Jueves, 16 de Noviembre del 2023

Juan 20:21

                                                                                                                                                                         Día 16

Juan 20:21… Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío. 

Nos ubicamos en el tiempo bíblico, encontrándonos con que Jesús ha muerto en la cruz y Sus Seguidores, los Discípulos se encuentran sumidos entre la esperanza y la confusión, entre el miedo y el desánimo… en ese cuadro de sentimientos encontrados llega la noticia sorprendente ¡Jesús ha resucitado!

Por la mañana del día de Pascua se ha dejado ver y reconocer por María Magdalena, y esa misma tarde se aparece a otros discípulos, que estaban encerrados con  un profundo sentimiento de tristeza  que les había invadido.

  • Jesús  va a buscarlos, quiere reunirse de nuevo con ellos.
  • Quiere que comprueben que lo que les había dicho, se ha cumplido.

 

Al anochecer de aquel primer día de la semana, la fe de los Apóstoles no era todavía clara.

Iban despertando poco a poco de todos los acontecimientos que habían ocurrido en Jerusalén.

El texto dice que las puertas de la casa estaban cerradas por miedo...

Juan 20:19 Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros

Pero los Apóstoles también tenían cerrado el corazón, y eso les impedía comprender.

El miedo es paralizante, nubla toda certeza, engendra un mar de dudas. 

El temor hace que uno se encierre en sí mismo y se olvide de los demás.


Al aparecerse ante ellos la primera expresión es Paz a vosotros.  

Su primera Palabra, es un deseo de Paz, un verdadero regalo que penetra en el alma y transforma la vida.

Así desbloquea Jesús el miedo, dando Paz.  

Se presenta ante ellos como el portador de la Paz, como el Príncipe de Paz.

 

  • Del mismo modo Jesús irrumpe en nuestras vidas, nos pide que salgamos de nosotros mismos y dejemos a un lado esos temores que nos paralizan.
  • En medio de nuestra oscuridad existencial, Jesús se hace presente como un rayo de luz y nos dice: Paz a vosotros. 


Jesús se aparece con los signos de Su Pasión por la humanidad, marcas en Su Cuerpo que demostraban Su Amor.

Sus Manos, Sus pies heridos, Su Costado  traspasado, Su Cuerpo desgarrado, fue molido por nuestros pecados, en la Cruz dio Su Vida por la humanidad pecadora.

 

Les enseñó las Manos y el Costado, porque los Discípulos necesitaban tiempo para salir del shock del momento y entender  que Cristo estaba delante de ellos resucitado.

Así también nosotros, en muchas ocasiones, teniendo pruebas suficientes de que nos ama, nos cuesta creer…

Y entonces los Discípulos por fin  lo reconocen y recobran la alegría; es el reencuentro con El Maestro, se sienten  consolados, animados, fortalecidos. Al estar de nuevo con El Señor,  les aviva su fe.


Es allí reunido con ese pequeño grupo de frágiles hombres que les  encomienda una ardua tarea:

Como me envió el Padre, así también yo os envío.

 

Debían ir por todo el  mundo llevando el Mensaje del Evangelio, las Buenas Noticias de Salvación.

Tal como Jesús  había anunciado que el Reino de los Cielos se había acercado, como había sanado enfermos y libertado endemoniados, delante de sus ojos, ahora los enviaba a Ellos a hacer las mismas obras  y aún mayores…de las que Él mismo había hecho.

Juan 14:12 De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre

Debían hacer discípulos, pero no irían solos, Jesús les acompañaría siempre.

Mateo 28:19-20 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

Sus Señales, las mismas que Él realizó, les seguirían a Sus Discípulos.

Marcos 16:17-18 Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; 18 tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.

Debían quedarse en Jerusalén hasta ser revestidos del Poder del Espíritu Santo

Lucas 24:49  He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.

 

Imaginemos qué maravilloso momento: Jesús con Sus Discípulos, indicándoles los pasos que debían seguir.

Juan 20:21 Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío. 

Ahí mismo les expresó algo que debe hacer causado un impacto en sus corazones

Juan 20:22 Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo

El ministerio al que Jesús llamó a los discípulos requería Poder Espiritual.

Durante la última conversación de Jesús con Sus Discípulos antes del juicio y de la crucifixión, les prometió que recibirían el Espíritu Santo que los regeneraría.

Juan 14:17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.


Esta referencia es para una preparación especial de los Apóstoles que iban a convertirse en la base de la iglesia en Pentecostés.

Hechos 1:8 pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.

Aquí Jesús sopló el Espíritu en los discípulos.

En Pentecostés el Espíritu unificó a los creyentes en un cuerpo y los fortaleció para testificar de Jesús

1Corintios 12:13 Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.

El Soplo  del Espíritu, aquí nos recuerda el aliento creativo de Dios en Adán, en el libro de Génesis. 

Génesis 2:7 Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.

Aunque este soplo no era un espíritu humano, sino el Espíritu del Dios Vivo.


Todos aquellos que tomemos este desafío, sabemos que Dios no nos ha enviado solos, contamos con Su Presencia para cumplirlo.

2 Timoteo 1:7-9 Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. 8 Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios, 9 quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, 

El valor para cumplir la misión no estaba en las fuerzas de los Discípulos, sino en creer que Dios les había elegido y les acompañaría en cada tramo

Como el Padre se fio de Él, así Jesús les dio a ellos toda Su Confianza.
Igual que a Sus Discípulos encerrados, sigue buscándonos a cada uno de nosotros,  en nuestras dudas, cuestionamientos y debilidades… Él sigue creyendo en nosotros.

  • Jesús propone a los discípulos de este tiempo, tener con Él una experiencia de Vida Nueva, de Paz y de Poder, para que podamos compartirla con los demás.
  •  Nos manda a dar testimonio de nuestro encuentro con Él, a salir de nosotros mismos, de nuestras frágiles certezas y de nuestras fronteras, para extender en el tiempo y en el espacio, la misma Misión que Él recibió del Padre: anunciar que Dios es Amor.
  • Nos exhorta a ir a buscar a las gentes y acercarlas a Dios.
  • Nos enseña que es importante estar dispuestos a predicarles del Amor y el Perdón, a recibir el perdón, ya que sin perdón no hay paz ni alegría.

 

Para cumplir esta misión, nos envía El Espíritu Santo, que nos dará la fuerza necesaria para expandir la Gran Noticia del Evangelio.

Todos los redimidos hemos recibido ese mismo Aliento de Dios.

Si estamos dispuestos a dejarnos llevar por la fuerza del Espíritu Santo, podremos llevar adelante la Gran Comisión.