Sábado, 26 de Octubre del 2024

Proverbios 3:27

Día 26

Devocional escrito  por Silvia Alfieri

Proverbios 3:27 No te niegues a hacer el bien a quien es debido, cuando tuvieres poder para hacerlo.


La Biblia es la Voluntad escrita de Dios, a través de ella encontramos Consejos de vida, para bien de nuestro y de nuestro prójimo.

Aquí en El Libro de Proverbios, que por cierto es uno de los Libros Bíblicos más cargados de Consejos, se nos insta

  • A no negar la ayuda a aquellos que la necesiten, especialmente si tenemos los medios para hacerlo.


La enseñanza de este versículo es simple, pero poderosa:

  • Como seres humanos, debemos ser generosos y solidarios con aquellos que nos rodean.

 

No te niegues a hacer el bien a quien es debido, cuando tuvieres poder para hacerlo.

Ø Es un  mandato de Dios que nos invita a ser activos en ayudar a los demás y hacer el bien en todo momento.

Ø Debemos estar atentos a las necesidades de las personas que nos rodean y, si tenemos la capacidad de hacerlo, ayudarles sin rechazarlos.

Ø La generosidad y la solidaridad no solo son virtudes cristianas, sino que son esenciales para la convivencia armoniosa y la construcción de una sociedad más justa.

 

En La Parábola del Buen Samaritano, Jesús enseña aplicando este mandamiento.

Lucas 10:25-37 Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? 26 Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? 27 Aquel, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. 28 Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás. 29 Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? 30 Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. 31 Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. 32 Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. 33 Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; 34 y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. 35 Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. 36 ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? 37 Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.

El Señor es claro en instruirnos, nos enseña a mostrar misericordia a quienes están sufriendo.

Ø Debemos ver las necesidades a nuestro alrededor y simpatizar con el dolor de las personas.

 

El Buen Samaritano también nos enseña que debemos aprovechar el momento.

Ø No esperes, no retrases, no dejes para después.

Ø Haz lo que puedas hacer en ese momento.

Ø El amor no es algo que sientes, sino algo que haces.

Ø El Samaritano actuó. Se detuvo y se puso al nivel del hombre herido.

Ø No actuó como un superior. Usó lo que tenía a mano: vino para desinfectar y aceite para limpiar las heridas, que eran los mejores medicamentos en aquel entonces.

Ø El Samaritano probablemente rompió y usó sus propias ropas para vendar las heridas del hombre, él no era un médico,  ni contaba con un botiquín, pero se dispuso a socorrer.

Ø Ayudó,  hizo lo mejor que pudo, con lo que tenía.

 

Proverbios 3:27-28 No te niegues a hacer el bien a quien es debido, Cuando tuvieres poder para hacerlo. 28 No digas a tu prójimo: Anda, y vuelve, Y mañana te daré, Cuando tienes contigo qué darle.

 

No esperes condiciones más favorables.

Ø Cuando Dios te llama a ayudar a alguien, hazlo ya.

Ø Cuando veas una necesidad, satisfácela al instante.

 

Para aprovechar el momento, debes estar dispuesto inclusive, a correr riesgos.

Ø Tienes que disponerte a dejar “tus cosas” y ser interrumpido.

Ø Para ayudar, debes moverte en contra de tus temores.

Imaginemos los temores que el Samaritano pudo haber tenido: “¿Y si los asaltantes todavía andan por aquí? ¿Y si todo esto es una trampa? ¿Qué pasaría si él rechaza mi ayuda? ¿Y si en realidad no puedo ayudarlo?”

 

Debemos dejar de cuestionar cosas y movernos rápidamente   y asistir a la necesidad.

Ø A menudo no queremos involucrarnos con el dolor y los quebrantos de los demás porque, francamente, nos recuerdan los propios, pero la Misericordia se mueve a pesar del temor.


La Misericordia de Dios toca al intocable y Ama al que no es amado.

 

Como sociedad, hemos perdido en gran medida el valor de hacer el bien a los demás.

En lugar de ayudar y apoyar a nuestras comunidades, muchos de nosotros nos enfocamos en nuestras propias necesidades y egoísmos personales.

 

Pero Proverbios 3:27 nos recuerda que la felicidad y el bienestar verdadero solo pueden ser alcanzados si buscamos el bienestar de los demás.

Es importante ser consciente de nuestras acciones y actitudes hacia nuestro prójimo, y estar dispuestos a ayudar a aquellos que necesitan de una mano amiga.


Ø Como creyentes debemos estar comprometidos con los valores de la generosidad y la solidaridad.

Ø Esforzarnos por ser personas que buscan hacer el bien al prójimo y estar dispuestos a ayudar a aquellos que necesitan nuestra ayuda.

Ø No debemos negar nuestro poder para hacer el bien, sino estar siempre listos para hacer nuestra parte en construir una sociedad más justa y solidaria.

 

Este mundo nos mueve a andar a toda prisa, pero La Palabra de Dios, Su Sabio Consejo nos invita a pausar y reflexionar, al detenernos y dar ayuda, puede ser de gran  impacto en la vida de los demás.

Cada acto de bondad, por pequeño que sea, tiene el poder de transformar no solo la vida de quien recibe ayuda, sino también la nuestra.

Al brindar nuestra mano generosa, cultivamos un ambiente de amor y compasión que enriquece nuestra comunidad y nos acerca como seres humanos.

Fuimos llamados a hacer La Voluntad de Dios. Vayamos continuamente a la Fuente.

Recordemos siempre ¿Qué haría Jesús en mi lugar?

Consideremos, y sigamos Sus Pisadas.