Mateo 12:37
Día
2
Devocional
escrito por Graciela Alarcón de Chaves
Mateo 12:37 Porque por tus palabras serás justificado; y por tus
palabras serás condenado.
En
la Biblia, el Apóstol Santiago hace la comparación entre el pequeño
timón de un barco y una lengua, ya que son los miembros pequeños que
dirigen el camino y nos pueden hacer llegar a “PUERTO SEGURO, o pueden hacer
que nos hundamos como el Titanic”.
Santiago 3:2-5 porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, este es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo. 3 He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo. 4 Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. 5 Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!
Ø Es importante tomar
consciencia de que nuestras palabras edifican o destruyen, desaniman o inspiran,
curan o dañan.
Ø Por eso debemos elegir
con sumo cuidado lo que decimos.
Ø Las palabras pueden ser
de bendición hacia nuestra vida y hacia los demás.
En
el devocional de este día, Jesús nos habla de la importancia de nuestras palabras,
pues por ellas seremos justificados o condenados
Mateo 12:37 Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.
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Nuestras palabras nos definen y ponen en manifiesto lo que hay en
nuestro corazón.
Mateo 15:18 Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto
contamina al hombre.
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Si nuestras palabras dañan, son maliciosas, condenan, son ofensivas, así
es esa persona.
Proverbios 12:18 Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada;
Mas la lengua de los sabios es medicina.
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Pero si tus palabras están llenas de Gracia, Amor, Paciencia, Verdad
y Humildad, damos testimonio de una verdadera transformación.
Las palabras son el espejo del alma.
Las
palabras tienen consecuencias eternas en el Día del Juicio, nuestras palabras
serán parte del testimonio de vida, a nuestro favor o no.
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Esto no significa que la Salvación se gana por hablar bien, sino
que lo que decimos es una evidencia de que realmente hemos creído en El Evangelio
de nuestro Señor Jesucristo y hemos sido transformados por El Santo
Espíritu.
Juan 3:3-5 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que
el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. 4 Nicodemo
le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda
vez en el vientre de su madre, y nacer? 5 Respondió Jesús: De
cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no
puede entrar en el reino de Dios.
Tito 3:5 nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos
hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la
renovación en el Espíritu Santo,
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Dios, que ve y oye todo, tomará en cuenta lo que hayamos dicho.
Salmos 139:4-5 Pues aún no está la palabra en mi lengua Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda 5 Detrás y delante me rodeaste, Y sobre mí pusiste tu mano.
Si
nuestras palabras reflejan lo que somos por dentro entonces el cambio no
comienza en los labios, sino en el corazón.
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Necesitamos un nuevo corazón, uno transformado por la Gracia de Dios
Ezequiel 11:19 Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro
de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un
corazón de carne,
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Ese cambio profundo solo es posible si creemos en el Señor Jesucristo.
Romanos 10:9-10 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.
Cuando
creemos en Él, somos hechos Nuevas Criaturas y el Espíritu Santo comienza
a renovar nuestra manera de pensar, sentir y hablar.
En
nuestro devocional, Jesús enfatiza la necesidad de un corazón recto, ya que de
él brotan las palabras y acciones que serán evaluadas en el Juicio Final, las que nos pueden “justificar” o “condenar”
Este pasaje nos invita a examinar día a día nuestro corazón y a reconocer la Obra del Espíritu Santo en nuestras vidas.
Dejemos que Él llene
nuestro corazón con Su Amor y entonces nuestras palabras
serán un
testimonio vivo de la Gracia que salva y transforma.