Proverbios 17:22
Día
28
Devocional
escrito por Guadalupe Infràn de Medina Celis
Proverbios
17:22 El corazón alegre constituye buen remedio, mas el espíritu triste seca
los huesos.
El Libro de Proverbios está plagado
de enseñanzas hermosas para nuestras vidas,
¡Y en lo particular nuestro
devocional quiere animarnos!
La alegría y la tristeza son
sentimientos que todos atravesamos en diferentes momentos de nuestra vida.
Y creo que cada uno podríamos escribir un libro enumerando los mismos… y hasta podríamos decir que en el camino puede que vaya ganando la carrera la tristeza, o estamos “en busca de la felicidad” como el título de una película.
Leamos
los conceptos
Ø La alegría es el estado
del ser que permite experimentar sentimientos de felicidad intensa y duradera y
satisfacción con la vida
Ø La tristeza es un
estado emocional caracterizado por sentimientos de infelicidad, desánimo o desesperanza.
A veces es la desembocadura, de falta de perdón y de amarguras de diferentes momentos.
La
importancia que tiene la alegría en nuestra vida es un todo y nos hace
enfrentar la vida desde una perspectiva diferente.
Cuando todo nos “sale bien”, todo es más fácil. Sonreímos, hablamos con todos, nos “llevamos el mundo por delante”.
¡Nada nos detiene! Nos levantamos
con ánimo, trabajamos con sonrisa, no hay quejas, leemos la Biblia con fe, y no
nos cuesta nada orar más de quince minutos…
El corazón alegre es una buena medicina, lo
que significa que la alegría es como una medicina que nos ayuda a mantenernos
saludables y fuertes.
Por
otro lado, nos dice que el espíritu triste seca los
huesos, lo que indica que la tristeza puede debilitarnos y afectar
nuestra salud física, emocional y espiritual.
Note que dice espíritu, en minúscula, por lo tanto, se trata de nosotros, de nuestro “yo”.
De lo que dejamos que nos lastime. Porque hay cosas que nos lastiman sin haberlas
buscado.
Que son muy pocas, pero otras, son consecuencias de nuestros actos o decisiones: falta de perdón, errores al tomar un camino, estar amargados, enojados, quejosos y reclamadores e impacientes.
Estar rodeados de personas
aduladoras, etc.
Nuestro espíritu puede estar lleno
de eso. Como le paso a David:
Salmos 32:3 Mientras callé, se envejecieron mis huesos En mi gemir todo
el día.
La alegría es esencial para nuestra
vida en muchos aspectos.
Nuestra actitud frente a lo que vivimos
nos ayudará a enfrentar los desafíos de la vida de manera más efectiva.
Y nos es tarea simple, cuando nos dicen que tenemos una enfermedad terminal, sonreír, o cuando nos quedamos sin trabajos decir: ¡QUÈ BUENO! ¡Por supuesto que no!, pero Dios siempre ve las situaciones diferentes a nuestra mirada. EL ES DIOS
Dios quiere que aprendamos a vivir
y a disfrutar de cada momento.
Porque es Su Voluntad, y porque
aunque no lo veamos, ÉL NOS QUIERE
ENSEÑAR A GOZARNOS.
Pablo, un ejemplo tremendo: Preso,
con hambre, enfermo, solo, aprendió a contentarse.
Filipenses 4: 11-13 No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a
contentarme, cualquiera que sea mi situación. 12 Sé vivir humildemente, y sé
tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado
como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. 13Todo
lo puedo en Cristo que me fortalece.
Cuando estamos tristes, hasta
nuestro cuerpo lo siente, estamos malhumorados, estresados, lo reflejamos por
fuera, y nos llegamos a enfermar.
Además, la tristeza puede llevar a pensamientos negativos y aislarnos de las personas importantes en nuestra vida, lo que puede afectar nuestra vida social y emocional.
La alegría es algo que todos
podemos experimentar, sin importar las circunstancias. Podemos sentirnos
alegres por las cosas más simples, como disfrutar de un día soleado o una buena
comida.
Debemos tratar de encontrar razones para estar alegres en nuestra vida cotidiana, incluso en los momentos difíciles.
Demos a Dios el control de nuestra
vida y encontraremos maneras verdaderas de mantenernos alegres.
Muchos nos dirán salí de viaje,
aíslate, ándate de compras, anda a un spa.
Esto puede incluir actividades
simples como pasar tiempo con amigos o familiares, disfrutar de la naturaleza, hacer
ejercicio o practicar algún pasatiempo que nos guste.
Y son momentos que sí, y están
bien.
Pero además de buscar nuestra
propia felicidad, también podemos ayudar a otros a ser más alegres…
Leamos
este pequeño cuento: "La tristeza de
Alfredo"
Cuando
Raquel lo veía pasar por el parque arrastrando los pies, cabizbajo, lleno de
tristeza en la cara, se le partía el corazón Llevaba meses así: no levantaba
cabeza.
¡Hola Alfredo! - saludó a su amigo
intentando mostrar normalidad.
Alfredo
solo hizo un amago de saludo con la mano sin levantar la cabeza.
-
¿Quieres venir conmigo a pasear esta
tarde? He descubierto un lugar que te encantará - le dijo.
Alfredo,
contra todo pronóstico, aceptó la oferta, y Raquel lo citó a las cinco en el
primer árbol que estaba en el camino que llevaba al río.
Entraba
la primavera y el bosque estaba especialmente bonito en esos días.
Al
llegar, Raquel vio a Alfredo apoyado en el árbol del camino. - ¡Holaaaa! - saludó de lejos
Alfredo
no levantó la cabeza, miraba algo en el suelo que lo tenía muy entretenido -¿Ves ese pájaro? - le dijo cuando
estuvo a su lado
Raquel
se agachó para verlo más de cerca. Un bebé gorrión se había caído del árbol y
piaba con todas sus fuerzas muy asustado.
- ¡Así me siento yo! - dijo de
repente Alfredo sin mirarla a la cara.
A
Raquel le dio una punzada en el corazón; su amigo nunca le había hablado tan
abiertamente de sus sentimientos.
De
pronto bajaron del cielo dos pájaros más grandes y revolotearon alrededor del
gorrioncillo calmándolo, a la vez que Raquel le ponía la mano cariñosamente en
el hombro.
Alfredo se fijó de dónde venían las aves, y vio el nido en una rama no muy alta. - ¡Tengo que subir ahí! - dijo…
Se
adelantó, tomó al bebé gorrioncillo en sus manos y escalando por el tronco
logró devolver al pequeño a su nido.
Cuando
Raquel ayudó a su amigo a bajar del árbol notó que en su mirada había cambiado
algo; por primera vez, en mucho tiempo, sus ojos mostraban algo más que tristeza.
- ¿Oyes eso? - preguntó Raquel.
Alfredo
guardó silencio: el gorrioncillo, más tranquilo, ya no piaba, solo llegaba el
agradable ruido del río.
Al
llegar a la orilla vieron a un pobre gatito que, resbalando una y otra vez, se
agarraba a unas ramas para no caer al agua.
-
¡Así me siento yo muchas veces! -
dijo Alfredo. Raquel lo abrazó.
Alfredo
corrió en su ayuda y pudo salvar al animal. De nuevo ese destello de brillo
asomó en su mirada.
Los
dos amigos siguieron su paseo por el bosque. - ¿Qué era eso que me querías enseñar? -preguntó Alfredo de repente,
rompiendo el silencio.
- ¡Sígueme! - gritó Raquel, y salió corriendo entre los árboles.
Alfredo corrió detrás de ella hasta que paró en un hermoso valle.
Lo
condujo por una cueva hasta llegar a la parte de atrás de una preciosa cascada
que caía al río. Las gotas que formaban la bonita cortina de agua bañaron su
cara, y entonces ocurrió algo sorprendente: Alfredo suspiró y sonrió.
Raquel
al verlo feliz dio una sonora carcajada y gritó: - ¡Así me siento yo cuando te veo alegre!
Alfredo
escuchó a su amiga y esta vez fue él quien la abrazó, siendo consciente de lo
que sentía en ese momento.
Gracias
a todo lo sucedido esa tarde, Alfredo comprendió que la alegría está en ayudar
y en saber recibir el apoyo de los demás, en nuestra actitud ante la vida, y
aunque es normal que a veces estemos tristes, depende principalmente de
nosotros ir con ese brillo en los ojos, el paso ligero y la cabeza bien alta.
Una
sonrisa, una palabra amable o un gesto de apoyo pueden marcar una gran diferencia
en la vida de alguien que está pasando por un momento difícil.
Tal
vez no nos imaginamos el “impacto bueno o malo” que ocasionamos en otros:
Podemos animar a amigos, familiares y compañeros de trabajo a mantener una
actitud positiva y alegre en cualquier circunstancia.
Al
reflexionar sobre Proverbios 17:22, nos damos
cuenta de cómo la alegría puede ser un faro en los momentos oscuros.
Una
sonrisa sincera o un gesto de bondad no solo iluminan nuestro corazón, sino que
también tienen el poder de transformar el día de alguien más.
Usted y yo podemos “ser remedio” a otros que están secos, que no tienen consuelo, que no tienen a Jesús, ni al Espíritu santo.
¡Dios
le bendiga!