Miércoles, 26 de Julio del 2023

Jonás 2:2

                                                                                                                                                                                                            Día 26

Jonás 2:2…Invoque en mi angustia a Jehová, y él me oyó…clamé y mi voz oíste.

Generalmente la angustia aparece en momentos en las que la persona se enfrenta a situaciones difíciles, de soledad, abandono, desesperanza...

Pero también, la angustia aparece en aquellas situaciones en las que la persona no ve claro el camino a seguir y, por tanto, vive una situación de incertidumbre.

De manera que esa angustia trae pensamientos de fatalidad a nuestra vida, desesperación, dificultad para dormir, sentimos el pecho oprimido, etc.

Y tristemente, la angustia no se disipa ignorando la realidad ni huyendo de ella, no se va tampoco tomando un medicamento para dormir,

Sino que la angustia se va cuando acudimos a la invitación de Dios de “Invocarle en el día de la angustia”, de esto tratara nuestro devocional de este día.

 

Al leer la historia de Jonás, vemos que había escuchado a Dios, había huido en un barco, allí había dormido, y aún había hablado con los marineros, pero sólo hasta que lo tiran del barco, lo come el gran pez, y se encuentra dentro de su estómago, allí angustiado vemos que ora.  “Entonces oró Jonás”

 

Por supuesto no oraba, porque estaba huyendo de Dios.

A veces el creyente no ora, porque está huyendo de Dios, pues sabe que el Señor le recordará cuál es Su Voluntad.

 

Podemos orar en cualquier lugar, en nuestra habitación, en la calle, en un vehículo, en nuestra escuela a punto de un examen,  aún en el baño… pero nadie planearía hacerlo en el vientre de un gran pez.

Por un momento, tratemos de imaginar a Jonás, dentro del estómago,  rodeado de alimentos en descomposición, jugos gástricos…  éste fue el escenario en que el Profeta  se encontraba   al desobedecer a Dios…

Recordemos un poco el relato bíblico: el Siervo del Señor había emprendido su propio camino a Tarsis, cuando Dios lo había enviado a Nínive para anunciar un juicio inminente, Jonás había elegido (en su juicio) que la Mano de Dios cayera destruyendo a quienes en un momento fueron muy crueles con su pueblo. A pesar de servir a Dios, no comprendía Su Amor y las oportunidades que Él brinda, tenía que experimentarlo en carne propia.

Así emprendió su propio camino, inverso a la Voluntad Divina, pero esto no tomó por sorpresa Dios pues “Jehová tenía preparado un gran pez que tragase a Jonás”. Y este pez lo vomitaría en la costa de Nínive, lo dejaría en la playa, para que el Siervo de Dios, cumpliera lo que le había encomendado.

 

Muchas veces nosotros, habiendo tenido la oportunidad de orar en un hermoso y cómodo escenario, terminamos orando desde la crisis o el dolor, por nuestras desobediencias.

Gracias a Dios que nos permite invocarle, en medio de la situación, El Espíritu Santo nos lleva a buscar a Dios en oración y clamor.

 

Jonás invoca a Dios en medio de la angustia: “Invoqué en mi angustia a Jehová”.

El término angustia aquí, viene del hebreo: tsarah que además traduce: aflicción, aprieto, tribulación,

Esta condición llevó a Jonás a orar.

La verdad es que buen número de veces, sólo nos volvemos a la oración cuando la angustia, crisis o dificultad llega a nuestra vida.

En esos momentos de desolación, tristeza, congoja, dolor y frustración, ¿A quién llama? ¿Quién quiere que esté a su lado? Son momentos en que uno selecciona con detenimiento a quién buscar, generalmente es alguien que confiamos, que entendemos que será capaz de ayudarnos en lo que estamos viviendo.

Los Hijos de Dios, sabemos que nuestro Padre está atento a nuestro clamor.

Él sabe lo que estamos viviendo, y está en control de la situación, pero espera que nosotros le invoquemos, para actuar a nuestro favor.

 

Podemos encontrar en la Biblia, que muchos invocaron a Dios en la angustia

·        El salmista David decía desde su experiencia personal con el Señor:

Salmos 18:6 En mi angustia invoqué a Jehová, Y clamé a mi Dios. Él oyó mi voz desde su templo, Y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos.

David, siervo de Dios, el cual dirigió a Jehová las palabras de este cántico el día que le libró Jehová de mano de todos sus enemigos, y de mano de Saúl. Así encabeza el Salmo, pero su invocación a Dios tuvo respuesta, porque Dios le oyó, el clamor llegó a Sus Oídos.  

Debemos tener la seguridad y la confianza que Dios, nuestro Padre al escucharnos, nos responderá.


·        Jeremías inmortalizó en la Palabra de Dios su angustia ante la injusticia:

Lamentaciones 3:55-59 Invoqué tu nombre, oh Jehová, desde la cárcel profunda; 56 Oíste mi voz; no escondas tu oído al clamor de mis suspiros. 57 Te acercaste el día que te invoqué; dijiste: No temas. 58 Abogaste, Señor, la causa de mi alma; redimiste mi vida. 59 Tú has visto, oh Jehová, mi agravio; defiende mi causa.

Incluso desde el pozo, Jeremías sabía que podía invocar a Jehová y que Dios escucharía su voz. Incluso si solo pudiera lograr un suspiro, sería su clamor lo que anhelaba que Dios escuchara.

Dios nunca esconde su oído de nuestros gemidos; o de esos gritos inarticulados, que emitimos cuando no podemos con palabras expresar la profunda angustia y anhelo del corazón. Cuando no podemos hablar, lloramos, sollozamos, gemimos, aunque nos quedemos quietos. Dios puede interpretar todo.

 

·        Jesús vivió un momento de soledad e intensa angustia:

Lucas 22: 41-44 Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, 42 diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. 43 Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. 44 Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra. 

Nuestro Salvador a punto de entregar Su Vida para salvarnos, pasó por la angustia, su oración intensa fue oída por el Padre, Quien envió un ángel del cielo para darle fuerzas. Jesús fortalecido enfrentó el Calvario, venció al diablo, al pecado y a la muerte, nos dio Su Victoria, para que seamos más que vencedores.

 

Nuestro Dios y Padre siempre nos escucha y responde.

Qué hermosa es la frase: “y él me oyó”,

Esa es la esperanza que debe alimentar nuestra fe, saber que en donde Usted invoque al Señor, Él nos escucha, sea en  el Templo, en la calle o en su casa, yendo o huyendo, podemos levantar nuestra oración sincera, sencilla, desde un corazón que levanta sus ojos al cielo y que se vuelve a Dios, y seremos oídos por el Señor.

No es por nuestros méritos, es por Su Gran Misericordia y Gracia hacia Sus hijos.

La respuesta de Dios se manifiesta en orden a Su Propósito.

A Jonás tuvo que enseñarle: obediencia, sumisión, dependencia, confianza, amor, misericordia, disciplina,  responsabilidad, sometimiento...  para cumplir Su Propósito, la misión de Jonás era llevar el Mensaje de Dios para que ellos respondieran y puedan ser alcanzados con Su Misericordia.

 

Como Hijos de Dios, tenemos el privilegio de hablar con nuestro Padre Celestial, pero  Él no quiere sólo hablarnos y respondernos,  sino que le obedezcamos.

Algunas veces debemos invocar a Dios desde la angustia, como consecuencia de nuestras malas decisiones, pero si lo hacemos con un corazón que se vuelve a Él, Dios nos oye y responde, organizando todo de acuerdo a Su Voluntad.

  • Confiemos, cuando nos da una directiva, obedezcamos.
  • Confiemos, cuando las situaciones se tornan angustiantes, Él siempre tiene el control.

Basta que Usted le invoque, para que del Cielo llegue la respuesta.

Nahúm 1:7 Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían.