Romanos 4:8
Día 25
Romanos 4:8
Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado.
Inculpar: Acusar a una persona de un delito.
El tema del pecado y el perdón es una de las
cuestiones más importantes en la vida cristiana.
La culpa y la vergüenza pueden tener un impacto
profundo en nuestra vida y nuestra relación con Dios.
A ninguno
de nosotros nos agradaría que nos acusen de un pecado, desde el principio en
hombre ha tratado de ocultarlo o esconderse cuando lo comete.
Lo curioso es que la conciencia acusará los malos actos
cometidos… nadie puede terminar el día y no sentir incomodidad en el alma
cuando recuerda que ha hecho algo malo, y
los Hijos de Dios sabemos que esa incomodidad es la demostración del Obrar de Su Espíritu en
nuestro interior.
·
El Espíritu Santo convence a las personas de sus propios pecados
y de la realidad de que enfrentarán el Juicio Final, para que se vuelvan a
Cristo y sean salvas.
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Si los pecadores nunca sienten la culpa de su pecado, no
reconocerán la necesidad de un Salvador.
·
Cada pinchazo en el corazón tiene como objetivo atraerlos a
Cristo.
¡Qué Gracia Maravillosa la de nuestro Dios! Debemos agradecer que la Obra de convencimiento del Espíritu Santo no termine una vez que hemos sido salvos, sino que nos acompañe cada día.
Él continúa instruyéndonos, guiándonos y
moldeándonos después de la salvación y nos amonesta cuando hemos desobedecido a
nuestro Padre Celestial, trayendo sobre nosotros la convicción de que hemos
pecado.
ü Es El Espíritu Santo que nos hace conscientes del pecado.
ü Y nos da conciencia de la actitud de Dios sobre tal comportamiento.
ü Él nos induce a confesar nuestras faltas, a arrepentirnos y a volver al
camino recto.
Además de protegernos y guiarnos de estas maneras,
el Espíritu Santo hace mucho más por nosotros:
Nos guía hacia la verdad. Juan 16:13
Nos revela el significado de las Sagradas Escrituras.
1 Corintios 2:10-16
Transforma nuestro carácter. 2 Corintios 3:18
Muestra nuestra obediencia. Hechos 5:32
Nos escogió para salvación, mediante la fe en la
verdad. 1Tesalonicenses 2:13
Nos ayuda en nuestra debilidad. Romanos 8:26
Nos da el poder para testificar Hechos 1:8
Con Su Guía, garantiza que somos Hijos de Dios. Romanos 8:14-32
Nos sella para el día de la redención. Efesios 4:30
La persona en quien mora el Espíritu Santo tiene el deber de guiar a otros para que reciban el Espíritu Santo.
Juan 20:21-23
Por tanto, escuchemos La Voz de convencimiento
y la Instrucción del Espíritu Santo. Son
para nuestro bien y para la Gloria de Dios.
Romanos 4:8 Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado.
En este versículo El Apóstol Pablo nos habla de la bienaventuranza del hombre a quien el Señor no culpa de pecado.
Bienaventurado, la palabra griega makarios, es utilizada para identificar a la persona dichosa, feliz.
Bienaventurado significa condición
en la que usted está profundamente seguro, contento y feliz en Dios.
En este versículo, Pablo está hablando de la
justificación por la fe.
Nos dice que, para ser Justificados ante Dios,
debemos creer en Jesucristo.
Cuando ponemos nuestra Fe en Jesús, somos
Justificados por Dios y nos libramos de la culpa del pecado.
Eso significa que no hay nada que podamos hacer
para ganar nuestra Salvación.
En cambio, nuestra Salvación es un regalo que
recibimos por la Gracia de Dios.
Romanos 4:8 nos invita a
reflexionar sobre la importancia de poner nuestra Fe en Jesucristo para ser
Justificados y libres de la culpa del pecado.
Esto puede llevarnos a una vida más profunda de Fe
y compromiso con Dios.
¿Alguna vez se ha encontrado pensando en todas las
cosas que hizo mal a lo largo del día? Todos duermen tranquilamente, pero usted
estás despierto haciendo un recuento de tus pecados:
ü Las veces que gritó con enojo a sus hijos,
ü Las ocasiones en que dejó que sus emociones se apoderaran de tu dominio
propio y discutió fuertemente con sus compañeros de trabajo,
ü Los momentos en los que sabiendo que debía reaccionar con la verdad, cerró
su boca, consintiendo lo malo…
ü Y así tantas situaciones para enumerar donde hemos fallado y nuestro corazón
no nos dio descanso…
Hemos estado
en ese lugar muchas veces, momentos en los que la luz no solo está apagada en
la habitación, sino también en nuestra alma.
Abrumados por el pecado y aplastados por la culpa,
la angustia hace zozobrar nuestra barca, como si nos estuviéramos ahogando en
un mar de “si tan sólo hubiera...”:
ü Si tan solo hubiera tratado a mis hijos de una mejor manera.
ü Si tan solo hubiera controlado mi temperamento.
ü Si tan solo hubiera abierto mi boca y dicho lo correcto…
ü Y así tantas y tantas situaciones que sin tan solo hubiera obrado de
otra manera no me sentiría así.
¿Alguna vez se ha sentido así, tan culpable
que se has quedado débil, agobiado, desesperanzado?
Pareciera que en nuestra mente una voz nos
dijera: eres una decepción, le has fallado a Dios, nunca va a mejorar… quiero que sepa que esa no es la Voz del Espíritu
Santo.
En esos momentos
oscuros de reflexión la Presencia de
Dios está trabajando en nosotros, trayendo luz, no acusación, sino una
esperanza que fortalece nuestra fe y nos anima a seguir.
Esta lucha con la culpa es la realidad del corazón redimido que anhela
complacer a Dios, pero se encuentra en la horrible tensión que produce el
pecado.
Una de esas noches oscuras, encontré esperanza en
esta confesión del Apóstol Pablo.
Romanos 7:21-24Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. 22 Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios;23 pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. 24 ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?
Mi alma lucha esa misma batalla. ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? ¿Quién puede salvarme de la culpa, que viene a opacar mi alegría? ¿Dónde encontraré la esperanza que necesito para continuar sirviendo a Dios?
Pablo nos señala la solución de nuestro
conflicto:
Romanos 7:25 Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.
Pablo entiende que solo Dios puede salvarlo del pecado y la muerte, y que Dios lo hace a través de la fe en Jesucristo.
Esto
es verdad tanto si Pablo se ha estado describiendo a sí mismo como era antes de
convertirse en cristiano o después haberlo hecho.
Por
lo tanto, Dios es el Único que puede liberar a las personas de su esclavitud al
pecado, y esto ocurre a través de Su Gracia y nuestra fe en Jesús.
Específicamente,
a través de la Fe en Cristo, Dios nos da crédito por la justicia sin pecado de
Jesús y acepta la muerte de Jesús como pago por nuestros pecados.
De la misma manera, solo Dios puede otorgarle al cristiano la capacidad de
dejar de lado su deseo de pecar y hacer lo que es bueno y correcto.
Le invito a leer Gálatas 5 allí llama a esto: "caminar con el Espíritu Santo en Su poder, en lugar del nuestro".
Ésta es la única
esperanza que tenemos para servirle a Dios en esta vida.
Sin embargo, Pablo vuelve inmediatamente al punto central de su mensaje, y nos
dice que él está sirviéndole a la Ley de Dios con su mente, pero su cuerpo
natural, el cual está manchado por el pecado, sigue siendo tentado por la ley
del pecado.
La solución al problema de la culpa se encuentra en el lugar donde colocamos nuestra esperanza.
Si nos miramos a nosotros mismos, solo encontraremos frustración e
impotencia.
Pero si miramos a Cristo y consideramos Su Obra, encontraremos
esperanza.
La esperanza que necesitamos se encuentra en Cristo.
Su Obra es Perfecta, ocupó nuestro lugar, nos llevó
de la muerte a la vida y cambió nuestro destino eterno para siempre.
Pero no podemos olvidar que Él también nos salvó de
la fatiga de tratar todos los días de cumplir con el estándar de Dios.
Nos liberó del peligro de tratar de ser nuestros propios “salvadores” funcionales y de presentar “obras de justicia” que sean “dignas” del favor de Dios.
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Jesús fue el único que cumplió con el estándar de justicia de Dios.
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Siendo Él Justo, tomó el lugar de los injustos.
·
Jesús tomó nuestra culpa y nos
dio Su Justicia Perfecta.
·
Por Su Obra en nosotros podemos declarar: Jesús es nuestra justicia.
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Por Gracia por medio de la Fe, Dios nos ve como justos.
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Ya no somos culpables.
Entonces, cuando la culpa quiera apoderarse de nuestra esperanza mientras ponemos la cabeza en la almohada, podemos declarar como Pablo: Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús.
Romanos 8:1 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús,
los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.
Los que estamos en Cristo:
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Somos libres del lazo mentiroso del desempeño o la autosuficiencia.
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Somos libres del engaño de la comparación.
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Somos libres de la trampa de la aprobación de la
gente.
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Somos libres de nuestra carne, hoy vivimos en El Espíritu
de Dios
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Somos libres de la condenación.
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Somos libres de culpa.
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Somos libres de correr a Dios, si hemos pecado, al tener convicción de pecado, porque sabemos que tenemos
un Abogado ante el Padre, Jesucristo el Justo.
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Somos libres de celebrar que la ira de Dios no pesa
sobre nosotros, porque nuestro Salvador la cargó en la cruz.
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Somos libres de celebrar que Cristo es nuestra
justicia, y no hay ninguna condenación para nosotros.
Ese es el presente que el Evangelio nos invita a vivir todos los días, y
nos dice:
La culpa ya no define quién eres, tu
identidad está en la Obra de Cristo a tu favor.
Jesús es tu Justicia. Que esa sea tu esperanza.
Vive en dicha y felicidad, eres un bienaventurado de Dios.