Proverbios 25:4
Día 6
Proverbios 25:4 Quita
las escorias de la plata, y saldrá alhaja al fundidor.
Todo metal no se encuentra en estado puro en la
naturaleza.
Cuando se decide hacer una joya o un objeto de
valor, se comienza un proceso al metal que consiste en fundirlo, esto es,
llevarlo gradualmente a convertirse en líquido, a fin de poder colocarlo en el
molde apropiado.
Este proceso no es de manera abrupta, sino que el
orfebre se toma su tiempo, porque si lo apura, puede quemar el material y hacerlo
inservible.
Pero en ese tiempo que el metal va adquiriendo temperatura, van subiendo a la superficie las escorias, esas pequeñas basuritas que están con el metal en su estado primitivo, pero que no sirven si se quiere obtener una joya, ya que esa escoria disminuiría el valor comercial y también podría llevar a que la joya se quiebre.
La escoria
es una sustancia vítrea, formada por las impurezas, que flota en el crisol de los hornos metalúrgicos.
Esta escoria
está presente en los metales que son extraídos de las minas.
La escoria
quita la pureza al producto primario obtenido, por lo tanto, no permiten que
los metales sean aprovechados al máximo.
En este tiempo que dura el proceso, el orfebre va
sacando la escoria que surge, a
medida que el fuego va subiendo.
Lo interesante de este proceso de limpieza es que requiere de fuego alto para derretir toda la materia extraída de la mina para que de esta forma se pueda ver con facilidad las impurezas y así separarlas del metal.
¿Cuándo termina? Cuando mira la superficie del metal
fundido y puede ver su rostro reflejado en ella, sólo en ese momento apaga el
fuego, el metal está listo para llevarlo al molde.
Esta preciosa ilustración,
refleja la vida cristiana.
Nosotros somos ese metal impuro, que necesita tratamiento si quiere convertirse en una
joya.
En nuestra vida también existen impurezas que tienen que ser extraídas para que podamos ser mejores.
Estas impurezas
pueden ser pecados o malos hábitos que nos impiden crecer espiritualmente.
Algunos de esas escorias son pecados ocultos, pensamientos insanos, también malas
acciones que hemos tenido y que incluso no supimos que eran dañinas.
Por ejemplo: participar de pecados ajenos,
escuchando sus murmuraciones o chismes, o sabiendo sus malas obras ,que no quieren dar a conocer
y nos cuentan como un secreto, participar de esto no solo nos convierten en cómplices,
sino que para Dios también cuentan como si nosotros hubiéramos pecado.
Cada una de esas impurezas deben ser quemadas por el Fuego de Dios, que es la única manera
de purificarnos, porque esas escorias,
limitan nuestro potencial.
Proverbios 17:3 El crisol para la plata, y la hornaza para el oro; Pero
Jehová prueba los corazones.
Entonces nos ponemos en las Manos de Dios, El Orfebre
Divino.
El proceso es doloroso, ya que la escoria no sale
sino con fuego, y El Señor se encarga de subir el fuego, pero no es para
nuestro mal, no, sino para que nos purifiquemos, porque con toda esa escoria que llevamos dentro, no seremos
instrumentos en Sus Manos.
Dios muchas veces utiliza las pruebas para limpiar nuestras vidas de esas cosas que nos hacen daño y que afectan la Obra que Él está haciendo.
Lamentablemente, al igual que la escoria de la plata, nuestra escoria debe ser retirada por el fuego que viene sobre nuestras vidas.
Lo maravilloso es el resultado que sale después de esta etapa: Dios poco
a poco va realizando Su Obra Perfecta en nosotros.
Pero muchas veces esa escoria que nos afecta no necesariamente está en
nosotros, sino con nosotros.
Existen personas que pueden estar a nuestro
lado y que han ocupado una parte importante en nuestra vida y que no nos
permiten crecer.
Estas personas que pueden ser muy importantes
para nosotros, pero que con su influencia nos apartan de la piedad y nos
motivan a lo malo.
Salomón nos dice que debemos apartar al impío de la presencia del rey,
Proverbios 25:5 Aparta
al impío de la presencia del rey, Y su trono se afirmará en justicia.
Pues estos malos consejeros traen grandes conflictos y
conducen a malas decisiones.
1 Reyes 12:8-11 Pero él
dejó el consejo que los ancianos le habían dado, y pidió consejo de los jóvenes
que se habían criado con él, y estaban delante de él. 9 Y
les dijo: ¿Cómo aconsejáis vosotros que respondamos a este pueblo, que me ha
hablado diciendo: Disminuye algo del yugo que tu padre puso sobre nosotros? 10 Entonces
los jóvenes que se habían criado con él le respondieron diciendo: Así hablarás
a este pueblo que te ha dicho estas palabras: Tu padre agravó nuestro yugo, mas
tú disminúyenos algo; así les hablarás: El menor dedo de los míos es más grueso
que los lomos de mi padre. 11 Ahora, pues, mi padre os
cargó de pesado yugo, mas yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con
azotes, mas yo os castigaré con escorpiones.
El hijo de Salomón, el rey Roboam, no aprendió del consejo de su padre; éste, cuando el Pueblo se le acercó a solicitar un favor, despreció el consejo de los ancianos que estuvieron con su padre y buscó consejo en sus amigos de infancia.
Quienes obviamente le aconsejaron mal y trajo
consigo perjuicio al reino ocasionando por esta mala decisión la división final
de las tribus de Israel, llevando a la formación del Reino de Judá y el Reino
de Israel.
Debemos observar, ¿Qué pecado, qué mal hábito, o qué persona está
en nuestra vida que no nos permite ser mejores? ¿Qué tan valioso puede ser ello
en nosotros que no podamos decidir finalmente sacarlo de nuestra vida?
No hay nada más triste que dejar que esta escoria no nos permita alcanzar el
potencial que Dios tiene planificado para nosotros.
Tal vez no lo hemos identificado aún, pero no quiere decir que no lo podemos descubrir.
Dios lo sabe y va a ayudarnos, despojándonos de todo aquello que nos aleje de nuestro potencial en Cristo, para que crezcamos cada día en santidad y carácter.
Para que esa escoria sea vista, y extraída para
nuestra purificación, el fuego irá en aumento.
Y el fuego sube y la presión también.
Isaías
48:10 Pues te he purificado, pero no como a plata; Te he probado en el crisol de
la aflicción.
Es interesante saber qué es un crisol, El significado
bíblico de crisol parte del origen etimológico de una palabra
derivada del catalán cresol.
Este
término suele ser utilizado para definir un tipo de vasija empleada en fundir plata. Por tanto, la palabra proviene del
término latino vulgar cruceolum y el
vocablo cruz, que representa a un cuenco que posee esta misma forma, la forma de cruz.
En ese horno con
forma de cruz, somos purificados, es allí donde lo que no corresponde a la Santidad
de Dios es quemado por fuego.
Hasta
entendemos que vivimos es ese crisol,
en esa cruz, que cada día forja
nuestra vida a la medida de Cristo, una cruz
diferente a la que nombraba el Apóstol Pablo, pero, que produce los mismos resultados
Gálatas
2:20 Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive
Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de
Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.
¿Hasta
cuándo, Señor? ¿Hasta cuándo seguirás subiendo la temperatura del fuego?
Hasta
cuando seguirá el fuego: Hasta que pueda
verme en Él.
Gálatas
4:19 hasta que Cristo sea formado en vosotros,
Solo
siendo purificados estaremos a la altura que Dios demanda de nosotros.
Efesios 4:13
hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y
del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la
estatura de la plenitud de Cristo;
Sólo así será posible ser esa alhaja de gran precio.
Proverbios 25:4 Quita
las escorias de la plata, y saldrá alhaja al fundidor
Aceptemos, pues, aunque sea doloroso, que el fuego de la prueba que ha sobrevenido sobre nuestras vidas sirve porque cuando el Orfebre Divino termine, seremos joyas valiosas en Sus Manos, que brillarán para Su Gloria.