Mateo 10:38
Día 30
Mateo 10:38 Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno
de mí.
La cruz era el elemento de castigo utilizado por los romanos, con el cual los israelitas estaban bien familiarizados.
Las rebeliones en contra del imperio romano
eran comunes en Palestina y generalmente estas rebeliones terminaban con sus
líderes y seguidores capturados, los cuales eran condenados a muerte por
crucifixión.
Durante la peregrinación a la muerte los condenados tenían una ruta que les permitía a los judíos ver como iban desde la ciudad al lugar del martirio, cargando sus pesadas cruces donde a perderían la vida.
Básicamente, el significado de la cruz era la muerte.
Aproximadamente desde el siglo VI antes de Cristo
hasta el siglo IV después de Cristo, la
cruz era un instrumento de ejecución, por los métodos
más tortuosos y dolorosos.
En la crucifixión, una persona, considerada maldita, era atada o clavada en una cruz de madera y dejada colgada
hasta que muriera. La muerte sería lenta y terriblemente dolorosa.
Sin embargo, a causa de Cristo y Su Muerte en la cruz, el
significado de la cruz hoy, es completamente diferente.
Cristo se hizo maldito por nosotros, para hacernos benditos delante del Padre y la cruz toma otro significado para nuestras vidas.
Jesús hablando con sus
discípulos, toma esta figura, y les convida a tomar su cruz para poder seguirlo.
La vida cristiana y el servicio a Dios están llenos de dificultades que generalmente tentaran a
los creyentes a no seguir adelante, pero es necesario entender que nuestro
caminar cristiano no será siempre fácil.
Muchas veces sentiremos la carga muy pesada, pero esto no significa que debemos renunciar, sino simplemente debemos seguir esforzándonos cumpliendo la labor de la predicación.
Para poder ser digno de Él es necesario negar
nuestra carne de satisfacer las bajas pasiones, y cada día tomar la cruz, solo
así estaremos siguiendo las pisadas de nuestro gran Maestro y Mesías.
El Apóstol Pablo es un vivo ejemplo de poner en
práctica esta verdad, él decía:
Gálatas 2:20 Con Cristo estoy juntamente
crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí.
Pablo
vivía así, aprendió a caminar cargando su cruz, para dejar que cada día su yo
muriera y la Vida de Cristo crezca más en él.
Pudo
vivir en fe que él estaba crucificado con Cristo, también nosotros podemos
creerlo.
Así
como el reo era atado, clavado al madero para morir, nosotros estamos cargando
nuestra cruz hasta morir a nuestra carne.
Gálatas
5:24 Pero los que son de
Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.
Esa es nuestra posición de victoria; estando en la cruz.
Es allí donde Cristo venció. Si estamos crucificados, también
venceremos.
Si comprendemos esta realidad, caminaremos con dignidad por
esta vida cargando la cruz, que ya no nos maldice, sino nos dignifica, porque
estamos viviendo conforme el llamado y la demanda de nuestro Señor.
La vieja vida de maldición ha sido cambiada por una vida de dignidad y bendición.
Romanos 6:6 sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado
Pablo escribe que nuestro viejo hombre fue crucificado, como si fuera algo ya en la dimensión espiritual Cristo lo ha hecho por nosotros, obviamente si hemos creído y conocido esta Verdad.
Para muchos es dura la batalla de vencer su carne, algunos
aun congregándose, recibiendo la Palabra de Dios, siguen malditos con actos pecaminosos que esconden.
La enseñanza del Maestro sigue siendo que la clave está
en la cruz: el hombre debe crucificarse
para que el pecado sea destruido.
Obviamente esto no es literal, CRISTO VERDADERAMENTE FUE A LA
CRUZ UNA VEZ Y PARA SIEMPRE, pero SU SACRIFICIO nos invita a salir de nuestra condición
de carne, para que posicionados en SU CRUZ, podamos vivir en SU ESPIRITU Y EN
SU VICTORIA.
Ya no nos vence la carne, Cristo la venció, Su Espíritu Santo
morando en mí, en Usted, hará que decididamente elijamos destruirla, y no
servir más al pecado.
Este es un tema muy poco enseñado entre los cristianos, y algunos que dicen
conocer, pues lo recitan de memoria, no lo creen, por lo cual no les ayuda ni
les beneficia.
Y es fácil darnos cuenta de esto, porque no habría tanto
cristiano carnal dando vuelta en las congregaciones, o “siervos” dominados por
su carne que pecan deliberadamente.
El Apóstol Pablo dijo sabiendo
esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el
cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.
Cuando
un creyente está crucificado sirve a Cristo, lleno de Unción, es útil para el
Reino de Dios, emprendió el camino de la consagración y la santidad y su carne
es vencida por ello. No hay vuelta atrás.
Por la fe mantenemos al pecado en donde debe estar: en la muerte.
Así nosotros nos consideraremos muertos al pecado, pero vivos
para Dios en Cristo
El pecado no debe reinar en nuestro cuerpo, de modo que no lo
obedezcamos más.
Romanos 6:11-12 Así
también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo
Jesús, Señor nuestro. 12 No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal,
de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias;
Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.
La cruz no es solo una posibilidad sino un requisito del cristiano, aquel que sigue a Jesús debe tomarla, cargar su propia cruz.
·
La
cruz del discípulo solo existe en una relación indirecta con la cruz de Cristo,
es decir, no son idénticas. El cristiano no está llamado a cargar con aquello
que Jesús cargó y que solo Él podía cargar: el peso de la ira de Dios contra el
pecado de la humanidad.
·
La
cruz del discípulo no es más que la posibilidad de participar en minúscula
medida del sufrimiento de Cristo para que nuestra comunión con Él sea completa.
Por este motivo, la cruz del discípulo es digna.
Los primeros discípulos afrontaron persecución, esto está presente aun en nuestros días en muchos lugares del mundo. Como en aquellos tiempos, hoy a lo largo y a lo ancho de esta bendita tierra, hay millones de creyentes que cargando su cruz dignifican su llamado, testificando que hay un Salvador que se hizo maldito por toda la humanidad, colgado de un madero, pero que cambio la historia para siempre, en la cruz venció.
Venció
a satanás y a sus demonios, al pecado y a la muerte.
Hemos creído en Su Obra Maravillosa, la que cambio la maldición convirtiéndola en bendición y nos dio
dignidad sentándonos en lugares celestiales junto con Él.
Efesios 2:1-10
Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y
pecados, 2 en los cuales anduvisteis en
otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la
potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 3 entre
los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de
nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos
por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. 4 Pero Dios, que es rico en misericordia, por su
gran amor con que nos amó, 5 aun
estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con
Cristo (por gracia sois salvos), 6 y
juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares
celestiales con Cristo Jesús, 7 para
mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su
bondad para con nosotros en Cristo Jesús. 8 Porque
por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don
de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe. 10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo
Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que
anduviésemos en ellas.
Levántatenos y caminemos cada día, llevando con dignidad la cruz, mostremos al mundo que Cristo es el
Salvador, el único que puede transformar sus vidas.