Oseas 2:14
Día 6
Oseas 2:14…Yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablare a su
corazón.
El desierto geográficamente hablando es un lugar árido y seco.
Conocemos el
desierto físico como un lugar solitario, duro, estéril, desprovisto de vegetación y agua…
Pero eso también es lo que representa en el
plano espiritual.
- Cuando Dios nos lleva al desierto significa tiempos
de aridez, sequedal, escasez, soledad, falta de verdor…
- Ese lugar será utilizado para que Dios nos hable al
corazón.
- Es allí donde El Señor trata directamente con
nuestra vida.
Es terrible
cuando el desierto está en nuestro
corazón, sintiendo nuestro interior seco:
Sin gozo, sin renuevos, rodeados de alimañas ponzoñosas,
que intentan inyectar su veneno para darnos muerte…
Nuestro Pastor reiteradas veces nos repite y enseña, una cosa es que Dios nos lleve al desierto y otra que nosotros entremos al desierto por nuestro alejamiento del Señor.
Es terrible transitar un
desierto:
ü Por causa de nuestro enfriamiento
espiritual,
ü Por causa de nuestros pecados
ü Que poco a poco van matando y
destruyendo nuestra comunión con Dios,
ü Que paulatinamente va haciendo que
nuestra espiritualidad sea estéril,
ü Porque siendo hijos de Dios
lleguemos a vivir como inconversos, como carnales,
ü Porque hemos enfocado la mente únicamente en las cosas del mundo,
ü Que Viviendo en los placeres de la
carne,
ü Alejados con la mente y el corazón
completamente del Señor.
Para ejemplo tenemos al Pueblo de Dios, todos conocemos la historia de los Israelitas.
Les tomó 40 años entrar a la tierra prometida, en
un viaje que normalmente no debería de durar más de 14 días.
Seguramente también sepamos, que casi todo el
retraso fue debido a su propia desobediencia.
El resultado fue que solo 2 personas de la
generación inicial pudieron entrar.
Todos los demás murieron en el desierto y fueron
sus hijos los que entraron en vez de ellos.
Cuando el desierto está dentro
nuestro, podemos compararnos con los huesos secos que se encuentran en el valle,
del libro de Ezequiel.
En esos huesos que estaban tan secos, solo se percibía la
muerte, qué esperanza puede haber en un esqueleto desarticulado, regado en
diferentes lugares…
Pero Dios puede darle vida a todo aquello que está muerto, seco y sin
esperanza
Ezequiel 37:1-6 La mano de Jehová vino sobre mí, y me llevó en el Espíritu de Jehová, y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos. 2 Y me hizo pasar cerca de ellos por todo en derredor; y he aquí que eran muchísimos sobre la faz del campo, y por cierto secos en gran manera. 3 Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes. 4 Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová. 5 Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis. 6 Y pondré tendones sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y os cubriré de piel, y pondré en vosotros espíritu, y viviréis; y sabréis que yo soy Jehová.
- Esos huesos secos representaban a un pueblo sin esperanza, cautivo, lejos de su tierra, que se sentía completamente lejos de Dios.
- Es la condición del corazón que se ha rebelado al
Señor, alejándose de Su Voluntad.
Cuando el hombre decide hacer distancia, cumpliendo sus deseos sin aceptar lo que Dios determina, al principio pareciera que todo es hermoso, lleno de gusto y placer.
Pero con el paso del tiempo, el trabajo del enemigo de Dios que corrompe,
enferma nuestra relación con El Señor comienza a traer muerte y un día nos damos
cuenta que estamos muertos en delitos y pecados, secos, sin esperanza,
destruidos…
Ezequiel 37:11Me dijo luego: Hijo de hombre, todos estos huesos son la
casa de Israel. He aquí, ellos dicen: Nuestros huesos se secaron, y pereció
nuestra esperanza, y somos del todo destruidos.
Para terminar completamente secos debe pasar tiempo
Ezequiel 37:1-2 La mano de Jehová vino sobre mí, y me llevó en el Espíritu de Jehová, y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos. 2 Y me hizo pasar cerca de ellos por todo en derredor; y he aquí que eran muchísimos sobre la faz del campo, y por cierto secos en gran manera.
Secos y esparcidos…
Esos huesos secos ya no tenían ningún rastro de
vida, estaban secos en gran manera, el resultado de su decisión de no contar
con la bendición de Dios.
Representa a un cristiano que:
ü Ya no tiene nada de lo que representa la Nueva Vida que Cristo le había
dado,
ü Alguien que se ha dejado secar completamente como un desierto,
ü Que ya no tiene gozo,
ü Que ya no tiene respeto, devoción, ni temor por las cosas del Señor,
ü Que ya no tiene comunión con Dios,
ü Que ya no se congrega.
ü Que La Palabra de Dios ya no tiene cabida en su vida.
Verlos así era como ver que alguna vez allí hubo vida.
Resecos espirituales no podemos otra cosa que no sea terminar esparcidos.
Cristo mantiene
a Su Cuerpo fuerte, saludable, cuando cada uno de sus miembros está unido a Él.
Efesios 4:16 de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las
coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro,
recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.
Como cuando compara los pámpanos unidos a la vid para dar frutos,
Juan 15:5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en
él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí, nada podéis hacer.
Si no estamos unidos a Cristo, no podemos vivir, ni crecer, ni dar fruto.
·
Necesitamos que Dios aparezca en el desierto para
hablarnos.
·
Siempre que Dios entra en escena las cosas pueden
cambiar.
·
El viene con corrección, directivas, perdón y dirección.
·
Cuanta gratitud debería haber en nosotros de contar
con la posibilidad de una nueva oportunidad que brinda El Señor.
·
Una oportunidad transformadora y milagrosa,
teniendo en cuenta que no había vestigios de vida.
El Poder de la resurrección…
Ezequiel 37:3 Y me dijo: Hijo de
hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes.
Seguramente la respuesta humana a la pregunta del Señor sería que ya no
hay esperanza, que ya todo está perdido, que los huesos secos no pueden volver
a vivir.
Pero Ezequiel iba responder por sí mismo, esperaba la respuesta de Dios.
Entendía que El Único que sabe qué
hacer cuando alguien está tan seco, tan muerto en su interior, no es ningún
hombre, sino solamente nuestro Dios.
Es allí donde comienza a actuar El Poder de la resurrección… todo lo muerto
recobra vida.
Salmos 85:6-7 ¿No volverás a darnos vida, Para que tu pueblo se regocije en ti? 7 Muéstranos, oh Jehová, tu
misericordia, Y danos tu salvación.
Cuando queremos que nuestro corazón ya no sea un
desierto, cuando queremos que nuestros huesos secos vuelvan a la vida, necesitamos volver al Único que puede dar vida, porque Él es la Vida, necesitamos volver a Jesucristo.
Debemos volvernos a Cristo para que el desierto se convierta en un terreno fértil, con riego, un lugar productivo.
Isaías 35:1-3 Se alegrarán el desierto y la
soledad; el yermo se gozará y florecerá como la rosa. 2 Florecerá
profusamente, y también se alegrará y cantará con júbilo; la gloria del Líbano
le será dada, la hermosura del Carmelo y de Sarón. Ellos verán la gloria de
Jehová, la hermosura del Dios nuestro. 3 Fortaleced las manos
cansadas, afirmad las rodillas endebles.
Dios no quisiera que nos alejemos de Su Presencia, jamás espera que Sus
Hijos pequemos, pero como Buen Padre, en esa condición de alejamiento, quiere y
espera que volvamos a Él, porque en Él hay perdón.
Salmos 130:3-4 JAH, si mirares a los pecados, ¿Quién,
oh Señor, podrá mantenerse? 4 Pero
en ti hay perdón, Para que seas reverenciado.
Es en ese desierto que Dios nos habla, Su Palabra se hace viva y eficaz
Hebreos 4:12 Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda
espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las
coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del
corazón
Es allí que nos damos cuenta que no hay a nadie más que podamos ir para contar con la bendición del Cielo
Juan 6:68 Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.
Dios
es fiel y nos ama incondicionalmente, pero Él anhela un amor reciproco
Dios
nos busca, pero Dios también quiere que le busquemos.
Dios quiere una relación con nosotros, y que esa relación suba en
niveles de intimidad y amor sincero.
Tenemos que pasar por el desierto, en los que Dios nos lleva y por
aquellos en que nosotros nos metemos.
Todos los desiertos son dolorosos pero necesitamos saber también
sus beneficios:
ü
Nos permiten conocer a Dios,
ü
Son necesarios para ver la Gloria de Dios,
ü
A través de ellos Dios nos enseña confianza, dependencia y
fidelidad.
ü
Nos llevan a entender que nuestra vida está definida por la
Palabra de Dios,
ü
En ellos somos empujados a buscar a Dios,
ü
También nuestra relación con Dios se profundiza,
ü
Allí nuestra fe es probada
ü
Se descubre nuestro corazón, de modo que podemos sacar aquello que
no detiene y no nos deja avanzar,
Los
desiertos son necesarios para nuestro crecimiento,
Por La Palabra sabemos que somos como joyas, moldeadas por el martillo y el cincel de la
adversidad.
Dios
quiere que crezcamos espiritualmente hasta llegar a ser como Cristo, y las
circunstancias proveen el ambiente que necesitamos para crecer.
El desierto no es el destino, pero sí
el camino.
El desierto es el
camino, es el lugar de transición a la Tierra de las Promesas de Dios.