Lunes, 23 de Marzo del 2026

Juan 13:14

Día 23

Devocional escrito por Silvia Moreno de Alfieri

Juan 13:14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros

 

Como dijo nuestro Señor Jesús a Sus Discípulos: El que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos.

Ø Jesús nos ha llamado a servir a todos, siendo Él mismo, El Ejemplo a seguir. 

Lo vemos trayendo Salvación a la humanidad, mientras caminaba sobre esta tierra nos sorprendía sanando enfermos, liberando a los oprimidos, levantando de las ruinas a quienes no tenían esperanza… pero en este maravilloso versículo hace algo que deja una reflexión interesante:

Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies,

vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros

 

1.   Lava los pies de Sus Discípulos.

2.   Les manda a hacer lo mismo entre ellos.

 

El servicio y el amor de Unos por Otros debe caracterizar a los Discípulos de Cristo.

Ø Y aquí encajamos todos aquellos que le seguimos.

Cada uno de nosotros es Siervo, Esclavo por amor, somos llamados a imitar El Ejemplo Abnegado de nuestro Señor.


Jesús lavó los pies de los discípulos en el Aposento Alto durante la Última Cena.

Esto tiene un triple significado.

·        Para Jesús: fue una muestra de Su Humildad y Servicio al perdonar a los pecadores.

·        Para los discípulos: el lavamiento de sus pies mostró una mentalidad en contraste directo con la actitud de sus corazones en ese momento.

·        Para nosotros: lavar los pies simboliza nuestro papel en el Cuerpo de Cristo.

 

En tiempos bíblicos andar en sandalias abiertas por los caminos de Israel, caminar largas distancias por senderos polvorientos, hacia que los pies llegaran sucios, cansados y cubiertos de polvo.

Por eso, al entrar a una casa, alguien debía lavar los pies del visitante.

Pero ese trabajo no lo hacía el dueño de la casa, ni siquiera lo hacía el invitado.

Ese era el trabajo del siervo más humilde, era el oficio más bajo.

Ø Y ahí está la parte que impacta el corazón, pues Jesús se hizo cargo de esa labor.

 

Los invitados llegaban y se hacía necesario lavarse los pies antes de una comida.

La gente se reclinaba en mesas que eran muy bajas, y se veían mucho los pies.

Ø Cuando Jesús se levantó de la Última Cena y comenzó a lavar los pies de los discípulos, estaba haciendo el trabajo del más humilde de los sirvientes. 

Ø Los discípulos debieron de quedarse atónitos ante este acto de humildad y bondad: que Jesús, su Señor y Maestro, lavara los pies de Sus discípulos.

  

La actitud de Jesús contrastaba directamente con la de los Discípulos, que hacía poco habían estado discutiendo entre ellos sobre cuál de ellos era el más grande.

Lucas 22:24 Hubo también entre ellos una disputa sobre quién de ellos sería el mayor.

 

Nuestro Señor “ubica” a Sus Discípulos:

Marcos 10:44-45 y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. 

45 Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

 

En el Aposento Alto no había ningún criado que les lavara los pies, y no se les ocurrió lavarse los pies Unos a Otros.

Entonces cuando El Señor mismo se rebajó a esta humilde tarea, se quedaron asombrados, sorprendidos, perplejos…en silencio.

Pedro se sintió incómodo cuando el Señor le lavó los pies, y protestó:

Juan 13:8 No me lavarás los pies jamás…


Ø En esa sencilla práctica, había una valiosa enseñanza para todos los que nos decimos cristianos.


Eran tiempos en que el Evangelio avanzaba desde Israel, hasta Samaria y ahí llegaría a los gentiles.

Esta actitud derribaría prejuicios entre las diferentes clases sociales y grupos raciales.

Los judíos y los gentiles, hombres y mujeres, esclavos y libres serían aceptados en El Camino, en una Iglesia que estaba naciendo…

Ante Dios todos los creyentes gozamos del mismo estatus espiritual ante Dios, Cristo nos dio el acceso a ser ciudadanos del Cielo. 

Ø El Evangelio había llegado para poner fin a todos los prejuicios que existían. 


Como dijo el Apóstol Pablo a los Colosenses:

Colosenses 3:10-11 y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, 11 donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos.

 

Ø Era necesario comprender que el Mensaje del Evangelio, es Amor en Acción.

 

Jesucristo se dio por Amor, por lo tanto, los creyentes debemos en Su Perfecto Amor, demostrar misericordia, benignidad, humildad, mansedumbre, paciencia… soportando y perdonando al prójimo como Cristo lo hizo con nosotros.

Colosenses 3:12 Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; 13 soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. 14 Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.

 

Volviendo a Pedro, cuando éste reclamó, la respuesta del Maestro fue firme:
Juan 13:8 …Si no te lavare, no tendrás parte conmigo.

Esto provocó que Pedro, que amaba al Señor genuinamente, a pedir que lo lavara completamente.

Juan 13:9 Le dijo Simón Pedro: Señor, no solo mis pies, sino también las manos y la cabeza.

 

Entonces Jesús le explicó:

Juan 13:10 El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos.

 

Los discípulos seguramente tenían sus cuerpos limpios, se habían "bañado", y todos estaban "limpios", menos uno: Judas, que lo traicionaría.

Juan 13:11 Porque sabía quién le iba a entregar; por eso dijo: No estáis limpios todos.

 

Ø El acto de Jesús de lavar los pies de los Discípulos ilustra su limpieza espiritual.

Ø Jesús es Quien perdona.

Ø Su Sangre nos limpia de todo pecado

  

Pedro y los demás habían experimentado la limpieza completa de la Salvación y no necesitaban ser bañados de nuevo en el sentido espiritual.

Ø Cuando aceptamos La Salvación que nos ofrece Jesucristo, somos justificados por la fe.

Ø Luego comienza el proceso de por vida, de La Santificación, lo que sería un lavado diario de la mancha del pecado.

 

Pues a medida que andamos por este mundo, parte de la suciedad espiritual se aferrará a nosotros, obviamente si Usted o yo lo permitimos.

Es por eso que se necesita ser lavado-perdonado por Cristo.

1 Juan 1:9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

Ø Cuando acudimos a Cristo en busca de Salvación, Él siempre está dispuesto a lavar nuestros pecados.

 

Amados Hermanos como Seguidores de Jesús, debemos imitarle, sirviéndonos Unos a Otros con humildad de corazón y de mente.

Debemos procurar edificarnos Unos a Otros con humildad y amor.

 

Ø Parte de ese servicio humilde es perdonarnos unos a otros.

Colosenses 3:13 soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.

 

Prestemos atención, cuando buscamos la preeminencia, descuidamos el servicio a los demás o nos negamos a perdonar, y esta actitud es desagradable al Señor.


Ø La verdadera grandeza en Su Reino la alcanzan aquellos que tienen un corazón de Siervo.

Marcos 9:35 Entonces él se sentó y llamó a los doce, y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos.

 

No se trata solo de saber, enseñando y predicando a otros, se trata de vivir y testificar.

Juan 13:17 Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis. 


La realidad del Mensaje del Evangelio es que Jesús murió y resucitó por toda la humanidad, la cual anhela sea redimida.

Quienes somos Sus Discípulos, debemos encargarnos  de mostrar Su Amor y Humildad, de recibir a quienes vienes con sus pies sucios, para ayudarles a sentarse a la Mesa del Señor dignamente.

 

Jesús mira cada alma sucia y perdida con compasión, camina a través de nosotros, abraza a través de nosotros.

Y el perdido alcanza el perdón, a través de que nosotros mostremos verdaderamente a Cristo.