Martes, 11 de Junio del 2024

Proverbios 13:17

Día 11

Devocional escrito por Cristina Remus de Medina Celis

Proverbios 13:17 El mal mensajero acarrea desgracia; mas el mensajero fiel acarrea salud.

 

¿Qué es un mensajero?

Ø Un mensajero es alguien que transmite un mensaje a otra persona.

Ø Puede referirse a un mensajero literal, como a un correo o un emisario, o a alguien que comunica verbalmente.


En los días de Salomón, los reyes tenían que depender de mensajeros para obtener información de su país.

Los mensajeros tenían que ser confiables.

Una información incierta podía provocar un derramamiento de sangre.

 

El mensaje confiable sigue siendo vital.

Si el mensaje recibido, difiere al enviado, muchas personas pueden ser gravemente afectadas.

Los matrimonios, los negocios, y las relaciones diplomáticas, pueden sufrir mucho daño.

Ø El mal mensajero es aquel que transmite información falsa, engañosa, perjudicial, mientras que el mensajero fiel es aquel que transmite información veraz, útil, y beneficiosa.

 

El Apóstol Santiago nos dice

Santiago 3:5- 6… ¡Cuán grandes bosques enciende un pequeño fuego! …Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad…

ü Santiago compara el daño que puede causar la lengua con una llama de fuego.

ü La perversidad de las palabras tiene su origen en el infierno mismo.

ü La lengua sin control puede causar terribles daños, en algunos casos irreversibles.

 

Satanás usa la lengua mal intencionada para dividir a las personas e instigar enfrentamientos.

Debemos tener cuidado no solo lo que transmitimos, sino también la forma en que lo hacemos.

Recuerde que las palabras son como el fuego, que no se puede controlar y no se puede anular el perjuicio que pueden causar.

La palabra desgracia se refiere a problemas, y a aflicciones, mientras que salud se refiere a bienestar, prosperidad.

 

¡Cuán importante es la veracidad de las palabras que salen de nuestra boca!

Seamos cuidadosos con las palabras y la información que transmitimos.

Antes de transmitir un algo, que ese algo sea verdadero, de edificación y de utilidad.

Que sea honesto, transparente, con integridad.

Somos responsables y esa responsabilidad nos lleva a todas las áreas de nuestra vida; la familia, el trabajo, las amistades, la Iglesia y con todos, donde DIOS nos permita llegar.

 

¡Seamos mensajeros de buenas noticias!

Números 13: 30- Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos.

 

En este relato bíblico hubo doce Mensajeros en total. Diez  por un lado dieron malas noticias y dos por el otro lado, hombres de DIOS, fueron dos testigos, dos Mensajeros de Buenas Noticias.

Fueron a la Tierra Prometida.

Sabían que las cosas iban a estar difíciles, muy complicadas, pero ellos dijeron: ¡SÍ PODEMOS! SI DIOS NOS HA ENVIADO, NOS LO HA PROMETIDO, ÉL NOS VÁ A DAR LA SALIDA.

Ø Qué importante es descansar en las Promesas del SEÑOR.

Ø Hombres portadores de Buenas Noticias.


En cambio los otros diez dijeron: eso no se puede, es imposible, ¿Por qué Dios nos trajo hasta aquí?

Siempre es más fácil ser un mal mensajero porque tiene que ver con la naturaleza humana.

Y porque no conlleva un compromiso serio con la verdad y la integridad.

 

Como Hijos de DIOS sabemos que están pasando cosas terribles en este mundo, sin embargo como Siervos y Siervas de DIOS sabemos que hay BUENAS NOTICIAS de Salvación, de Sanidad, de Paz para pregonar.

 

Y como dice el  versículo de nuestro devocional  El buen mensajero, edifica, construye, reconcilia,…..

…el mensajero fiel acarrea salud.

Iglesia de JESUCRISTO tenemos un desafío por delante.

El mundo tiene demasiados problemas para seguir enfocado en malas noticias.

 

Pidamos a DIOS que SU ESPÍRITU nos guíe y nos capacite para ser Buenos Mensajeros.

El mundo lo pide a gritos.

Isaías 6:8- Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí envíame a mí.

 

Isaías estuvo dispuesto a ser el Mensajero de DIOS.

Cuando ÉL llama. ¿Dirá también usted “heme aquí. Envíame a mí”? ¿Acepta el desafío?

¡DIOS le Bendiga!