Juan 21:17
Día 18
Devocional escrito por Yesica
Ocaranza de Italiani
Juan 21:17 …Señor, tú lo
sabes todo…
El Capítulo
21 del Evangelio de Juan nos narra la historia de Jesús apareciéndose a Sus
Discípulos por última vez después de resucitar de entre los muertos.
En este encuentro, Jesús le
pregunta a Pedro tres veces si lo ama, y Pedro responde afirmativamente a cada
una de las preguntas.
El versículo de nuestro devocional es
la respuesta de Pedro a la tercera vez que Jesús le pregunta: "¿Me amas?", a
lo cual Pedro responde:
"… Señor, tú lo sabes todo…"
Y la realidad es que sí, Jesús lo
sabe todo, nada hay oculto en nuestro corazón que Él no lo sepa.
Él todo lo sabe y todo lo ve, pero también Jesús necesita hechos y menos palabras.
No tantas promesas incumplidas, sino acciones
que muestren que verdaderamente hay un compromiso a Su Demanda.
La respuesta de Jesús a Pedro fue: "Apacienta mis ovejas".
Jesús nos recuerda que el Amor es
más que palabras, se convierte en acciones, así tal cual Él lo hizo.
La demostración más grande hacia nuestras
vidas fue entregarse a la crucifixión por ti y por mí.
Este versículo es profundamente significativo en la fe cristiana, ya que muestra la importancia del Apóstol Pedro como líder.
Jesús no solo le pregunta si lo
ama, sino que también le encarga la tarea de cuidar de Sus Seguidores.
En pocas palabras, Jesús le está diciendo: “Si me amas, demuéstralo a través de hechos, de tu amor por los demás”.
A veces podemos ser como Pedro, seguros de nuestro amor por Jesús, pero a menudo fallamos al mostrar ese amor en el trato con los demás.
Por ejemplo, nuestra humanidad y
carnalidad que nos cuesta dejar.
Nuestra fe debe ser más que palabras bonitas, sino, acciones concretas que demuestren nuestro amor y compromiso. Eso es fe...
Recordemos que el verdadero amor no
es solo un sentimiento o una emoción, es una acción.
También que la tarea de cuidar las
ovejas no solo fue una tarea para Pedro, sino para todos aquellos que nos
llamamos cristianos.
No necesitamos un título para tener
el cuidado de las almas, que son las “ovejas” del Señor.
Debemos estar siempre preparados y dispuestos para ayudar a los que nos rodean y marcar una diferencia positiva.
Entonces, ahí está nuestra obediencia a lo que nos mandó Jesús.
Muchas veces nos encontramos como
Pedro: nos entristecemos cuando El Señor, en su Inmenso Amor, insiste y nos
confronta con la pregunta “¿Me amas?”.
Esta pregunta viene porque Él todo
lo sabe.
Sabe que somos fallidos, pero no
quiere que nos quedemos en el error.
Dios es un Dios de oportunidades.
Así como lo hizo con Pedro después
de haberlo negado, (tal como nosotros muchas veces lo hemos hecho con nuestras
acciones), también le da la oportunidad de redimirse encargándole una tarea...
“Apacienta mis ovejas”
No lo perdonó y ya no tuvo más oportunidades, Pedro falló, y El Señor le dio la carga de apacentar Su Rebaño.
Dios no lo descartó, como así, no lo hace con nosotros.
Nos restaura y da responsabilidades: consagrarnos, santificarnos, testificar, servicio, liderazgo.
No nace de la perfección, sino del Amor
y la Misericordia de Dios.
Y luego debemos movernos en Su
Temor.
La obra comienza en arrepentimiento,
reconocimiento de nuestro pecado y luego la consagración al llamado.
Jesús restauró al Apóstol sin
humillarlo (quien debía humillarse era Pedro, tras negarlo) y convirtió su
fracaso en llamado.
Esto quiere decir que, si has
pecado una o varias veces, El Señor también quiere darte la oportunidad, tienes
la chance de reconocer tu falta y aceptarlo.
Hoy Jesús te pregunta una vez más:
¿Estás dispuesto a que cambie tu
vida? ¿Transforme tu fracaso en llamado? ¿Tu mentira en verdad?
Mateo 16:24 Si alguno
quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz y sígame.
Significa: dejar de lado el
egoísmo, someter nuestra propia voluntad para un propósito mayor y estar
dispuestos a hacer sacrificios diarios por vivir con integridad y fe.