Mateo 20:33
Día 31
Mateo 20:33… Señor, que sean abiertos vuestros ojos.
En el relato bíblico de Mateo 20:29-34 Jesús iba rumbo a
Jerusalén, donde sería crucificado, sabe que esta será su última Pascua en esta
tierra.
Se nos dice que al salir de Jericó, una gran
multitud le seguía.
Esta ciudad llamada Jericó estaba ubicada al sur de
donde se había edificado la primera Jericó que aparece en el Antiguo
Testamento.
La nueva Jericó fue prácticamente reconstruida y
embellecida por Herodes el Grande, estaba localizada a unos 24 kilómetros al
noreste de Jerusalén. Era considerada un
pequeño paraíso, rodeada de palmeras, donde el clima era muy agradable,
se había edificado villa con teatro, anfiteatro y baños. Un lugar de mucho
movimiento de personas.
Este milagro de sanidad es el último que narra Mateo y a través de él nos muestra la enorme Misericordia de nuestro Señor, ya que a pesar que su alma estaba muy turbada por lo que le esperaba en Jerusalén, Jesús estaba atento a las necesidades, para obrar a favor de aquellos que le esperaban a su paso.
Encontramos a dos ciegos que estaban sentados junto al camino.
La ceguera, era un mal muy común en los tiempos
de Jesús, especialmente por las condiciones del desierto, los fuertes vientos
cargados de polvo en el aire, y algunas infecciones provocadas por bacterias
que atacaban directamente los ojos.
El
contexto inmediato al encuentro entre los dos ciegos y El Señor, fue la
declaración de Jesús de que su muerte sería el pago o el rescate por muchos.
Mateo 20:28 como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
La Gracia Soberana de
Dios llama a Salvación a los que nadie hubiera pensado jamás llamar.
Nosotros
también éramos ciegos, ciegos espirituales, que necesitábamos que Jesús abriera
nuestros ojos.
Alcanzados
por la Soberana Misericordia de Dios
Mateo 20:29-30
Al salir ellos de Jericó, le seguía una
gran multitud. 30 Y dos ciegos que estaban sentados junto al
camino, cuando oyeron que Jesús pasaba, clamaron, diciendo: ¡ Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!
Para
la cultura oriental de aquel tiempo (y en algunas culturas hasta hoy), si un hombre
nacía con una malformación o alguna condición congénita, estas serían
interpretadas como un Juicio Divino.
En Juan 9,
podemos ver un ejemplo claro de lo expuesto, en el relato de la sanidad del
ciego de nacimiento.
Juan 9:1-2, 34 Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. 2 Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿ quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?
34 Respondieron y le dijeron: Tú naciste del todo en pecado, ¿y
nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron.
Al
salir Jesús y sus discípulos de Jericó, “le seguía una
gran multitud”.
Sin
embargo, el pasaje presenta que únicamente “dos
ciegos” recibieron de Dios el entendimiento para reconocer que Jesús
era el “Señor, Hijo de David...”
Según Mateo 1:21, el nombre Jesús significa “él salvará a su pueblo de sus pecados”.
Aquel
día, Dios cambiaría las vidas de estos ciegos para siempre.
Ellos que se encontraban “mendigando”, esperando que alguien se compadeciera de sus vidas, estaban a un paso de recibir la ayuda que cambiaría sus destinos.
En
Su Gracia, Dios les permitiría ver y encontrar en Cristo, todo lo que los
hombres necesitan para la Vida y la Piedad.
Los
dos ciegos claman a viva voz “¡Señor,
Hijo de David, ten misericordia de nosotros!”
Una
profunda expresión de los ciegos, porque en ella se reconoce que:
·
Jesús es el
cumplimiento del juramento de Dios a la casa de David
2 Samuel 7:12-16 Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. 13 Él edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino.14 Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres;15 pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti. 16 Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente.
Salmos 89:3-4 Hice pacto con mi escogido; Juré
a David mi siervo, diciendo: 4 Para
siempre confirmaré tu descendencia, Y edificaré tu trono por todas las
generaciones. Selah
Salmos 89:35-36 Una vez he jurado por mi
santidad, Y no mentiré a David. 36 Su
descendencia será para siempre, Y su trono como el sol delante de mí.
Hechos 2:29-36 Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. 30 Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono, 31 viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción. 32 A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. 33 Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís. 34 Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, 35 Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. 36 Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.
·
Jesús es El Señor y Rey
enviado por Dios.
Hechos 2:36
Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de
Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho
Señor y Cristo.
1 Timoteo
6:15 la cual a su tiempo mostrará el bienaventurado y
solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores,
Hechos10:36 Dios envió mensaje a los hijos de Israel, anunciando el evangelio de la paz por medio de Jesucristo; este es Señor de todos.
·
La Misericordia salvadora
de Dios se halla en Jesús, fuera de Él solamente existe juicio y condenación.
Hechos 4:12
Y en ningún otro hay salvación; porque no hay
otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.
2Timoteo 1:9 Él nos salvó y llamó con llamamiento santo, no
conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue
dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos.
Romanos 8:1-2 Ahora,
pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no
andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. 2 Porque
la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado
y de la muerte.
Estos dos
ciegos no iban a desistir de encontrar el Favor de Dios, vencieron sus propias
limitaciones y también a las personas que se oponían en el camino.
Subieron
sus voces, se enfocaron en llamar la atención
de Jesús.
Mateo 20:31 Y la gente les reprendió para que callasen; pero ellos clamaban más, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!
La
multitud reprendió a los ciegos para que se callaran.
Nuestro
pensamiento concebiría que algunos de entre la gran multitud les hubieran
abierto paso a los ciegos para conducirlos a Jesús, pero eso no pasó.
A
pesar de esto, los dos ciegos no se callaron, pues “ellos clamaban más, diciendo: ¡Señor, Hijo de
David, ten misericordia de nosotros”.
Jesús
está atento a las necesidades de las
personas, y mucho más de aquellos que buscamos Su Ayuda, enseguida responde:
Mateo 20:32-34 Y
deteniéndose Jesús, los llamó, y les dijo: ¿Qué queréis que os haga? 33 Ellos
le dijeron: Señor, que sean abiertos nuestros ojos. 34 Entonces
Jesús, compadecido, les tocó los ojos, y en seguida recibieron la vista; y le siguieron.
Vemos una enorme diferencia entre la respuesta de Jesús ante los ciegos y la de la multitud: mientras la gente intentaba acallarlos y provocar que desistan de acercarse al Señor, Mateo expone que Jesús se compadeció de ellos.
El Evangelio de Juan señala que la Misericordia de Dios se muestra al traer a
los hombres a Su Hijo, para Salvación.
Juan 6:37 Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera.
Jesús
afirmó que todos los que se acercan a Él, dados por Su Padre no los echa
fuera.
El pasaje no dice que todos los que se acercan a Jesús, sea por cualquier razón, serían recibidos.
Juan 6:39 Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo
lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.
Jesús
es El Salvador de todos los hombres que el Padre le da.
Ninguno
de ellos quedará en su estado de muerte, sino que resucitarán con Él.
Juan 6:44 Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le
trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.
La
Biblia enseña que Dios concede Su Gracia salvadora sobre los que Él quiere.
Romanos 9:15-16 Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. 16 Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.
Romanos 9:18 De manera que de quien quiere,
tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece.
Dios
escoge hacer participantes de su Bendita Gracia a ciegos, cojos, leprosos, necios, débiles, etc.
Y esto
no debería sorprendernos porque así es como Dios actúa.
1 Corintios 1:26-29 Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois
muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; 27
sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo
débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 28 y lo
vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo
que es, 29 a fin de que nadie se jacte en su presencia.
Podemos sentirnos identificados, lo vil del mundo escogió Dios...
Cada uno de los que hemos sido alcanzados, que
hemos recibido la Salvación, junto con ella, Jesús ha obrado sanando nuestro
cuerpo, nuestros pensamientos y emociones.
Dios abrió nuestros ojos espirituales y ahora
podemos ver la Luz de Jesús, y diferenciar las tinieblas, donde el diablo
opera para destrucción de los hombres.
Los dos ciegos “recibieron la vista; y le siguieron”
- La fe salvadora no es
sólo un reconocimiento de Quién es Jesús.
- La fe verdadera lleva
a los creyentes a seguir a Jesús, así
como estos dos ciegos lo hicieron.
- Por consiguiente,
aquel que asevera haber recibido Salvación en Jesús, pero no lo sigue, a sí
mismo se engaña.
Aquellos
a los que Dios nos ha concedido ojos
para ver en Jesucristo la Salvación de nuestras almas, debemos vivir eternamente agradecidos
caminando con Él, es decir, siguiéndole como los dos ciegos del pasaje de este devocional.
Sin
lugar a dudas, una de las mejores evidencias de que hemos sido salvos, es la
perseverancia en el Camino del Evangelio.
Debemos caminar
como Cristo lo hizo por esta tierra, y seguramente encontraremos muchos ciegos
a los que les presentaremos el Mensaje del Evangelio, que traerá salud a sus
cuerpos y salvación de sus almas.