Romanos 12:19
Día
14
Devocional
escrito por Santiago Medina Celis
Romanos 12:19 No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad
lugar a la ira de Dios.
¡Cuánto
regocijo hay en nuestro corazón cuando la justicia obra a favor de un
damnificado!
Vemos noticias de inseguridad, noticias de asesinatos, hombres contra hombres, mujeres contra mujeres, padres que asesinan a su familia por diferentes motivos, mujeres que abortan a sus hijos, jóvenes saliendo de los boliches drogados, alcoholizados y no miden consecuencias, peleas de vecinos por la falta de respeto y falta de empatía, y si seguimos profundizando, vemos que hay mucha maldad en todos lados y lamentablemente, en este mundo caído y por el pecado de los hombres La Biblia nos dice:
Mateo 24:12 y por haberse multiplicando la maldad, el amor de muchos se
enfriará.
Y
de esto no estamos exentos los que seguimos a Cristo.
Muchas
veces me ha dado placer de ver como un ladrón recibe su merecido, siendo
castigado o condenado en un juicio.
Por
supuesto que no estoy a favor de la inseguridad, no estoy a favor de la delincuencia,
mucho menos de los asesinatos a personas inocentes.
El problema es que si tuviéramos la posibilidad de hacer justicia por mano propia, lo haríamos.
Y
de esto deberíamos tener mucho cuidado en tenerlo en nuestro corazón.
De
estos deberes cristianos nos habla el Apóstol Pablo inspirado por el Espíritu
Santo.
Si
bien es un capitulo que habla de varios consejos, pero hoy tomamos en nuestro
devocional este versículo de no tomar la venganza en nuestras manos, ya que ese
derecho le pertenece a Dios.
En
lugar de hacer eso deberíamos dejar que Dios tome la situación injusta y que el
pague a cada uno según sus obras.
Si
miramos nuestra vida antes de recibir El Evangelio, no éramos tan diferentes a
los que La Biblia llama malvados.
Sin Cristo habíamos cometido cantidades de pecados, vivíamos de espalda a Dios, rechazábamos la historia de Redención a través de Jesús y nuestras vivencias nos llevaban directo a la Ira Divina.
Pero
gracias a Cristo y Su Gracia, fuimos salvos, por medio de Él.
Amar
a nuestro enemigo es difícil, pero es algo que Cristo hizo con nosotros, nos
amó, nos dio de comer, perdonó lo que éramos y borró nuestras faltas.
Salmo 103:3-4 Él es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana
todas tus dolencias; 4 El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona
de favores y misericordias.
Observando
atentamente estos versículos, entendemos que no éramos dechados de virtudes, éramos
iguales o peor que aquellos que obran injustamente.
Pero
ahora somos Seguidores de Cristo, y así como Jesús guardó silencio siendo
traicionado por Sus Discípulos, vendido por monedas miserables y siendo crucificado
en el medio de ladrones, dejó que la ira de Dios caiga sobre Él para que, por
medio de Su Sacrificio, hoy podamos ser coronados de favor.
El
mismo Jesús amó a sus enemigos y en ese grupo estuvimos vos y yo.
Así
que, Hermano, difícil la tarea, pero nos lleva a bendecir a quienes necesitan
de este hermoso Evangelio.
Tomemos
este consejo, dejemos que la venganza sea de Dios y nosotros reflejemos a Cristo
a través de nuestra vida.
Romanos 12:20-21 Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. 21 No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.
No olvidemos lo que Jesús hizo por nosotros, siendo sus enemigos,
nos dio de comer, nos
dio de beber y avergonzó nuestra vida por medio de Su Amor.
Él venció la maldad de nuestras vidas con Su Bien.
¡Dios les bendiga!