Juan 5:8
Día 10
Juan 5:8 Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda.
Llegó Jesús a Jerusalén durante la celebración de
una fiesta judía.
Era día de reposo cuando el Maestro se acercó́ al
estanque de Betesda.
- Se menciona a Betesda una sola vez en el Nuevo testamento.
Juan 5:2 Y hay en
Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo
Betesda, el cual tiene cinco pórticos.
En esta mención tenemos al paralitico de Betesda.
Betesda es una transcripción
griega de la voz aramea betjasda que significa Casa de Misericordia; las variantes textuales son Betzata o Betsaida.
- Allí Jesús encontró́ a un hombre postrado, enfermo.
Supo El Señor que la persona llevaba mucho tiempo
en esas condiciones, así́ que se acercó́ a él.
Gracias a este encuentro, la vida de este hombre
que por años vivía en la desdicha, cambió para siempre.
La narración de este relato la hallamos solo en el
evangelio de Juan.
En los evangelios sinópticos la mayoría de los milagros
ocurren en Galilea.
Juan registra aquellos que fueron realizados en
Judea.
Este acontecimiento no solo nos permite asomarnos
al carácter compasivo de Cristo, constituye, además, una señal más que
demuestra que Jesús es el Hijo de Dios.
Juan presenta un panorama muy interesante, ya que
Jesús se hace presente en este lugar donde mucha gente llega con el fin de
encontrar un alivio físico, tal como lo hizo el paralítico de Betesda.
Leamos el relato bíblico para entrar en la historia
Juan 5:1-9 Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén. 2 Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos. 3 En estos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua. 4 Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese. 5Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. 6Cuando Jesùs lo vio acostado, y supo que llevaba mucho tiempo asì, le dijo: ¿Quieres ser sano?7 Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo.8 Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda.9 Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día.
La pregunta de Jesús al
paralítico de Betesda ¿Quieres ser sano?, puede
haber tenido la intención de sacar al hombre de su apatía, pero la respuesta no
revela fe alguna de parte del hombre.
Es claro que el
paralítico de Betesda pensaba de otra manera, ya que el versículo 7 muestra que creía
como los demás enfermos que se encontraban allí, que el primero que entrara al agua tendría la posibilidad de curarse.
Este hombre paralítico verdaderamente estaba en
el lugar correcto, en el lugar donde los enfermos tenían que estar, de acuerdo a lo que creían en ese momento , pero su
confianza, su esperanza, estaba puesta en algo equivocado, su confianza estaba
en que alguien lo ayudara, que una persona tuviera de él misericordia y lo
metiera en el estanque, pero eso nunca ocurría.
- Tristemente muchas personas están en el lugar
correcto, hasta pueden estar en los caminos del Señor, están en la Iglesia, están en los
ministerios de la iglesia, pero siguen poniendo su confianza en los hombres y
no en el Señor.
Muchos cristianos están esperando salir de un
problema, ser sanos de una enfermedad, que su familia sea restaurada, pero
verdaderamente su confianza y su esperanza no están en Dios, sino en lo
terrenal, en las personas, en los médicos, en los abogados, en los bancos,
en sus amigos y hasta en sus familiares con mayores posibilidades económicas.
El Señor nos dice algo muy duro, pero que debe
hacernos reaccionar:
Jeremías 17:5 Así ha dicho Jehová:
Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su
corazón se aparta de Jehová.
- Pero Jesucristo tenía la intención de sanar al paralítico de Betesda
- El paralítico recibió
un milagro que muestra el Poder y la Soberanía de Jesús
El paralitico
tuvo que pasar muchos años observando como muchos eran sanados, como muchos
otros paralíticos salían caminando de Betesda.
Como muchos salían gritando de alegría por
haber sido sanados, pero no llegaba su turno de recibir su milagro, siempre
había alguien antes que él.
Hay muchas personas que pasan la vida
esperando su día de suerte, esperando que por cosas del
destino, su vida cambie para siempre,
- Pero tenemos que comprender que no es cuestión de
suerte, no es cuestión del destino, todo está bajo la Soberana Potestad y Autoridad
de nuestro Señor Jesucristo
Mateo 28:18 Y Jesús se acercó y les
habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.
Ese hombre tuvo que ver cómo iban pasando las
semanas, los meses y luego los años, treinta
y ocho años, y su condición no cambiaba, su vida seguía igual o peor mientras el tiempo pasaba.
Es aquí cuando Jesús quiso sanar al paralítico de Betesda y le dijo: Levántate, toma tu lecho y anda.
Podemos tomar este acto de Jesús como Soberano,
rompiendo cualquier tradición o método.
Al igual que en ese tiempo, en nuestros días
encontramos personas confiando de esta manera y es momento de poner en práctica
La Palabra, creyendo en aquel que sana en cualquier
circunstancia,
Juan 14:12 De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras
que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre.
Las palabras de nuestro Señor Jesucristo
transformaron por completo la vida de ese hombre paralítico, solamente por
medio del Poder de las Palabras de nuestro Señor ese hombre pudo salir de
Betesda completamente sano.
Si alguien se encuentra en Betesda, recuerde
que es la Casa de Misericordia, El Señor sale a su encuentro ahora para mostrarle Su
Favor.
Confíe de todo corazón en Sus Promesas, Él puede cambiar su historia hoy.
Levántese, tome su lecho y comience a andar.