Jonás 2:9
Día 15 Devocional escrito por Yesica Ocaranza de Italiani Jonás 2:9…Pagaré lo que prometí… Podemos observar en la historia de Jonás muchos puntos, entre ellos uno muy importante: el afán que tenía de huir de la Presencia de Dios y de Sus Mandatos. Porque recordemos que Jonás fue enviado a la ciudad de Nínive, una ciudad corrompida por el pecado, tristemente no muy diferente a estos tiempos… Y aunque Jonás, como muchos de nosotros, muchas veces creemos que Dios no nos ve, y queremos huir de Èl y las responsabilidades que como creyentes tenemos, recordemos siempre que Dios todo lo ve. Dios tenía un Propósito, no solo con la vida de Jonás, a pesar de su desobediencia y rebeldía, sino que también con Nínive. Pero, así como nosotros, Jonás veía más despropósito que el Propósito Divino. En su incredulidad, afán y desesperación pensaba en que sería castigado y moriría por su desobediencia, sin ver que aquel gran pez por el cual sería tragado sería una oportunidad de arrepentimiento y la oportunidad de un nuevo comienzo con El Señor ... humillándose y reconociendo que sin la Ayuda de Dios, sería imposible salir de esa situación. Tantas veces nos encontramos en situaciones como estas ¿Verdad? A punto de ser tragados por un gran pez … El pez representa los problemas y dificultades que se nos presentan día a día y en vez de escuchar la Voz de Dios y obedecer, decidimos huir, hacer oídos sordos e intentar resolver por nosotros mismos de acuerdo a nuestro criterio y qué equivocados estamos… de esta manera solo empeoramos la situación. Estresados. afanados, agobiados, desesperados, sin aliento, consumidos por los problemas y las circunstancias que nos acechan, que no nos permiten ver el Propósito, en eso que parece un despropósito… no lo podemos ver como una oportunidad de búsqueda y confianza en El Señor. Jonás quizá pensaba que no lo soportaría, así tal cual hemos pensado o quizá lo hacemos tantas veces, pero ahí en ese instante, en esa debilidad, Jonás recordó Quien era Dios...que no era hombre para mentir, ni una estatua que nada podía hacer. Que no podría salir por sus propios medios, ni solucionar nada, entonces: ¡Clamó! Aunque El Señor permitió e incluso preparó ese gran pez, Jonás no podía verlo en un principio… luego entendió que Dios lo había guardado de un mayor peligro: de las profundidades del mar y hasta le dio la oportunidad de arrepentirse, de pensar y reflexionar. Cuántas veces día a día El Señor renueva Su Misericordia para con nosotros. ¿Fue necesaria esta situación en la vida de Jonás? Si, lo fue. De esta manera entendió que no podía huir y que tenía una misión por cumplir, tampoco podía cambiar los Planes ni Propósitos de Dios y esto es importante entender que Dios actúa por Gracia y Misericordia porque no somos merecedores de ser llamados Sus Hijos. No podemos huir de nuestras responsabilidades y como cristianos, hay vidas, almas que pueden depender de aquellos que permiten ser usados, de ser Instrumentos de Dios, no depende de nosotros elegir a quien predicar o no sino más bien de los Planes de Dios. Una vez más vemos la Mano Poderosa de Dios... por lo mismo que Jonás humillado clamó y prometió alabarle al Señor, servirle y obedecer. A todos Dios en un momento nos sacó del vientre de un gran pez. Pero… ¿Qué le prometimos? ¿Servirle? ¿Fidelidad? Es el momento de analizarnos y recordar qué le hemos prometido al Señor en ese momento de desesperación y que quizá hoy no estamos cumpliendo. No seamos como los incrédulos, hipócritas que prometen, y reciben las Bendiciones, el Favor y Misericordia de Dios, pero luego se olvidan y no cumplen. Tenemos las herramientas en nuestras manos y tal como lo fue Jonás, fuimos llamados a ser testigos de Él, a predicar Su Palabra, Palabra de Vida, Esperanza y Salvación sin importar a quien... Dios le dio una oportunidad a Nínive, a Jonás, a vos, a mí y también aquellas vidas que quizá vos seas el instrumento, para que Jesús salve su alma. Obedece y déjate usar, guiar por Dios conforme Su Palabra. Recuerda que Dios condena la idolatría porque nos aleja de Su Presencia y no hablamos solo de imágenes de yeso, sino de todo aquello que nos ocupa tiempo o el lugar de Dios en nuestro corazón (amigos, familias, fiestas, salidas, redes sociales, Netflix, etc., etc.) Cuántas cosas pueden convertirse en ídolos, quizá algunos de ellos deban ser derribados en este tiempo. Aunque seamos muy inteligentes, hagamos cosas como beneficios o buenas obras, nada ni nadie puede salvarte de una condenación eterna, más que Dios. Recordemos que la sabiduría del hombre por naturaleza es terrenal, animal y diabólica. Santiago 3:13-15¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre. 14 Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; 15 porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. Es por esto y más, que Jonás exclamaba dentro del vientre de un gran pez... Más yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios; Pagaré lo que prometí. La salvación es de Jehová. Seguramente luego fuera del gran pez, también se regocijaría en Dios, El Único Dios, que le había manifestado Su Misericordia y Fidelidad. El Dios de su Salvación, cuando estuvo a punto de desfallecer, de morir, de rendirse... El Dios que también Amado Hermano estuvo en tu soledad, angustia, miseria, enfermedad… de ahí Dios te sacó y salvó. Porque solo Dios salva. Por lo tanto podemos decir como Jonás: ¡Cumpliré lo que prometí!