Salmos 120:1
Día 7 Devocional escrito por Cirilo Maciel Salmos 120:1 A Jehová clamé estando en angustia, y él me respondió… Como podemos leer en el devocional del día de hoy, el Salmo 120 en La Biblia lleva por título Plegaria ante el peligro de la lengua engañosa, es un Cántico Gradual. Esto significa que es un cántico de ascenso de los peregrinos que cantaban en medio de una peregrinación desde la cautividad de Babilonia a Jerusalén. El Salmista declara que, cuando se encontraba en momentos de dificultad, recurriría a Dios en oración y recibía respuesta de Él. El primer verso de este Salmo lleva dice: A Jehová clamé estando en angustia, y Él me respondió. Éxodo 2:23-24 Aconteció que después de muchos días murió el rey de Egipto, y los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, y clamaron; y subió a Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre. 24 Y oyó Dios el gemido de ellos, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. Salmos 34:15 Los ojos de Jehová están sobre los justos, Y atentos sus oídos al clamor de ellos. En el versículo de nuestro devocional podemos identificar tres factores muy importantes en nuestra vida espiritual: Clamor (en hebreo: qara) La palabra “qara” implica mucho más que simplemente hablar. Significa llamar intensamente a alguien, gritar pidiendo auxilio, dirigirse con urgencia, proclamar algo importante o incluso desahogarse profundamente ante Dios. Este tipo de clamor surge desde lo más profundo del corazón, cuando las palabras ya no son suficientes y el alma se derrama por completo delante del Señor. Es el grito del Hijo que corre al Padre buscando consuelo, ayuda y dirección. Angustia (en hebreo: metsuká) “Metsuká” hace referencia a un estado de aflicción extrema, opresión emocional o espiritual, y situaciones de necesidad o aprieto. Esta palabra describe momentos en los que el corazón se siente atrapado, sin salida, como si el alma estuviera siendo presionada desde todos los lados. En La Biblia, la angustia muchas veces es el contexto donde nace el clamor genuino, porque en el quebranto se revela nuestra total dependencia de Dios. Respuesta (en hebreo:guvá) “Guvá” significa respuesta, reacción o incluso respuesta reflexiva. En el contexto bíblico, representa esa Intervención Divina que llega en el tiempo perfecto, como fruto de un clamor sincero nacido en medio de la angustia. La respuesta de Dios no siempre es inmediata, pero siempre es perfecta, transformadora y cargada de propósito. Él no es indiferente al sufrimiento de Sus Hijos, y Su Respuesta viene con consuelo, dirección o liberación. 2 Crónicas 32:20 Mas el rey Ezequías y el profeta Isaías hijo de Amoz oraron por esto, y clamaron al cielo. Salmos 141:1-2 Jehová, a ti he clamado; apresúrate a mí; Escucha mi voz cuando te invocare. Suba mi oración delante de ti como el incienso, El don de mis manos como la ofrenda de la tarde. Salmos 5:3 Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré. Podemos ver que el salmista estaba atravesando por un momento de angustia y persecución sobre su persona, a través de lenguas engañosas. Debido a esto, él buscaba la Respuesta y Protección del Señor. Este versículo declara la confianza y la fidelidad en Dios, que, por medio de Su Gracia, Él le respondería. Salmos 61:1-2 Oye, oh Dios, mi clamor; A mi oración atiende. 2 Desde el cabo de la tierra clamaré a ti, cuando mi corazón desmayare. Llévame a la roca que es más alta que yo. Salmos 34:17 Claman los justos, y Jehová oye, Y los libra de todas sus angustias. Un ejemplo de clamor profundo y sincero lo encontramos en la vida de Ana, en El Primer Libro de Samuel, capítulo 1. La Biblia nos dice que Ana estaba afligida, cargada por un anhelo que parecía imposible: deseaba un hijo. Años de espera, de burlas, de vacío... pero en lugar de rendirse, Ana fue al lugar correcto: fue al Templo, y allí clamó. 1 Samuel 1:9-13 Y se levantó Ana después que hubo comido y bebido en Silo; y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en una silla junto a un pilar del templo de Jehová, 10 ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. 11 E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza. 12 Mientras ella oraba largamente delante de Jehová, Elí estaba observando la boca de ella. 13 Pero Ana hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y Elí la tuvo por ebria. Otro ejemplo claro de clamor en La Biblia es el de Jabes. Su nombre significaba dolor, porque su madre lo dio a luz en sufrimiento. Sin embargo, él no aceptó ese destino, sino que clamó a Dios: 1 Crónicas 4:10 E invocó Jabes al Dios de Israel, diciendo: ¡Oh, si me dieras bendición, y ensancharas mi territorio, y si tu mano estuviera conmigo, y me libraras de mal, para que no me dañe! Y le otorgó Dios lo que pidió. El Salmo 120 nos recuerda que en medio del dolor, el clamor sincero llega al cielo y Dios responde. No es un clamor cualquiera, sino uno que nace desde lo profundo, como el de Ana, Jabes o el Salmista: voces quebradas, pero llenas de fe. La angustia no es señal de derrota, sino una oportunidad para ver a Dios obrar con Poder. Él escucha, Él ve y Él actúa. Puede que Su Respuesta no siempre sea inmediata, pero será Perfecta, a Su tiempo y con Propósito. No te calles. No te encierres en tu lucha. Clama. Llora si hace falta. Ora con todo tu corazón, porque el Dios que escuchó a Israel, a Ana y a Jabes, también te escucha a ti, y responderá. Salmos 130:1-2 De lo profundo, oh Jehová, a ti clamo. 2 Señor, oye mi voz; Estén atentos tus oídos A la voz de mi súplica. ¡Dios les siga bendiciendo Amados Hermanos!