Domingo, 28 de Diciembre del 2025

Proverbios 17:22

Día 28

Devocional escrito por Guadalupe Infràn de Medina Celis

Proverbios 17:22 El corazón alegre constituye buen remedio, mas el espíritu triste seca los huesos.

 

El Libro de Proverbios está plagado de enseñanzas hermosas para nuestras vidas,

¡Y en lo particular nuestro devocional quiere animarnos!

La alegría y la tristeza son sentimientos que todos atravesamos en diferentes momentos de nuestra vida.

Y creo que cada uno podríamos escribir un libro enumerando los mismos… y hasta podríamos decir que en el camino puede que vaya ganando la carrera la tristeza, o estamos “en busca de la felicidad” como el título de una película. 

Leamos los conceptos

Ø La alegría es el estado del ser que permite experimentar sentimientos de felicidad intensa y duradera y satisfacción con la vida

Ø La tristeza es un estado emocional caracterizado por sentimientos de infelicidad, desánimo o desesperanza. A veces es la desembocadura, de falta de perdón y de amarguras de diferentes momentos.

 

La importancia que tiene la alegría en nuestra vida es un todo y nos hace enfrentar la vida desde una perspectiva diferente.

Cuando todo nos “sale bien”, todo es más fácil. Sonreímos, hablamos con todos, nos “llevamos el mundo por delante”.

¡Nada nos detiene! Nos levantamos con ánimo, trabajamos con sonrisa, no hay quejas, leemos la Biblia con fe, y no nos cuesta nada orar más de quince minutos…

 

El corazón alegre es una buena medicina, lo que significa que la alegría es como una medicina que nos ayuda a mantenernos saludables y fuertes.

Por otro lado, nos dice que el espíritu triste seca los huesos, lo que indica que la tristeza puede debilitarnos y afectar nuestra salud física, emocional y espiritual.

 

Note que dice espíritu, en minúscula, por lo tanto, se trata de nosotros, de nuestro “yo”.

De lo que dejamos que nos lastime.  Porque hay cosas que nos lastiman sin haberlas buscado.

Que son muy pocas, pero otras, son consecuencias de nuestros actos o decisiones: falta de perdón, errores al tomar un camino, estar amargados, enojados, quejosos y reclamadores e impacientes.

Estar rodeados de personas aduladoras, etc.

 

Nuestro espíritu puede estar lleno de eso. Como le paso a David:

Salmos 32:3 Mientras callé, se envejecieron mis huesos En mi gemir todo el día.

 

La alegría es esencial para nuestra vida en muchos aspectos.

Nuestra actitud frente a lo que vivimos nos ayudará a enfrentar los desafíos de la vida de manera más efectiva.

Y nos es tarea simple, cuando nos dicen que tenemos una enfermedad terminal, sonreír, o cuando nos quedamos sin trabajos decir: ¡QUÈ BUENO! ¡Por supuesto que no!, pero Dios siempre ve las situaciones diferentes a nuestra mirada. EL ES DIOS

 

Dios quiere que aprendamos a vivir y a disfrutar de cada momento.

Porque es Su Voluntad, y porque aunque no lo veamos, ÉL NOS QUIERE ENSEÑAR A GOZARNOS.

Pablo, un ejemplo tremendo: Preso, con hambre, enfermo, solo, aprendió a contentarse.

Filipenses 4: 11-13 No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. 12 Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. 13Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

 

Cuando estamos tristes, hasta nuestro cuerpo lo siente, estamos malhumorados, estresados, lo reflejamos por fuera, y nos llegamos a enfermar.

Además, la tristeza puede llevar a pensamientos negativos y aislarnos de las personas importantes en nuestra vida, lo que puede afectar nuestra vida social y emocional.

 

La alegría es algo que todos podemos experimentar, sin importar las circunstancias. Podemos sentirnos alegres por las cosas más simples, como disfrutar de un día soleado o una buena comida.

Debemos tratar de encontrar razones para estar alegres en nuestra vida cotidiana, incluso en los momentos difíciles.

 

Demos a Dios el control de nuestra vida y encontraremos maneras verdaderas de mantenernos alegres.

Muchos nos dirán salí de viaje, aíslate, ándate de compras, anda a un spa.

Esto puede incluir actividades simples como pasar tiempo con amigos o familiares, disfrutar de la naturaleza, hacer ejercicio o practicar algún pasatiempo que nos guste.

Y son momentos que sí, y están bien.

Pero además de buscar nuestra propia felicidad, también podemos ayudar a otros a ser más alegres…

 

Leamos este pequeño cuento: "La tristeza de Alfredo"

Cuando Raquel lo veía pasar por el parque arrastrando los pies, cabizbajo, lleno de tristeza en la cara, se le partía el corazón Llevaba meses así: no levantaba cabeza.

¡Hola Alfredo! - saludó a su amigo intentando mostrar normalidad.

Alfredo solo hizo un amago de saludo con la mano sin levantar la cabeza.

- ¿Quieres venir conmigo a pasear esta tarde? He descubierto un lugar que te encantará - le dijo.

Alfredo, contra todo pronóstico, aceptó la oferta, y Raquel lo citó a las cinco en el primer árbol que estaba en el camino que llevaba al río.

Entraba la primavera y el bosque estaba especialmente bonito en esos días.

Al llegar, Raquel vio a Alfredo apoyado en el árbol del camino. - ¡Holaaaa! - saludó de lejos

Alfredo no levantó la cabeza, miraba algo en el suelo que lo tenía muy entretenido -¿Ves ese pájaro? - le dijo cuando estuvo a su lado

Raquel se agachó para verlo más de cerca. Un bebé gorrión se había caído del árbol y piaba con todas sus fuerzas muy asustado. - ¡Así me siento yo! - dijo de repente Alfredo sin mirarla a la cara.

A Raquel le dio una punzada en el corazón; su amigo nunca le había hablado tan abiertamente de sus sentimientos.

De pronto bajaron del cielo dos pájaros más grandes y revolotearon alrededor del gorrioncillo calmándolo, a la vez que Raquel le ponía la mano cariñosamente en el hombro.

Alfredo se fijó de dónde venían las aves, y vio el nido en una rama no muy alta. - ¡Tengo que subir ahí! - dijo…

Se adelantó, tomó al bebé gorrioncillo en sus manos y escalando por el tronco logró devolver al pequeño a su nido.

Cuando Raquel ayudó a su amigo a bajar del árbol notó que en su mirada había cambiado algo; por primera vez, en mucho tiempo, sus ojos mostraban algo más que tristeza. - ¿Oyes eso? - preguntó Raquel.

Alfredo guardó silencio: el gorrioncillo, más tranquilo, ya no piaba, solo llegaba el agradable ruido del río.

Al llegar a la orilla vieron a un pobre gatito que, resbalando una y otra vez, se agarraba a unas ramas para no caer al agua.

- ¡Así me siento yo muchas veces! - dijo Alfredo. Raquel lo abrazó.

Alfredo corrió en su ayuda y pudo salvar al animal. De nuevo ese destello de brillo asomó en su mirada.

Los dos amigos siguieron su paseo por el bosque. - ¿Qué era eso que me querías enseñar? -preguntó Alfredo de repente, rompiendo el silencio.

- ¡Sígueme! - gritó Raquel, y salió corriendo entre los árboles.

Alfredo corrió detrás de ella hasta que paró en un hermoso valle.

Lo condujo por una cueva hasta llegar a la parte de atrás de una preciosa cascada que caía al río. Las gotas que formaban la bonita cortina de agua bañaron su cara, y entonces ocurrió algo sorprendente: Alfredo suspiró y sonrió.

Raquel al verlo feliz dio una sonora carcajada y gritó: - ¡Así me siento yo cuando te veo alegre!

Alfredo escuchó a su amiga y esta vez fue él quien la abrazó, siendo consciente de lo que sentía en ese momento.

Gracias a todo lo sucedido esa tarde, Alfredo comprendió que la alegría está en ayudar y en saber recibir el apoyo de los demás, en nuestra actitud ante la vida, y aunque es normal que a veces estemos tristes, depende principalmente de nosotros ir con ese brillo en los ojos, el paso ligero y la cabeza bien alta.

 

Una sonrisa, una palabra amable o un gesto de apoyo pueden marcar una gran diferencia en la vida de alguien que está pasando por un momento difícil.

Tal vez no nos imaginamos el “impacto bueno o malo” que ocasionamos en otros: Podemos animar a amigos, familiares y compañeros de trabajo a mantener una actitud positiva y alegre en cualquier circunstancia.

 

Al reflexionar sobre Proverbios 17:22, nos damos cuenta de cómo la alegría puede ser un faro en los momentos oscuros.

Una sonrisa sincera o un gesto de bondad no solo iluminan nuestro corazón, sino que también tienen el poder de transformar el día de alguien más.

Usted y yo podemos “ser remedio” a otros que están secos, que no tienen consuelo, que no tienen a Jesús, ni al Espíritu santo.

¡Dios le bendiga!