguridad. No hay otro que pueda hacer lo que Él hace. Isaías 43:11 Yo soy el Señor, y fuera de mí no hay quien salve. Hechos 4:12 Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos. Esto significa que no hay salvación en filosofías, religiones, ideologías o esfuerzos humanos. Solo al mirar a Dios, manifestado en Jesucristo, encontramos Vida, Paz y Propósito. Hebreos 12:2 Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe… Hoy Dios te dice: “Mírame a mí.” Señor, gracias por Tu Llamado de Amor. Ayúdanos a apartar la mirada de lo que nos confunde y lastima, y a poner nuestros ojos en Ti, el Autor y Consumador de la fe. Gracias porque en Ti hay Salvación, no por mis méritos, sino por Tu Misericordia. Amén.