Mateo 8:7
Día 16
Mateo 8:7 Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré.
La maravillosa historia que corresponde al devocional de este día podemos leerla completa en Mateo 8:5-13 y Lucas 7:1-10, esfuércense en leer los dos pasajes, serán enriquecidos.
El
relato bíblico nos muestra a un hombre gentil, funcionario del ejército romano
al servicio del emperador, que agradó a Jesús por su fe.
La actitud de este centurión no puede pasar desapercibida,
teniendo en cuenta el contexto y las costumbres de esos tiempos.
Los centuriones eran oficiales romanos a cargo de un centenar
de soldados, La Biblia relata de muchos centuriones que buscaron a Jesús, aquí se
trata de uno que los ancianos decían que era bueno con ellos. Incluso son estos
ancianos quienes hablan con Jesús ante la petición del centurión.
Lucas 7:4-6 Y ellos vinieron a
Jesús y le rogaron con solicitud, diciéndole: Es digno de que le concedas esto; 5 porque ama a nuestra nación, y nos
edificó una sinagoga. 6 Y Jesús fue con ellos…
Sin ser un seguidor de Jesús, le rogó por su siervo para que
el Señor le sanara.
La respuesta de Jesús al centurión fue todo lo que él hubiera
esperado y más;
Mateo 8:7 Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré.
Sin embargo, este hombre reconociendo que estaba ante la Presencia
de Jesucristo, le dice al Señor que no era digno, como para que Jesús llegara
su casa y acto seguido hace una de las declaraciones más poderosa que cualquier
persona que espera un milagro puede decir:
Mateo 8:8 solamente di la palabra…
Dice la escritura que Jesús se maravilló de ver la fe de este
hombre, y en aquella misma hora el siervo del centurión, sanó.
·
El centurión hizo lo natural, se acercó al Señor y mostró su
fe.
·
Por otro lado, el Señor hizo lo sobrenatural y realizó el
milagro.
El Centurión tiene actitudes que nos dejan grandes enseñanzas:
v Amaba a su criado, entonces procuró que Jesús obrara.
Este
hombre demuestra un corazón sensible, lleno de afecto, cariño y estimación
hacia su siervo, por eso procura el auxilio para sacarlo de la situación que atravesaba.
Este centurión romano, primero les pidió a sus
amigos los ancianos judíos, que fueran a “rogarle a Jesús ir su
casa” para que sanara a su siervo;
Lucas 7:3 Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, le envió unos
ancianos de los judíos, rogándole que viniese y sanase a su siervo.
Pero posteriormente, manda a otros amigos a decirle
a Jesús que no es necesario que llegue y entre hasta su casa, “porque él
no era digno”, por lo cual ni siquiera había querido acercarse a Jesús.
Lucas 7:6-7 Y Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la
casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes,
pues no soy digno de que entres bajo mi techo; 7 por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti;
pero di la palabra, y mi siervo será sano
Pero también reconoce que Jesús tiene la Autoridad
y el Poder para que, con solo dar una palabra,
sin importar la distancia, suceda el milagro, y el criado reciba su sanidad.
v Se humilló ante Jesús.
Este
centurión era un hombre de mucho poder. Tenía gente a su cargo que dependía
de él.
Lucas 7:8 Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo
soldados bajo mis órdenes; y digo a este: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y
a mi siervo: Haz esto, y lo hace.
No
obstante, ante la crisis que vivió, todo ese poder no le sirvió de nada, tuvo
que reconocer su incapacidad y venir en actitud de sumisión, creyendo que
Jesús podía realizar el milagro.
Este centurión fue bendecido porque se humilló
delante del Señor.
Entre más grande es nuestra fe en la grandeza de
Cristo, más humildad producirá en nosotros.
Entre más brillante este la luz del sol, mas
perfectamente definida será nuestra sombra.
v Se enfocó en Jesús como única solución.
Esta
característica es de vital importancia porque vio lo que posiblemente otros, en
la misma posición que él, no hubieran visto. Jesús es verdaderamente la
única solución en momentos de gran necesidad.
El
centurión sabía que su criado estaba enfermo y a punto de morir.
Lucas 7:2 Y el siervo de un centurión, a quien este quería mucho, estaba
enfermo y a punto de morir.
Debía enfocarse en la solución, no en el problema si quería que
cambiara la situación de su criado.
Lucas 7:3 Cuando el centurión oyó hablar de Jesús…
Encontró la salida, sabía que al mandarle a buscar, al
pedirle ayuda, hallaría respuesta, Cristo era su solución.
Se enfocó en Jesús y depositó el Él toda su confianza.
v Puso toda su confianza en Jesús.
Esta
particularidad es sumamente interesante porque este hombre no era un seguidor
de Jesús, sin embargo, depósito su confianza plenamente en el Único que
realmente podía hacer algo por su criado y recibió la respuesta que
necesitaba.
Esta fe del centurión era producto del conocimiento
que tenía acerca de Jesús, pues aunque pareciera que nunca antes se habían
encontrado personalmente, este centurión romano sabía y conocía perfectamente
el Poder de Jesús y cómo reaccionaba ante aquellos que clamaban por sus
necesidades.
Por esta razón, este centurión declara con convicción, que él tiene la fe suficiente para creer, que si Jesús pronunciaba la palabra de
sanidad, su siervo sería sano.
El
Señor está buscando hombres y mujeres que lo puedan maravillar a través de su
fe.
Hebreos 11:6 Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es
necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de
los que le buscan.
La
realidad es que Dios quiere obrar de una forma poderosa en las vidas de Sus Hijos,
pero es necesario creerle a Él, porque sin fe es imposible agradarle.
El
Centurión nos da una lección que es menester imitar.
Nos
enseña que lo único que necesitamos para conseguir el milagro que anhelamos es
fe.
Hebreos 11:1 Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que
no se ve.
Tener
la certeza y convicción de que lo que le estoy pidiendo sucederá.
Tal vez
Usted, como yo está esperando que Jesús realice un milagro…
Digámosle
al Señor: Solamente di la palabra
Y creamos que Él lo hará para la Gloria de su Nombre.