Sábado, 9 de Septiembre del 2023

Proverbios 21:23

                                                                                                                                                             Día 9

Proverbios 21:23 El que guarda su boca y su lengua, su vida guarda de angustias.

Una vez recibí este consejo: Si no quieres que la gente recuerde algo, no hables de ello. Si no quieres que se hable de ello más tarde, no siembres las semillas en sus mentes.

Nos ahorraríamos muchos argumentos y disminuirían las tensiones si fuéramos sabios para callar a tiempo.


Para saber qué decir, cuándo decirlo y a quién decírselo, observemos estos versículos:

Proverbios 18:8 Las palabras del chismoso son como bocados suaves, y penetran hasta las entrañas.

La expresión bocados suaves, alude a que el chismoso se complace en alimentar la malicia de la gente.

Es tan difícil negarse a escuchar un chisme como lo es rechazar un postre delicioso. Probar un simple bocado crea un deseo de obtener más.

Usted puede resistirse a los rumores de la misma manera que una persona que está a dieta rechaza el dulce, tome el consejo, ni siquiera abra la paquete. Si no da la primera mordida al chisme, no dará la segunda ni la tercera.

Las personas chismosas son desagradables no importa cuánto endulcen su forma de hablar.  Y esos bocados suaves son veneno, aunque su sabor sea agradable, luego producirá malestar.


Proverbios 15:4 La lengua apacible es árbol de vida. Mas la perversidad de ella es quebrantamiento de espíritu.

La lengua apacible es árbol de vida: Las buenas palabras son como un árbol que continuamente trae vida, da sombra y fruto. Son palabras útiles, necesarias.

Nuestras palabras tienen el poder de hacer mucho más bien de lo que a menudo pensamos.

Mas la perversidad de ella es quebrantamiento de espíritu: Si la lengua de alguien es perversa, retorcida, corrupta, dañina, hiriente, en lugar de saludable, sus palabras quebrantarán el espíritu de los demás.

Nuestras palabras tienen el poder de hacer mucho más daño de lo que a menudo pensamos.

 

Le invito a leer Santiago 3: 1-12

En este texto, Santiago nos habla sobre los peligros de la lengua en un sentido amplio.

Muchas veces se utiliza este texto únicamente para explicar que los cristianos deben controlar su lenguaje y evitar las ofensas, insultos y palabras vanas que no edifican, pero Santiago va todavía más allá de esto.

El autor nos está hablando primero sobre la responsabilidad de los maestros 

Santiago 3:1 Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación.

Las personas que hablan y enseñan a otros, tienen un  mayor peso. Y quién no se ha puesto en ese lugar en algún momento de su vida? Queriendo "enseñar" muchas veces se usan expresiones que luego tienen peso en nuestras propias vidas. El que enseña, no importa el área o el tema a enseñar, debe haber sido enseñado y vivir lo aprendido, sino solamente será alguien que verbaliza fácilmente, un simple palabrero.

Como dice el refrán tomado de La Biblia: haz lo que yo digo, no lo que yo hago... lo cual es patético. Mateo 23:3

La lengua, como un órgano que utilizamos para el habla y para alimentarnos, es un instrumento creado por Dios para nuestro bien y para la edificación del otro. 

El problema no es la lengua como órgano, puesto que no es independiente, sino la mente y el corazón que ordenan a esa lengua a decir esto o aquello.

 

Nosotros tenemos el poder de decisión siempre.

Santiago 3:2 Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, este es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.

No nos está diciendo únicamente que si dejamos de pecar de palabra ya somos perfectos. De hecho, podemos pecar con el pensamiento, con las manos, con el cuerpo,   aunque la lengua ahí no intervenga para nada.

Santiago está hablando de algo más profundo que el tipo de palabras que decimos, aunque también sea aplicable a esto. 

Cuando se nos habla de la lengua, se nos está hablando de nuestra capacidad como humanos de tener pensamientos y traducirlos en acciones.

Es la capacidad de hablar, con nuestro corazón, del que La Biblia nos dice que surge la maldad.

Hay que interpretar entonces que sólo podremos ser un varón perfecto cuando hayamos dominado la mente y el corazón.

Jesús habló acerca de esto

Mateo 15:19 Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.

Si nuestro corazón es malo, de éste sale lo que contamina al hombre, nuestra lengua se verá inevitablemente afectada, y afectará a los demás.

Estaremos contaminando a otros, pero también daremos  testimonio de la contaminación que hay en nuestro corazón.

Jesús nos muestra una vez más un elemento esencial relacionado con este principio.

Lucas 6:45 El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.

  • Cuando hemos logrado dominar la lengua, es porque nuestro corazón ha sido cambiado, transformado y santificado. 
  • De lo contrario, mientras siga habiendo maldad en nuestro corazón y en nuestra mente, nuestra lengua seguirá diciendo y hablando maldad.

 

Salmos 19:14 Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío.

Este versículo señala la importancia de que nuestras palabras y pensamientos sean consistentes con La Palabra y Voluntad Divina.

Es como el salmista dijera: Permite que lo que hable y lo que en mi corazón piense y reflexione sea un deleite para ti, Dios mío.

Naturalmente, para que nuestras palabras sean gratas a la vista de Dios, tienen que reflejar lo que nuestros corazones sienten y piensan.

La verdad de este texto nos urge a pronunciar siempre el tipo de palabras que confirmen lo que creemos o pensamos en nuestros corazones acerca de Dios, Su Amor y Su Poder.

No es aceptable a la vista de Dios que, si creemos, contradigamos nuestra fe con palabras descuidadas.


Proverbios 21:23 El que guarda su boca y su lengua, su vida guarda de angustias.

Este sabio consejo es un llamado a la reflexión sobre la importancia de controlar nuestras palabras y actitudes. Si queremos cultivar relaciones armoniosas y evitar situaciones que puedan causarnos angustia, es fundamental aprender a hablar de manera adecuada y a cuidar nuestros pensamientos y conversaciones.

Resumiendo, con las palabras que salen de nuestra boca, podemos distinguir al sabio del necio.

El Apóstol Pedro nos da otro sabio consejo para tener buenos días y también tiene que ver con nuestra manera de hablar

1Pedro 3:10 Porque: El que quiere amar la vida Y ver días buenos, Refrene su lengua de mal, Y sus labios no hablen engaño;

  • Disfrutar la vida y ver días buenos, va muy ligado a la calidad de nuestras palabras.
  • La calidad de nuestra vida refleja la calidad de nuestras palabras.

Mucha gente se ha arruinado por sus palabras, sus relaciones interpersonales se han acabado por sus palabras.

La mejor decisión que debemos tomar es cambiar el  lenguaje. 

Si queremos ver días buenos en nuestras vidas

ü Comencemos por erradicar el negativismo.

Filipenses 4:13 Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

ü Eliminemos: la autocrítica y la critica a los demás.

Mateo 7:1-2  No juzguéis, para que no seáis juzgados. 2 Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.

ü No utilicemos: malas palabras ni groserías.

Efesios 4:29 Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.

ü  Adquiramos: el hábito de dar gracias y no quejarnos.

1 Tesalonicenses 5:18 Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.

ü Al levantarnos y al acostarnos: agradezcamos al Señor por un día más de vida.

    Lamentaciones 3:22-23 Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias.23 Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.

ü Cuando demos una palabra de compromiso, que sea cumplida.

Mateo 5:37 Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.

 

Esta es la forma en que Dios ve, como debemos de hablar, quizás muchas veces nos equivocamos porque no lo veíamos de este modo.

Procuremos llenar nuestra vida de la Verdad de Dios, que nuestro corazón reboce de la abundancia del Señor, para que al hablar sea edificante para el que escucha.

Propongámonos modificar nuestra actitud hacia la forma de comunicarnos: no hablar sin pensar antes, no hablar por un impulso, no hablar movidos por un infundio, no dejar que cuando el enojo tomo partido expresemos ninguna palabra.

Pidámosle al Espíritu Santo que sea Quien llene nuestra boca y notaremos el cambio. 

Si Dios controla nuestra lengua, de cuántas angustias y sinsabores nos guardaría, piénselo.