Jeremías 17:14
. Día 30
Jeremías 17:14 Sáname, oh Jehová, seré sano...
No podemos dejar de proclamar que Jehová es Grande, y Grandes son todas Sus Maravillas.
Un día yo necesitaba una Palabra del Señor, en momentos en que había recibido un diagnóstico médico desfavorable contra mi vida, y Su Palabra fortaleció mi espíritu para creer.
No faltaron amorosos Hermanos y Siervos del
Señor que oraron por mi vida, también me recordaron las Preciosas Promesas de
Dios, ministrando e impartiendo fe…
Tan agradecida estoy del acompañamiento y el sostén,
el impulso que me brindaron para que nunca bajara los brazos. Oro que El Señor
le recompense y guarde sus vidas de todo mal.
Pero lo cierto que el proceso debía atravesarlo
yo, y padecerlo en mi carne y en mi alma…oración y quebranto, llanto y búsqueda
incansable… jornadas en que con mi familia había solo silencio… pero cada uno
en su lugar, a Dios clamaba…
Puedo hablar desde los zapatos de Jeremías, desde un corazón que esperaba en que Dios tenga
misericordia…
Me aferré
a este versículo y lo hice una alabanza…
Salmos 27:13 Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de
Jehová En la tierra de los vivientes.
Me retaba a no desmayar, como el salmista hablaba a
mi alma, debo creer, veré Su Bondad…
Su Bondad incluía un proceso donde Él me fortalecería,
enseñándome a confiar y esperar y también incluía la restauración de la salud física.
Jeremías 17:14 Sáname, oh Jehová, y seré sano; sálvame, y seré salvo; porque tú eres mi
alabanza.
Soy portadora de Su Gracia, no puedo callar…
fueron tiempos duros, pero hoy comprendo
que todo fue para Su Gloria y Alabanza, muchos están como yo en ese desierto de
enfermedad, no puedo más que hablar que nuestro Dios sana.
Te seguiré…
“Canto una alabanza sin igual, pues el desierto
me ha enseñado Tu Fidelidad,
He visto muy de cerca mi fragilidad, tomando forma en Tu Abrazo y en Tu Sanidad.
Me llevas lejos más allá de lo que nunca imaginé, en
mi desierto te encontré.
Si Tu Diestra me ha traído hasta aquí, no puedo callar, no puedo callar
Si Tu Mano hasta aquí me ayudó, no vuelvo atrás, no vuelvo atrás.
Camino a la luz de Tu Amor Tuyo soy
Tu Sangre me limpió y me compró,
no vuelvo atrás, no vuelvo atrás."
Todos deberemos pasar
por situaciones de enfermedad, en esos
momentos debemos aferrarnos a Su Palabra, ella nos dará confianza e inundará
nuestro corazón de paz.
Son esos momentos en que oramos: Sáname Señor, y seré sano…
Este mundo en que vivimos está lleno de maldad,
de enfermedad y de muerte.
Romanos 3:23 Por cuanto todos pecamos, todos estamos destituidos de la
gloria de Dios
Por un hombre entro el pecado en el mundo, y
con él la muerte y se rego a todos los hombres
Romanos 5:12 Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre,
y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por
cuanto todos pecaron.
Si no están enfermos en lo físico, están
enfermos de la mente, y lo más seguro es que hasta del alma.
·
Hay personas que están físicamente enfermos, y
en su mente, ya no quieren vivir.
·
Otros que están físicamente muy enfermos, pero desean
la vida como el agua.
·
Hay personas que lucen bien físicamente, pero
su mente no está sana, porque sus pensamientos son impuros y confusos
·
Y otros que están sanos del cuerpo y de la
mente, pero en su corazón albergan odio, rencor, envidia, ira, celos, amargura,
y deseos de venganza contra alguien.
Cualquiera que sea su enfermedad, cualquiera
que sea su problema, dígale usted a Dios, como dijo Jeremías: Sáname, oh Dios, y seré sano…
Dios es más grande que cualquier enfermedad, esa es una de las certezas
que tenemos si creemos.
No ha habido ni jamás habrá una enfermedad o pestilencia
que sea más poderosa que nuestro Dios. No lo dudemos
Jesucristo murió en la cruz, antes de eso fue
golpeado y azotado en su cuerpo, para poder darnos el poder de la sanidad para nuestras
vidas.
Isaías 53:4-5 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y
sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de
Dios y abatido. 5 Mas
él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo
de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.
Cuando Jesús comenzó Su Ministerio público, Él no
solo se dedicó a enseñar y a anunciar las Buenas Nuevas del Evangelio, también
sanó todo tipo de enfermedad, física y espiritual.
Mateo 4:23-24 Y recorrió
Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el
evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el
pueblo. 24 Y se difundió su fama por toda Siria; y le
trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas
enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los
sanó.
Y todavía sigue sanando:
Usted debe saber que el tiempo de los milagros no
ha pasado
El
primer paso para recibir la sanidad de Cristo es saber que la edad de los
milagros no ha pasado, y que la sanidad física es parte del ministerio
de Jesús para estos días.
La
Biblia dice que:
·
Dios es
nuestro sanador
Éxodo
15:26…Porque yo soy Jehová tu sanador.
Y Dios no cambia
Malaquías 3:6 Porque yo Jehová, no cambio…
·
Jesucristo sanó
a los enfermos
Mateo 9:35
Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las
sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del
reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
Y Él no ha
cambiado
Hebreos13:8
Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.
·
Jesús mandó a
sus Discípulos a sanar a los enfermos,
Mateo
10:7-8 Y yendo, predicad, diciendo: El reino
de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad
leprosos, resucitad muertos, echad fuera
demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia.
Y un discípulo
verdadero, hoy como en aquellos días, Jesús le dice:
Juan 8:31
Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos.
·
Jesús comisionó a
todos los creyentes de todas las naciones
Los milagros de
sanidad fueron hechos por la Iglesia Primitiva
Hechos 8:7
Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos dando grandes
voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados.
Hoy nos toca a
nosotros poner las manos sobre los enfermos
Marcos16:15-18 Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. 16El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado 17 Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; 18 tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.
Así que según vemos
la sanidad fue administrada por
ü Jehová, nuestro Dios.
ü Luego por Su Hijo
Jesucristo, nuestro Salvador y Señor
ü Enseguida por sus
discípulos,
ü Después por la Iglesia
Primitiva y
ü Finalmente por todos
los creyentes en el mundo, esto nos incluye.
La humanidad debe saber que hay un Dios que sana, que todavía
hace milagros.
Somos portadores de la noticia que el mundo necesita Jesús
vino a sanar el alma y el cuerpo, cuando perdona nuestros pecados, somos
restaurados y vivificados por Su Espíritu Santo.
Debemos creer y movilizarnos, llenar nuestro corazón de fe y
depender de Su Unción, para visitar a los enfermos en su lecho de enfermedad, y
orar por sanidad.
No podemos quedarnos con el remedio que sana toda enfermedad
y dolencia: la fe en Jesucristo.
Muchos enfermos corren cuando las Iglesias invitamos a las campañas de sanidad, corren a buscar su
milagro, pero muchos reciben su milagro y después son como narra la historia de Los 10 leprosos en Lucas
17:11-19 nunca más se acuerdan de darle las
gracias; ni darle la Gloria a Dios.
Aunque hubo uno que regresó:
Lucas 17:15-16 Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado,
volvió, glorificando a Dios a gran voz, 16 y se postró rostro en tierra a
sus pies, dándole gracias; y este era samaritano.
Recibir
un milagro nos compromete con la gratitud y la alabanza, pero esto no es sólo
del momento, nos compromete con anunciar y compartir con otros esta maravillosa
experiencia.
Podemos
orar, todavía Dios responde.
Sáname, oh Jehová, seré sano