Lunes, 8 de Septiembre del 2025

Rut 1:9

Día 8

Devocional escrito por Guadalupe Infràn de Medina Celis

Rut 1:9 … Conceda Jehová que halléis descanso… 


Este relato comienza en los últimos días de los Jueces, un período de 400 años de anarquía general y opresión cuando los israelitas no fueron gobernados por reyes, sino por libertadores periódicos a quienes Dios levantó cuando la nación lo buscó nuevamente.


Los días en que gobernaban los jueces fueron los que: CADA UNO HACÍA LO QUE BIEN LE PARECÍA…


La devastación, frustración, hambre, conflicto, se habían hecho muy reales en aquellos días.

Un tiempo muy difícil, lo relata La Biblia. 

Nótese que sin importar años, ni cuestiones políticas, esto siempre existió.


Leamos juntos los primeros versículos del capítulo 1:

Rut 1:1-5  Aconteció en los días que gobernaban los jueces, que hubo hambre en la tierra. Y un varón de Belén de Judá fue a morar en los campos de Moab, él y su mujer, y dos hijos suyos.  2  El nombre de aquel varón era Elimelec, y el de su mujer, Noemí; y los nombres de sus hijos eran Mahlón y Quelión, efrateos de Belén de Judá. Llegaron, pues, a los campos de Moab, y se quedaron allí. Y murió Elimelec, marido de Noemí, y quedó ella con sus dos hijos,  4  los cuales tomaron para sí mujeres moabitas; el nombre de una era Orfa, y el nombre de la otra, Rut; y habitaron allí unos diez años.  5  Y murieron también los dos, Mahlón y Quelión, quedando así la mujer desamparada de sus dos hijos y de su marido.


Qué panorama tan desolador, quedaron solo las mujeres, sin su compañero, sin esa protección. 

Ser viuda sin hijos era pertenecer a las clases más desfavorecidas del mundo antiguo. 

No había nadie que les apoyara, y tenían que vivir de la generosidad de desconocidos. 

Noemí no tenía familia en Moab, ni nadie más que la ayudara. Era una situación desesperada.


Pero un rasgo que resalta La Biblia acerca de Noemí, es que era una mujer valiente, de valores, y que no se iba a dejar amedrentar por ese momento de su vida. 

Y en esta época no existía el “empoderamiento” de las mujeres, esas ideas que vienen disfrazadas para quebrar el modelo de Dios.


Es difícil hablar de este tema, cuando la mujer quiere hacerse más grande que el hombre. 

Sin pensar que ambos cumplimos roles diferentes en la sociedad, y aun en la Familia. 

Una mujer tiene la capacidad y la bendición de formar en su vientre una vida, y solo se puede llevar a cabo cuando el hombre tiene su participación en ello.


Dios ha creado al hombre no para pisar a la mujer, sino para que ella sea esa ayuda idónea, algo que nos demanda Nuestro Padre: Ser esas edificadoras de hogares, esas mujeres sabias que respetan al hombre como cabeza. 

Que ayudan, no que llenan ni implantan en las mentes pensamientos contrarios.


Desde la lejana Moab, Noemí oyó que Dios estaba haciendo cosas buenas en Israel.

Quería ser parte de las Buenas Obras que Dios estaba haciendo. 


Nuestra vida con Dios debería inspirar a otros a volver al Señor con solo vernos.

Nuestro caminar con el Señor debería ser algo que los impulse a decir: “¡Yo también quiero algo de eso!”.


Esto distinguió a Noemí de muchas otras personas. 

Muchos oyen las cosas buenas que Dios está haciendo en la vida de otros y solo desean tener algo de ellas, en lugar de salir simplemente a buscarlas. 


Noemí podría haberse quedado en Moab toda su vida deseando que las cosas fueran diferentes, pero hizo algo para recibir lo que Dios tenía para darle.


Pero un punto más a rescatar, era que Noemi estaba rodeadas de sus nueras, que no la dejaban sola, que la amaban, porque sabían en quién confiaba: En un Dios que les daría mayores y mejores bendiciones, de lo que ella esperaba.

Sus nueras Rut y Orfa, también habían quedado viudas, dolidas. 

Noemí las mandó a la nueva tierra, y les dijo 

… Conceda Jehová que halléis descanso… 


Nuestro devocional de este día, y uno podría decir sí, estaban cansadas del dolor.

Pero en realidad La Palabra enseña, que el Matrimonio, donde uno construye su Vida, su Hogar, su Familia con otra persona, debe ser el Lugar de Descanso.

Dios quiere que cada Matrimonio sea un lugar y una fuente de descanso, paz y refrigerio en la vida.


Los intercambios de opiniones siempre van a estar, las diferencias también, pero también está la decisión, y el recordar el Pacto que cada  uno hizo con El Señor.

Dios mismo estableció el perdón, la reconciliación, la restauración y las nuevas oportunidades.


Hoy no hay paciencia, no hay compromiso, no existe el ceder por amor. 

El enemigo ha entrado en los corazones, y muchas veces le damos el lugar, para que destruya lo más SAGRADO: LA FAMILIA. 

El lema de nuestra Iglesia, dice “Esta es Casa de Dios, Un Lugar para cada Familia.”


Si tal vez en tu Matrimonio, tu Hogar no hay paz, te invito a que puedas acercarte a una Iglesia donde se predique la Verdad del Evangelio, para que primeramente tu alma halle paz, descanso en Dios, lo dejes entrar y restaurar tu vida, y así, luego haya restauración también en tu Familia.


Rut decidió seguir el camino con su suegra, sabía ir con ella, garantizaba que su Dios le bendeciría.

Rut y Noemí eran Familia, y por más que les costó ver el “descanso”, DIOS en los postreros tiempos, LAS VISITÒ CON SU FAVOR. 


Rut rehace su vida, y no permitió que Noemí se aleje de su lado.

Rut 4: 13- 17 Booz, pues, tomó a Rut, y ella fue su mujer; y se llegó a ella, y Jehová le dio que concibiese y diese a luz un hijo.  14  Y las mujeres decían a Noemí: Loado sea Jehová, que hizo que no te faltase hoy pariente, cuyo

nombre será celebrado en Israel;  15  el cual será restaurador de tu alma, y sustentará tu vejez; pues tu nuera, que te ama, lo ha dado a luz; y ella es de más valor para ti que siete hijos.  16  Y tomando Noemí el hijo, lo puso en su

regazo, y fue su aya.  17  Y le dieron nombre las vecinas, diciendo: Le ha nacido un hijo a Noemí; y lo llamaron Obed. Este es padre de Isaí, padre de David.


Qué hermosa enseñanza para nuestras vidas. 

Que Dios nos de entendimiento, y nos ayude a siempre creer en Su Palabra, aquella que es capaz de cambiar cualquier situación.

¡Dios nos bendice!