Juan 13:14
Día 23
Devocional escrito por Silvia Moreno
de Alfieri
Juan 13:14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros
también debéis lavaros los pies los unos a los otros
Como
dijo nuestro Señor Jesús a Sus Discípulos: El que de
vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos.
Ø Jesús nos ha llamado a servir a todos, siendo Él mismo, El Ejemplo a seguir.
Lo
vemos trayendo Salvación a la humanidad, mientras caminaba sobre esta tierra
nos sorprendía sanando enfermos, liberando a los oprimidos, levantando de las
ruinas a quienes no tenían esperanza… pero en este maravilloso versículo hace
algo que deja una reflexión interesante:
Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies,
vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros
1.
Lava los pies de Sus Discípulos.
2.
Les manda a hacer lo mismo entre ellos.
El servicio y el amor de Unos por Otros debe
caracterizar a los Discípulos de Cristo.
Ø Y aquí encajamos todos
aquellos que le seguimos.
Cada uno de nosotros es Siervo, Esclavo por amor, somos llamados a imitar El Ejemplo Abnegado de nuestro Señor.
Jesús
lavó los pies de los discípulos en el Aposento Alto durante la Última Cena.
Esto tiene un triple significado.
·
Para Jesús: fue una muestra de Su Humildad y Servicio al perdonar a los
pecadores.
·
Para los discípulos: el lavamiento de sus pies mostró una mentalidad en
contraste directo con la actitud de sus corazones en ese momento.
·
Para nosotros: lavar los pies simboliza nuestro papel en el Cuerpo de
Cristo.
En
tiempos bíblicos andar en sandalias abiertas por los caminos de Israel, caminar
largas distancias por senderos polvorientos, hacia que los pies llegaran
sucios, cansados y cubiertos de polvo.
Por
eso, al entrar a una casa, alguien debía lavar los pies del visitante.
Pero
ese trabajo no lo hacía el dueño de la casa, ni siquiera lo hacía el invitado.
Ese
era el trabajo del siervo más humilde, era el oficio más bajo.
Ø Y ahí está la parte
que impacta el corazón, pues Jesús se hizo
cargo de esa labor.
Los
invitados llegaban y se hacía necesario lavarse los pies antes de una comida.
La
gente se reclinaba en mesas que eran muy bajas, y se veían mucho los pies.
Ø Cuando Jesús se levantó de la Última Cena y comenzó a lavar los pies de los discípulos, estaba haciendo el trabajo del más humilde de los sirvientes.
Ø Los discípulos debieron
de quedarse atónitos ante este acto de humildad y bondad: que Jesús, su Señor y
Maestro, lavara los pies de Sus discípulos.
La actitud de Jesús contrastaba directamente
con la de los Discípulos, que hacía poco habían estado discutiendo entre ellos
sobre cuál de ellos era el más grande.
Lucas
22:24 Hubo también entre ellos una disputa
sobre quién de ellos sería el mayor.
Nuestro Señor “ubica”
a Sus Discípulos:
Marcos
10:44-45 y el que de vosotros
quiera ser el primero, será siervo de todos.
45 Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y
para dar su vida en rescate por muchos.
En el Aposento Alto no había ningún
criado que les lavara los pies, y no se les ocurrió lavarse los pies Unos a Otros.
Entonces cuando El Señor mismo se
rebajó a esta humilde tarea, se quedaron asombrados, sorprendidos, perplejos…en
silencio.
Pedro se sintió incómodo cuando el
Señor le lavó los pies, y protestó:
Juan 13:8 No me lavarás los pies jamás…
Ø En esa
sencilla práctica, había una valiosa enseñanza para todos los que nos decimos cristianos.
Eran
tiempos en que el Evangelio avanzaba desde Israel, hasta Samaria y ahí llegaría
a los gentiles.
Esta
actitud derribaría prejuicios entre las diferentes clases sociales y grupos
raciales.
Los
judíos y los gentiles, hombres y mujeres, esclavos y libres serían aceptados en
El Camino, en una Iglesia que estaba naciendo…
Ante Dios todos los creyentes gozamos del mismo estatus espiritual ante Dios, Cristo nos dio el acceso a ser ciudadanos del Cielo.
Ø El Evangelio había llegado para poner fin a todos los prejuicios que existían.
Como dijo el Apóstol Pablo a los Colosenses:
Colosenses 3:10-11 y revestido
del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va
renovando hasta el conocimiento pleno, 11 donde no hay griego ni judío, circuncisión ni
incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo,
y en todos.
Ø Era necesario
comprender que el Mensaje del Evangelio, es Amor en Acción.
Jesucristo
se dio por Amor, por lo tanto, los creyentes debemos en Su Perfecto Amor,
demostrar misericordia, benignidad, humildad, mansedumbre, paciencia…
soportando y perdonando al prójimo como Cristo lo hizo con nosotros.
Colosenses 3:12 Vestíos, pues, como escogidos de Dios,
santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de
mansedumbre, de paciencia; 13 soportándoos
unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra
otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. 14 Y sobre todas estas
cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.
Volviendo
a Pedro, cuando éste reclamó, la respuesta del Maestro fue firme:
Juan
13:8 …Si no te lavare, no tendrás parte conmigo.
Esto provocó que Pedro, que amaba al
Señor genuinamente, a pedir que lo lavara completamente.
Juan 13:9 Le dijo Simón Pedro: Señor, no solo mis pies, sino también las manos y
la cabeza.
Entonces Jesús le explicó:
Juan 13:10 El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies,
pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos.
Los discípulos seguramente tenían sus
cuerpos limpios, se habían "bañado", y todos estaban
"limpios", menos uno: Judas, que lo traicionaría.
Juan 13:11 Porque sabía quién le iba a entregar; por eso dijo: No estáis limpios
todos.
Ø El acto de Jesús de lavar los pies de los Discípulos ilustra su limpieza
espiritual.
Ø Jesús es Quien perdona.
Ø Su Sangre nos limpia de todo pecado
Pedro y los demás habían
experimentado la limpieza completa de la Salvación y no necesitaban ser bañados
de nuevo en el sentido espiritual.
Ø Cuando aceptamos La Salvación que nos ofrece Jesucristo, somos
justificados por la fe.
Ø Luego comienza el proceso de por vida, de La Santificación, lo que sería
un lavado diario de la mancha del pecado.
Pues a medida que andamos por este
mundo, parte de la suciedad espiritual se aferrará a nosotros, obviamente si
Usted o yo lo permitimos.
Es por eso que se necesita ser
lavado-perdonado por Cristo.
1 Juan 1:9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo
para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.
Ø Cuando
acudimos a Cristo en busca de Salvación, Él siempre está dispuesto a lavar
nuestros pecados.
Amados Hermanos como Seguidores de
Jesús, debemos imitarle, sirviéndonos Unos a Otros con humildad de corazón y de
mente.
Debemos procurar edificarnos Unos a Otros con humildad y amor.
Ø Parte de ese servicio humilde es perdonarnos unos a otros.
Colosenses
3:13 soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos
a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os
perdonó, así también hacedlo vosotros.
Prestemos atención, cuando buscamos
la preeminencia, descuidamos el servicio a los demás o nos negamos a perdonar, y
esta actitud es desagradable al Señor.
Ø La verdadera grandeza en Su Reino la alcanzan aquellos que tienen un
corazón de Siervo.
Marcos
9:35 Entonces él se sentó y llamó a los doce,
y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el
servidor de todos.
No se trata solo de saber, enseñando y predicando a otros, se trata de vivir y testificar.
Juan 13:17 Si sabéis estas cosas,
bienaventurados seréis si las hiciereis.
La realidad del Mensaje del Evangelio es que Jesús
murió y resucitó por toda la humanidad, la cual anhela sea redimida.
Quienes somos Sus Discípulos, debemos encargarnos de
mostrar Su Amor y Humildad, de recibir a quienes vienes con sus pies sucios,
para ayudarles a sentarse a la Mesa del Señor dignamente.
Jesús mira cada alma sucia y perdida con compasión, camina a través de nosotros, abraza a través de nosotros.
Y el perdido alcanza
el perdón, a través de que nosotros mostremos verdaderamente a Cristo.