Mateo 9:38
Día 28
Mateo 9:38 Rogad,
pues, al Señor de la mies que envíe obreros.
La expresión dicha por el Señor Jesús nos da el
diagnóstico que Él hizo de la realidad de su tiempo:
Mateo 9:37…A la verdad, a mies es mucha, mas los obreros pocos.
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Es decir, la necesidad abundaba, pero las
soluciones escaseaban.
·
Los hombres necesitados eran muchos, pero aquellos
que podían ayudar eran pocos.
Cuando el Señor veía a las multitudes se compadecía
de ellas, porque las veía desamparadas y dispersas, como ovejas que no tenían
pastor.
Pero es necesario concientizarnos que sin duda, es también la realidad de este tiempo.
·
Las ciudades están llenas de gente solitaria y
deprimida.
·
Los disfrutes terrenales son un recurso momentáneo
e insuficiente para satisfacer las almas que fueron creadas para hallar su
satisfacción solo en Dios.
Mateo 9:38 Rogad,
pues, al Señor de la mies que envíe obreros.
Esta expresión de Jesucristo nos confronta, pero
debemos comprender que en primer lugar:
·
No es un llamado a la acción, como pudiera
esperarse.
·
No es una orden para que los siervos de Dios vayan
y se movilicen tras las almas perdidas.
Sino, más bien,
·
La exhortación para que se dirija un ruego a Dios.
·
No es a los hombres a quienes los discípulos deben
ir primeramente, sino a Dios.
La tendencia natural es a ofrecerse para ayudar; o
bien, si el carácter es aún más impulsivo, a correr tras la necesidad que
apremia.
Pero el Señor dijo primero y muy claramente: Rogad
al Señor de la mies.
- El Señor de la mies es Dios, el Dueño de la Cosecha.
- Rogar es clamar, interceder, orar, pedir, suplicar.
- Mies de la raíz Therismos que significa segar, cosechar, se refiere a una cosecha de algo, que está lista para ser recogida;
Jesús
fue muy claro en decirles, cómo deberían actuar para lograr que las gentes
pudieran conocer el Plan de Salvación y era comenzar orando al Padre, Quien es
el Dueño de la Mies, para que Él envíe los obreros.
·
Es decir, a nosotros nos corresponde orar al Padre, para que
El toque los corazones de las personas, y vean la necesidad de ser
enseñados y capacitados, para luego, disponernos para que Él nos envíe.
·
No somos nosotros los que nos enviamos, es Él Quien envía Obreros, quienes hayan sido tocados, adiestrados y que realmente amen las
almas, y que tengan esa misma pasión que Él tuvo.
·
Él está buscando hombres que se metan en la brecha por las
almas, a clamar por los perdidos.
La mies, es decir, los hombres, pertenecen a Dios, y es Él Quien debe enviarles el socorro de vida, el suministro necesario para sus almas.
Rogad al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies
·
Los Obreros no son voluntarios que hacen la Obra de Dios, sino son
escogidos y llamados.
·
Más aún, son escogidos, llamados, capacitados y enviados.
·
Subrayamos esta vez "capacitados" y "enviados".
Dios no envía Obreros sin capacitarlos antes.
Primero Dios tiene que comenzar Su Obra en nosotros, para luego ir a la Obra.
Debe empezar a trabajar Su Presencia, para que así Él pueda ver nuestras reacciones.
- Él es Quien capacita. Él es Quien habilita.
En todas las áreas es necesaria Su Instrucción.
Por supuesto, no se trata solamente de una capacitación intelectual, que también es necesaria.
Ni de graduarlos
anticipadamente en el camino de la fe, sino de que tengan las experiencias
mínimas y reciban las herramientas básicas para un servicio espiritual.
No se puede pensar que es cuestión de salir y aprender de los errores, en la Obra del Señor los errores se traducen en el buen o mal trabajo en la Obra, y esa Obra fundamentalmente es con personas, almas por las cuales Cristo, murió en la cruz, por lo tanto esto es serio.
Jamás debería tomar responsabilidad en la Obra del Señor alguien que se rige por sus emociones, quien tiene altos y bajos no puede llevar a nadie al equilibrio.
La Obra de Dios es espiritual, por eso la persona llamada debe ser Ungida por el Espíritu Santo de Dios, para que tome control de toda su persona y ésta opere en el Poder del Espíritu, no en su emocionalidad.
Claro que no se puede esperar estar "terminados" y retrasar el tiempo.
Pero cuando se toma seriamente el llamado, la persona se avoca a aprender, a prepararse, para no perder tiempo y poder cumplir con el Señor.
En el camino, sobre la marcha, irán completando su preparación, pero debe tener aquella base mínima.
Si no, ¿Cómo sabrán qué hacer o qué decir? Si no
conocen el Propósito y el Diseño de la Obra de Dios, ¿Cómo podrán hacer una Obra inteligente, responsable y sobre todo persistente?
- Luego que son capacitados, Él los envía.
Cuando el Profeta Isaías vio la Gloria de Dios, oyó el llamado
del Señor.
Isaías 6:8 Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién
enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a
mí.
Respondió: Heme aquí, envíame a mí
Notamos que no dice: Heme aquí, yo voy. Dijo: envíame.
No se trata de salir corriendo, emocionado por el
momento, solo porque Dios ha llamado.
Un llamado a la Obra del Señor:
- No es para una temporada,
- Para cuando tengo ganas,
- Cuando puedo,
- Cuando se dan las condiciones,
- Cuando estoy cómodo…
- Es una respuesta responsable, firme, seria.
- Es un compromiso con el Señor de la Mies.
- Es un pacto que debemos cumplir.
- Comienza cuando acepto y termina cuando Él nos
lleva a Su Presencia.
El ejemplo de los Apóstoles es significativo, son referentes de lo que
significa un llamado.
Por eso es necesario:
- Un tiempo de formación,
- Un tiempo de madurez,
- Donde El Espíritu Santo moldea al Obrero.
- Donde se someten pensamientos, emociones,
actitudes, a la Voluntad de Dios.
El Señor conoce el tiempo, y es allí donde el llamado es efectivo.
Lo que Dios requiere es que el siervo responda al llamamiento, y luego,
espere ser enviado.
La espera es tal vez la parte más difícil en el
servicio espiritual.
La capacidad de esperar es la mejor señal de
humildad y sumisión a la Voluntad de Dios.
Nos toca a nosotros orar al Señor para que sea El, Quien ponga el querer como el hacer en nuestras vidas, en la de nuestros hijos y las familias de la fe.
Esperan pueblos, aldeas, ciudades que están listas
para ser evangelizadas, no lo hagamos con nuestras propias fuerzas, o
llamamiento de hombres, por cuanto eso no es Su Voluntad, debemos orar para
recibir dirección y que las puertas se nos abran, como lo hicieron los Apóstoles.
Aunque la Mies es mucha, hay que rogar y esperar que Dios envíe Obreros a Su Mies.
Debemos ser llenos del Espíritu Santo, nuestros corazones deben apasionarse por los perdidos, decididos a depender de Su Auxilio para mostrar al mundo el Dios que vive en nosotros.
Nuestra misión, nuestro único interés es que conozcan a Jesús El Salvador.
Solo así la Obra que hagamos será espiritual, será efectiva, serà Obra de Dios.