Lunes, 13 de Noviembre del 2023

Salmos 126:2

 Día 13

Salmos 126:2  Entonces nuestra boca se llenará de risa, Y nuestra lengua de alabanzas...

 

Estamos leyendo acerca de  la alegría de los exiliados restaurados.

Eran en su mayoría descendientes inmediatos de hombres que habían provocado a Dios por sus pecados y rebeliones, soportando durante años Sus Justos Juicios.

Mirando y pensando solo en su calamidad, otras naciones fácilmente podrían llegar a pensar en su Dios como Alguien que nunca perdona.

Pero, en vista de la alegría de Su Restauración, tal idea no podía ser contemplada.

Dios se compadece aun cuando castiga; y se alegra cuando Su Piedad es libre para realizar Su Obra Misericordiosa y Restauradora.

 

Cuando salió el edicto de Ciro permitiendo que los cautivos regresaran, fue tan inesperado, tan milagroso, que consideraron el cumplimiento de la antigua profecía como un sueño.

Así estaban los redimidos de Dios, la primera colonia de exiliados  regresando a su tierra de Palestina.

Ese pequeño grupo, no era más que el surco de un pequeño riachuelo en algún páramo del desierto.

De ahí brota la oración de los labios del salmista:

Salmos 126:4 Haz volver nuestra cautividad, oh Jehová, Como los arroyos del Neguev.

Haced volver a nuestros cautivos como poderosos arroyos que, crecidos por las lluvias invernales, descienden para fertilizar el desierto seco y desolado.

Luego viene el pensamiento de los muchos desalientos y oposiciones que tuvieron que enfrentar: un tiempo de sembrar con  lágrimas.

Pero la fe podía provocar una cosecha gozosa.

Quien  que los había devuelto a su tierra, Dios,  ciertamente coronaría Su Obra con bendición.

 

v Entonces nuestra boca se llenará de risa…

 

Ellos celebraron la asombrosa Obra de Dios con risa y se rieron mucho, de modo que se les llenó la boca, y eso porque también sus corazones estaban llenos.

Este tipo de risa es la que manifiesta un  corazón liberado, este gozo pertenece a los cautivos que han sido libres.

Entre duras cadenas, yugos asfixiantes, con el duro peso del pecado, así nos encontrábamos, sin esperanza de salir de esa condición, pues no conocíamos al Dios Verdadero, ni al Cristo que salva.

Qué maravilloso fue le momento que se reveló a nuestra vida el maravilloso Plan de Dios para salvarnos y pudimos aceptarlo con todo nuestro corazón.

Fueron duros tiempos de aleccionamiento y llanto sin cesar, pero al reconocer nuestro pecado, la Sangre de Jesucristo nos limpió  y libertó de toda maldad.

Se rompieron las cadenas que nos esclavizaban, la libertad irrumpió en nuestra alma y no podíamos otra cosa que sentir gozo, ese gozo se manifestó en alegría, en una risa que no estaba solo en nuestra boca, está anclada en nuestra alma y nos invita a regocijarnos en Aquel que ha cambiado nuestra tristeza en alegría.

Jeremías 31:13Entonces la virgen se alegrará en la danza, los jóvenes y los viejos juntamente; y cambiaré su lloro en gozo, y los consolaré, y los alegraré de su dolor.

Hoy cantamos en libertad y alegría:  “Cambiaré mi tristeza, cambiare mi vergüenza, los entregaré por el gozo de Dios… Sí Señor, sí, sí, Señor.”

Salmos 30:11 Has cambiado mi lamento en baile; Desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría.

Ninguno de nosotros ante semejante posibilidad de libertad, elegiría volver a ser cautivo. 

 

v Y nuestra lengua de alabanzas...


Otra expresión del contentamiento que produce el salir del cautiverio es que quien ha sido libre no puede dejar de alabarle

Hebreos 13:15 Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre

El fruto de nuestros labios son las palabras que hablamos.

Nuestras palabras evidenciarán lo que hay en nuestro corazón.

Porque del corazón habla la boca. Si el fruto de nuestros labios confiesa el Nombre de Jesús, significará que estamos ofrendando a Dios, un sacrificio de alabanzas.

Cristo nos dio  libertad. Es el motivo de nuestra alabanza.

No podemos ver el corazón de los demás, pero podemos oír sus palabras; los demás no pueden ver nuestro corazón, pero pueden escuchar las expresiones que llenan nuestros labios.

Como Israel fue maravillado cuando Dios lo sacó de tremenda situación, para nosotros también era imposible ser liberados, pero  por Su Gracia, en Cristo, Dios nos redimió de la maldición del pecado y la muerte, nuestro corazón no puede más que saltar de gozo y alabarle en gratitud.

Gálatas 3:13 Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero),

Las palabras que manifestamos de nuestro Señor mostrarán, la gratitud que hay en nuestra alma

Si en nuestro corazón hay agradecimiento, nuestras palabras de gratitud a Dios se reflejarán como una alabanza a Su Nombre.

Una ofrenda a Dios por medio de Cristo.

Si en nuestro corazón hay temor y respeto, por el Espíritu de Dios que mora en nosotros, entonces nuestros labios evitarán la mentira, y las expresiones  vulgares, que incluyen frases de doble sentido; y en su lugar, las voces de nuestro corazón serán notas de alabanza a nuestro Salvador.


Como la adoración no es sólo cantar. Se nos invita a ofrendar alabanza a Dios cada vez que hablamos, confesando el Nombre de Jesús.

Una excelente expresión de adoración, es nuestra oración, en el Nombre de Jesús.

Cada vez que lo hacemos, en nuestras bocas hay fruto de labios que confiesan Su Nombre. Y esto se convierte en una forma de adorar, porque le dice a Dios que dependemos de Él en forma exclusiva, que todo lo que necesitamos está en Él, y podemos recibirlo en el Nombre de Jesús.

Nuestras palabras muestran la actitud de nuestro corazón.

Y el fruto de nuestros labios confesando a Cristo, mostrará la transformación de nuestras actitudes.

 

  • Amados debemos permanecer en la libertad con la que Cristo nos hizo libres

Gálatas 5:1 Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.

Por tanto, entendamos de qué hemos sido librados, y estemos firmes contra toda enseñanza que nos quiera privar de nuestra libertad.

Valoremos el precio que Jesucristo pagó para lograr nuestra libertad, y estemos firmes contra toda tentación a la soberbia y la confianza en la carne que pueda hacer nulo el Sacrificio de nuestro Salvador y Señor Jesucristo.
Reconozcamos las consecuencias insoportables de estar sin Cristo y sin la Gracia de Dios, y estemos resistiendo firmemente todo aquello que quiera provocar desobediencia y rebeldía para alejar nuestro corazón de Dios.

Juan 8:36 Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.