Isaías 50:4
Día 30 Devocional escrito por Mónica Marchi de Massera Isaías 50:4 Jehová el Señor me dio lengua de sabios para saber hablar palabras al cansado… El Profeta Isaías es considerado como uno de los mayores y más importantes Profetas que podamos encontrar en La Escritura. En el capítulo 50 de su Libro, Isaías dice que el Señor le dio una “lengua de sabios” y un “oído para oír como los sabios”. (vv4) Isaías pudo haber sido culto, pero tal vez no. Lo cierto es que Dios le dio el don específico que necesitaba para cumplir Su Llamado en la vida: Predicar la Palabra de Dios. Este versículo destaca la importancia de recibir instrucciones diarias de Dios para poder hablar con autoridad. Veamos algunos puntos importantes del texto: Instrucción diaria: El versículo 4 comienza con el Señor que despierta el oído del siervo para que escuche como los que saben. Esto no es un conocimiento intelectual, sino una enseñanza de vida que se recibe cada mañana, como un discípulo atento. Palabras de consuelo: El Siervo posee una lengua bien enseñada para dar una Palabra de Aliento a los cansados; es decir, a aquellos que están quebrantados y agotados. No rebelarse: El Siervo declara que El Señor le abrió el oído y que él no se ha rebelado ni ha retrocedido. Su respuesta es la obediencia. El siervo como imagen de Cristo: Los primeros cristianos veían en esta descripción el sufrimiento de Jesús, cuando fue golpeado, insultado y escupido. El rol del predicador: Los Predicadores también deben ser aprendices de por vida, atentos a la Voz de Dios para compartir Su Mensaje, incluso si ello les implica enfrentar dolor o peligro en el proceso. Aunque no todos tenemos la carga de ser Predicadores, Pastores, Evangelistas, todos tenemos la tarea de dar a conocer al mundo las Buenas Nuevas de Salvación. (La Gran Comisión). Mateo 28:18-20 Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén. Aquí, Jesús mismo instruye a sus discípulos a ir por todo el mundo, a hacer discípulos en todas las naciones, a bautizarlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y a enseñarles a obedecer todo lo que Él les había mandado. Esta Gran Comisión que Jesús les impartió a Sus Discípulos, también nos fue impartida a cada uno de nosotros, Sus Hijos. Volvamos a Isaías y analice el versículo 4 en su totalidad: Jehová el Señor me dio lengua de sabios, para saber hablar palabras al cansado; despertará mañana tras mañana mi oído para que oiga como los sabios. Podemos apreciar que El Señor le da al siervo una lengua y un oído instruidos, para que pueda consolar a los cansados con Palabras de Sabiduría, y esté listo para escuchar la Voluntad Divina cada mañana. Este pasaje, en fin, habla sobre la entrega y la sumisión del siervo a Dios, incluso frente a la adversidad. Sabiduría Divina: El Siervo recibe la capacidad de hablar con Sabiduría y de entender y consolar a los que están fatigados. Preparación diaria: Cada mañana, el Siervo es despertado y su oído es abierto para recibir la Instrucción Divina, permitiéndole así entender y seguir la Voluntad de Dios. Disposición para obedecer: El Siervo está listo para escuchar y no se rebela ni se aparta, sino que está dispuesto a enfrentar los desafíos con la Ayuda de Dios. Por eso, Hermanos, muchas veces nos escudamos o nos excusamos en nuestra vergüenza, timidez, poca facilidad de palabra, el miedo a hablar en público, etc., etc. Ya sea que tengamos la carga de ser grandes Predicadores, Evangelistas, Pastores, Maestros de la Palabra; o que seamos el más ínfimo e insignificante Hermanito de la Congregación, tenemos la OBLIGACIÓN (Gran Comisión) de presentarle al Señor a quienes no le conocen. Ya sea con grandes palabras elocuentes, con una excelente facilidad de palabra o simplemente con nuestro testimonio de vida. Con nuestros actos diarios, en cómo nos movemos y cómo nos conducimos, estamos predicando. 2 Corintios 3:2-6 Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; 3 siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón. 4 Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; 5 no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, 6 el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, más el espíritu vivifica. En definitiva, Hermanos, ya sea que hayamos sido llamados a ser Siervos como nos lo muestra Isaías, o que seamos unas humildes ovejitas, ¡Nuestra tarea es dar a conocer a Cristo al mundo! ¡Ese es nuestro objetivo y nuestra Misión como Hijos de Dios! ¡Cumplámosla como Dios se lo merece! ¡¡¡Dios les Bendiga!!!