Oseas 13:5
Día 17
Oseas 13:5 Yo te conocí en el desierto, en tierra seca.
Muchas veces habrá escuchado decir: ”Estoy pasando por un desierto."
Yo misma lo he dicho, seguramente Usted cuando se hallaba
en tremendas luchas se encontró diciendo lo mismo.
En lo natural, el desierto es un lugar de tierra árida, seca, estéril.
Hay ciertos lugares del desierto en donde se halla
alguna vegetación y agua, allí se puede habitar.
El agua sale desde dentro de la tierra, brota de manantiales.
Durante el día la temperatura es extremadamente
alta, aunque las noches son terriblemente frías.
Sabiendo que es difícil la vida en ese lugar, no elegiríamos
estar allí aunque sea por un corto período de tiempo.
Para los creyentes, el desierto es sinónimo de
prueba, territorio de adversidad, luchas…
Ninguno de nosotros quisiéramos pasar por esa experiencia, pero es
necesario que seamos llevados al desierto.
Debemos atravesarlo con el
propósito de conocer más de cerca la Provisión del Señor para nuestra
edificación espiritual.
Estando allí aprendemos a clamar y a depender de la Provisión de Dios .
La extensión de tiempo que pasamos por el "desierto" varía de acuerdo al Propósito de Dios con
nosotros y a la disposición de nuestro
corazón para dejarnos llevar en Su voluntad.
El desierto de Dios es un territorio donde Él nos lleva para hablar a nuestro corazón.
Oseas 2:14 Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón.
Es donde trabaja y nos transforma. Cada dificultad
permitida por Dios es para glorificarse.
En el desierto nos encontramos en soledad con Dios, donde Su Espíritu Santo nos enseña a ser dependientes.
En esos tiempos de desierto conocemos a Dios.
Oseas 13:5 Yo te conocí en el desierto, en tierra seca.
En el desierto es donde toda fuente de
seguridad y estabilidad humana desaparece, donde se hace evidente que necesitamos al Señor.
Debemos conocer que Él es nuestro Dios.
Para
Israel, en el desierto la provisión de Dios fue el maná, una sustancia desconocida y extraña
que aún muchos hoy quisieran entender.
Se
dice que el nombre que el Pueblo le dio a este alimento viene de la expresión
hebrea “man hu”, que quiere decir “¿Qué es esto?”
Éxodo16:15 Y viéndolo los hijos de Israel, se dijeron unos a otros: ¿Qué es esto? porque no sabían qué era. Entonces Moisés les dijo: Es el pan que Jehová os da para comer.
Israel buscaba alimento físico, pero Dios quería una relación
con ellos
Deuteronomio
8:3 Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó
con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para
hacerte saber que no solo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de
la boca de Jehová vivirá el hombre.
Por eso la provisión del maná era diaria, no semanal ni mensual.
El Señor quería enseñarle a Su Pueblo, y por
supuesto a nosotros hoy, que más allá del alimento físico, la mayor necesidad
que tiene el hombre en esta vida y en medio de los desiertos es una relación
íntima con Él y en dependencia de Él.
El problema no es el desierto porque con la ayuda de Dios siempre salimos.
Dijimos que son permitidos con un propósito, ese
proceso comienza y termina.
El problema comienza cuando el desierto, por la Gracia Divina se convierte en tierra fértil, llegan las lluvias de bendición, cuando empezamos a observar frutos, y tenemos buenas cosechas
Por qué sería ser problema ser bendecidos por Dios? Porque muchos se olvidan de dónde los sacó El Señor…
Provistos,
auxiliados, sostenidos, rescatados… pareciera que no necesitan, ya no hay
dependencia, se vuelven soberbios.
Y lo más
triste es que no solo se olvidan de los tiempos de desierto, se olvidan también
de Dios.
Oseas 13:6 En sus pastos se saciaron, y repletos, se ensoberbeció su corazón; por
esta causa se olvidaron de mí
Desde un principio Dios nos recomienda de no
olvidarnos de donde nos sacó Dios.
Deuteronomio 8: 2 Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos.
Es
importante recordar que el pueblo que murió en el desierto, no murió debido al
hambre ni por lo duro de la prueba
Deuteronomio 8:4Tu vestido nunca se envejeció sobre ti, ni el pie se
te ha hinchado en estos cuarenta años.
Sino
porque no creyeron en la Palabra de Dios
Números 32:13 Y la ira de Jehová se encendió contra Israel, y los
hizo andar errantes cuarenta años por el desierto, hasta que fue acabada toda
aquella generación que había hecho mal delante de Jehová.
Dios permite que vivamos en desiertos para:
·
Afligirnos, y hacernos humildes.
·
Para poner en práctica nuestra fe, confianza y
dependencia de Su Provisión.
·
Probar nuestro corazón, ahí podemos demostrar que
lo seguimos por amor, no por interés.
·
Para enseñarnos que no solo con lo material podemos
ser felices. Un abrazo, un beso, una palabra de amor pueden lograr cosas que el
dinero no puede.
Debemos ser conscientes que todo lo que tenemos no
fue alcanzado por nuestro poder o por habilidad, debemos recordar y reconocer
que todo lo que tenemos es gracias a Dios, es Su Bendición que nos alcanza.
Deuteronomio 8: 17-18 y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi
mano me han traído esta riqueza. 18 Sino acuérdate de Jehová tu Dios,
porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto
que juró a tus padres, como en este día.
Puede que hoy Usted se encuentre en
el desierto, la Promesa del Padre es la Provisión del Cielo, para Usted y para mí,
el maná y el manantial de agua es Cristo.
Juan 6:35-36 Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá
hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.
Si le asalta la perturbación, o parece que no puede más, nunca deje que el enemigo mine sus pensamientos queriendo que crea que Dios le ha abandonado, mucho menos que comience a quejarse o murmurar, enfóquese en el Cielo, de allí vendrá el socorro.
Salmos 121:1-2 Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá
mi socorro? 2 Mi
socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra.
Usted y yo sabemos en teoría que Jesús es nuestra Provisión Celestial, junto con Él, El Padre nos dará todas las cosas.
Romanos 8:32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo
entregó por todos nosotros, ¿ cómo no nos dará también con él todas las cosas?
Debemos saber que
cuando pasamos por el desierto se acaban las teorías, allí y solo allí ponemos
en práctica lo aprendido.
El desierto es una buena oportunidad para
profundizar en nuestra relación y comunión con Cristo, pues Él es la Verdadera
y más Grande Provisión de Dios para Sus Hijos en medio del desierto.
Solamente miremos a Jesús y confiemos en Él.
Recuerde, los desiertos son momentos de encuentro con Dios en los cuales aprendemos a depender de Él y también nos dejan grandes enseñanzas.
No se olvide del desierto en los momentos de
abundancia, esto hará que siempre viva en abundancia y no tenga que volver a
otro desierto para ser disciplinado.
Nosotros, los creyentes deberíamos acercarnos a Dios en oración, más que para pedir, por agradecimiento, recordando siempre de donde nos sacó, y cómo por Su Gracia nos sigue bendiciendo.