Proverbios 28:13
Día 7 Devocional escrito por Cristina Remus de Medina Celis Proverbios 28:13 El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia. Hay dos cosas claras y en contraste entre una y otra, en este versículo. Dos acciones opuestas entre ellas. Una es, el que encubre y la otra, el que confiesa. El que oculta sus pecados no prosperará…. Quién de todos nosotros no ha cometido errores y pecados? Todos lo hemos hecho, algunos más graves que otros, pero en definitiva todos hemos pecado. En nuestra naturaleza pecaminosa, la primera reacción es querer ocultar nuestros errores y pecados a Dios y a los demás, porque tememos el qué dirán si se enteran. Muchas veces olvidamos lo que dice La Biblia Marcos 4:22- Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a luz. Pero es importante recordar que no hay nada que podamos hacer para ocultar nuestros pecados a Dios. Él ve todo y lo sabe todo. Además, ocultar nuestros pecados a Dios nos trae consecuencias que nos llevarán a cometer errores más grandes y pueden arruinar aún nuestro futuro. Y no solo a nosotros sino también arrastraremos a nuestro entorno, a quienes viven con nosotros y las consecuencias serán dolorosas y en muchos casos destructivas. Este texto nos dice claramente que hay consecuencias, ….No prosperará… Y esta verdad no cambiará jamás. El que encubrió en el pasado, el que lo encubre en el presente y el que lo encubra en el futuro tendrá el mismo resultado negativo: “NO PROSPERARÁ. Es necesario confrontar nuestros pecados y errores, para poder arrepentirnos y más aún, aprender de ellos, ya que ignorarlos, restarle importancia, o lo que es peor, naturalizarlos como lamentablemente muchos lo minimizan... Llamándolos “pecadillos”, corremos el riesgo de alejarnos de lo que es verdadero y correcto y nos lleve a un camino de autodestrucción y nos aleje de Dios. La Biblia, La Palabra de Dios nos deja historias de hombres y mujeres que pretendieron ocultar sus pecados a Dios y seguir con sus vidas como si nada hubiera sucedido sin medir las consecuencias …: 2 Samuel 11:1-27 El rey David y Betsabé. Josué 7:1-26 El pecado de Acán. Hechos 5:1-11 Ananías y Safira. Pero gracias al Señor, tenemos un Dios de Misericordias y Perdón. Quien anhela que nos arrepintamos de nuestros pecados y nos volvamos a Él. Aún estamos a tiempo de pedir perdón y de ser alcanzados y abrazados con Su Gracia, como nos dice Proverbios; “MÁS EL QUE CONFIESA SUS PECADOS, Y SE APARTA ALCANZARÁ MISERICORDIA” Aquí está el camino correcto para obtener Misericordia para un pecador culpable y arrepentido. Debe abandonar el hábito de encubrir el pecado, intentando tapar con “buenas acciones”. La responsabilidad del pecador consiste en confesar y abandonar sus pecados. Las dos cosas han de ir juntas: La confesión debe ser hecha honestamente al Propio Señor. No debemos echarle la culpa a los demás, ni culpar a las circunstancias, ni argumentar debilidad natural. Más bien confesarlo todo y confesarnos nosotros mismos como quienes conociendo la Verdad, decidimos ignorarla. La Biblia es clara: No puede haber misericordia mientras no hayamos hecho esto. Por otro lado, debemos abandonar el mal. Una vez hayamos reconocido las faltas, debemos repudiar cualquier intento presente y futuro de persistir en ella. No podemos seguir siendo rebeldes, y pretender morar junto a la Majestad del Rey de Reyes y Señor de Señores. El hábito del pecado debe ser abandonado conjuntamente con los lugares, amistades, ocupaciones, y cualquier cosa que nos puedan llevar a descarriarse del Camino y Voluntad Perfecta del Señor. Puede parecer difícil, pero es necesario. El Espíritu Santo nos ayuda y nos guía, pues Él quiere nuestro crecimiento espiritual, el cual es necesario para vencer al pecado. Queridos Hermanos, ser honestos sobre nuestros errores y pecados es el primer paso hacia la liberación. Al confesar y arrepentirnos, no solo encontramos la Misericordia de Dios, sino también nos abrimos a un camino de transformación personal. No lo olvide: la próxima vez que se sienta tentado/a, a ocultar algo, recuerde que la honestidad es su mejor amiga en el Camino de la Fe.